SOBRE EL ARQUEÓLOGO Y PERIODISTA JOSEP MASCARÓ PASARIUS

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María Vives Gomila

Profesora emérita de Psicología de la Universitat de Barcelona y escritora.

A medida que el editor del Diari de Menorca, Josep Pons Fraga, hace unas semanas en el Ateneu de Maó, iba desglosando la figura profesional y humana de Josep Mascaró Pasarius (1923 – 1996)[1] el paulatino desarrollo de su trayectoria, rica a tantos niveles, hizo que regresara en el tiempo hasta Mallorca, entre los  años 1972-1973 recordando la relación de este investigador con mi padre y su familia.

            Había llegado de Barcelona y pasaba una semana en Palma en torno a las vacaciones de Navidad o Pascua. Fue durante aquellos días cuando conocí a este arqueólogo al entrar por la puerta del primer piso, donde vivía en Palma la hermana de mi padre, en la calle Arturo Rizzi, 45, hoy Nuredduna. No era muy alto de estatura, moreno de piel, de pelo negro y una sonrisa franca y permanente. Era una persona muy agradable y convincente. Daba la impresión de ser más joven de la edad que le correspondía por nacimiento. Poseía un espíritu de lucha capaz de conseguir  sus objetivos, como lo fue demostrando, con creces, a lo largo de su vida.

            Todo en él inspiraba confianza y humanidad. Hablaba con mi padre de Menorca, de su trabajo, de los mapas que iba construyendo, paso a paso, de su isla, nuestra isla, también.

            Contaba cómo había ido elaborando el mapa de Menorca, descubriendo nuevas aldeas, pequeñas calas, a las que iba poniendo nombre. Su experiencia estaba llena de circunstancias muy diversas, orientadas a dar sentido a su vida, de la que apenas pude conocer una mínima parte.             Poner nombre a diferentes puntos del mapa de Menorca es una forma de crear, de dar entidad a personas, cosas -lugares naturales en su caso- y él ponía nombre a emplazamientos olvidados, puntos de referencia, más adelante significativos o situaba, sin saberlo, las bases arqueológicas para que quienes le sucedieran en sus investigaciones acabaran de configurar el mapa de Menorca y tantos otros del archipiélago balear.            Nos explicaba que no era un trabajo fácil, puesto que no siempre encontraba la colaboración necesaria para acceder a las propiedades y poder comprobar la situación exacta de aquella parte del territorio, que necesitaba conocer para trasladarlo al mapa, como punto visible, como topónimo.             Se presentó con un conjunto de mapas enrollados y aún traería algunos más. Estaba orgulloso de su trabajo. Más adelante, y coincidiendo con la época en la que mi padre era Presidente de la Casa de Menorca en Palma, le invitó a dar una conferencia sobre Menorca: “La Arqueología de Menorca y Mallorca, los principales monumentos megalíticos”…            Situó la isla en el mapa explicando los aspectos históricos -con las primeras invasiones, la invasión turca[2], las influencias inglesas y francesa- los aspectos geográficos -nuevas inscripciones de pequeñas calas, puntos olvidados de lugares y aldeas hasta ahora desconocidos-. Iba enriqueciendo su disertación con fotografías, diapositivas y mapas. Se centró en la riqueza arqueológica de Menorca, también en la de Mallorca.             La pasión por Menorca, que supo transmitir como buen comunicador que era, fue el hilo conductor de aquella tarde. Entusiasmó al auditorio, la mayoría eran menorquines, que supieron reconocer su exposición con un largo y cálido aplauso. Sabía emocionar y llegaba hasta el fondo de cada ser humano.

            Poco tiempo después, supe que había trasladado su despacho a la Plaza Garcia Orell, que une el final de la calle, denominada entonces Arturo Rizzi con el principio de la de Francisco Manuel de los Herreros, que vincula la anterior plaza de las Columnas a la de Pedro Garau.

            Por lo que oí y he ido leyendo sobre su vida[3], todo cuanto se  pueda decir de él es poco. Josep Mascaró Pasarius, como muy bien le iba describiendo el periodista y editor del Menorca en su conferencia del Ateneo, no sólo era arqueólogo, investigador, sino también historiador, cartógrafo, periodista, guionista y dotado de un largo etcétera de habilidades, que él supo encauzar poniéndolas al servicio de la historia del conocimiento y de la cultura de las islas, en especial, de Menorca.

            Su tarea merece, hoy, todo nuestro reconocimiento. En primer lugar, por haber abierto caminos a la configuración del mapa de Menorca y no sólo de las islas, sino también por haber contribuido, con sus aportaciones, a poner las bases, las primeras piedras para el actual reconocimiento de la UNESCO, que consideraba y declaraba, en su 45ª edición, a la Menorca talayótica, como patrimonio mundial de la humanidad.


[1] Mascaró Pasarius, el periodista total.

[2] Para filmar parte del programa, dedicado al ataque turco a Ciutadella, en 1558, viaja a Estambul. Grecia, Turquía, así como Siria, Ankara, islas griegas. Trabajaba a conciencia.

[3] La obra audiovisual de Mascaró Pasarius, que el mismo ponente presentó en Alaior sobre el autor.

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