Hablemos de comunicación: La interdisciplinariedad del proyecto de Teoría Crítica

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Dra Toñy Castillo

El proyecto original de Horkheimer aparece formulado, entre otras obras, en Teoría tradicional y teoría crítica y en Materialismo, metafísica y moral. Horkheimer no transformó sustancialmente el proyecto originario del Instituto para la Investigación Social. Pero sí que se puede decir, que la orientación predominantemente sociológica dio lugar a un enfoque más filosófico. Así una de las ideas centrales seguirá siendo la interdisciplinariedad. Si de transformar la sociedad se trata, si “introducir razón en el mundo” es uno de los objetivos de la escuela, un conocimiento lo más científico posible de la misma será una condición indispensable. Esta interdisciplinariedad se concretará en tres disciplinas fundamentales, que podrán verse complementadas por otras secundarias.

Así, en primer lugar, la sociología sigue siendo un instrumento indispensable. Esta ciencia, desarrollada desde presupuestos marxistas, deberá buscar líneas de investigación que muestre precisamente “lo otro” de la sociedad. Desde los presupuestos dialécticos asumidos con la escuela, totalizar un objeto de estudio tan complejo como la sociedad es falsearla. Por eso los proyectos concretos se centrarán en las formas de opresión o marginación presentes en la sociedad. Un buen ejemplo de todo esto lo podemos encontrar en los estudios sobre el antisemitismo llevados a cabo por Adorno y Horkheimer. Además de su valor sociológico, son una crónica excepcional de los mecanismos utilizados por el nacionalsocialismo en la construcción de un “sentimiento social” y de todo un sistema destinado a la marginación y exterminio de un grupo determinado. La sociología, por tanto, debe mantener la crítica de la sociedad. No es su función simplemente describir el todo social, sino precisamente impulsar su transformación al sacar a la luz lo que los instrumentos ideológicos pretenden esconder. Lo negativo de la sociedad deberá apuntar aquello que debe cambiar. Con el paso del tiempo, esta concepción de la sociología sería el centro de la llamada Disputa de la Sociología alemana, en la que la teoría crítica de los frankfurtianos (Adorno-Habermas) se enfrentó con el racionalismo crítico (K. Popper-H. Albert). Los puntos de vista de estos 4 autores aparece en un libro ya convertido en clásico: La disputa del positivismo en la sociología alemana.

Como complemento a esta perspectiva crítica de la sociedad, se hacía también necesario lograr una comprensión adecuada del individuo. Para ello, se tomó a Freud como referente y se encargó a Erich Fromm la tarea de armonizar las ideas esenciales del psicoanálisis con los presupuestos marxistas. La elección del psicoanálisis no fue, a este respecto, casual. Si una de las críticas más importantes del marxismo denunciaba la alienación que sufría el proletario dentro de las sociedades capitalistas, el psicoanálisis también apuntaba la función represiva de la sociedad sobe los impulsos del individuo. El psicoanálisis y el marxismo se complementaban a nivel teórico en su dimensión crítica, tal y como supieron ver los frankfurtianos. Con todo, ambos pensamientos eran también divergentes, y estas diferencias fueron las que, con el tiempo, provocaron la salida de Fromm del Instituto para la Investigación Social. La interpretación de Fromm, influida quizás por prejuicios de tipo religioso o moral, restaba importancia a conceptos como el de libido y presentaba una visión del psicoanálisis que a los ojos del resto de frankfurtianos no era fiel a los textos de Freud, por lo que Horkheimer y Adorno se fueron distanciando de Fromm. Para ellos, el potencial crítico del psicoanálisis había sido sustituido por una divagación cuyos resultados no eran nada claros.

Con la psicología y la sociología, se había logrado una visión adecuada del individuo y la sociedad. Sin embargo, era necesario encontrar una forma de enlazar ambas perspectivas, encontrando algún objeto de estudio en el que individuo y sociedad interactuaran. Tal y como aparece en el proyecto de Horkheimer, esta ciencia debía ser la economía, disciplina en la que los frankfurtianos contaban con la colaboración de Friedrich Pollock. En la economía individuo y sociedad establecen relaciones entre sí, de modo que es un lugar idóneo para estudiar las relaciones entre ambos. El individuo influye en la sociedad a través de la economía, y a la vez la sociedad afecta a la vida de los individuos también por medio de la economía, por lo que su estudio completa este proyecto interdisciplinar que animó a los frankfurtianos desde el principio.

Aunque las tres disciplinas de las que hemos hablado son el hilo conductor de la Teoría Crítica , tal y como la entiende Horkheimer, no se puede olvidar que se abre también la posibilidad de que intervengan otros enfoques que siempre pueden servir como complemento. Así, los tratados teológicos de P. Tillich, o los estudios musicales de Adorno, eran también incluidos dentro de este proyecto. De hecho, el IIS siempre estuvo abierto a la participación de más autores, entre los que cabe destacar, por citar un solo ejemplo, a Walter Benjamin, cuyos estudios sobre estética y sobre filosofía de la historia ejercieron una influencia notable sobre el pensamiento de Adorno. Junto a la interdisciplinariedad hay que destacar también dos características fundamentales: la reflexividad del pensamiento y su dimensión crítica. El pensamiento debe nacer, a ojos de Horkheimer, a partir de las contradicciones de la realidad, desde todo aquello que nos hace pensar una sociedad distinta. El materialismo del que hablan los frankfurtianos no es, ni mucho menos, una teoría física sino sociológica. La sociedad misma señala los temas y las líneas de investigación en aquello que reprime, en aquello que silencia, y una sociología a la altura de su tiempo debe atender precisamente a estos mecanismos de dominación de la sociedad, para rescatar la verdad de lo que oculta. Por eso, el pensamiento debe ser crítico y reflexivo. Crítico no como negación directa de la realidad, sino como renuncia a una aceptación irreflexiva de la realidad (social) tal y como se nos presenta. La crítica parte siempre de una sencilla proposición: “otra sociedad es posible”. Sólo en la medida en que es crítico puede el pensamiento también ser reflexivo. Sólo naciendo de la injusticia misma puede llegar a modificarla, a transformarla, superando así la dicotomía teoría-práctica. Un pensamiento materialista y práctico no es una pura especulación teórica, sino una actividad de tipo práctico que contribuye también al progreso de la sociedad. El “télos” (fin) emancipatorio heredado del marxismo continúa en el pensamiento de los frankfurtianos plenamente vigente.

Este proyecto fue prácticamente abortado desde su nacimiento. La actividad de los miembros del Instituto era cada vez más vigilada, y, como ya hemos comentado, sus miembros se vieron obligados a exiliarse. Esta situación política llevó a la desesperación a los frankfurtianos, que veían una y otra vez cómo la realidad se burlaba de sus aspiraciones teóricas, de modo que la transformación esperada de la sociedad no llegaba, sino que, muy al contrario, se iba afianzando el horror y la persecución.

La experiencia vital e histórica de los miembros de la Escuela de Frankfurt provocó un giro en su pensamiento. La barbarie sistemática y racionalmente organizada les hizo desconfiar de la capacidad del hombre (y especialmente de su tan elogiada razón) para lograr construir sociedades justas e igualitarias. El proyecto de la Teoría crítica se ve suplantado por un escepticismo y un alto grado de pesimismo, que se ven reflejados en una de las obras más comentadas de Adorno y Horkheimer: Dialéctica de la Ilustración (DI). La idea central de esta obra es sencilla: la Ilustración esconde dentro de sí los momentos de explotación y horror que se han ido desplegando a lo largo de la Historia. La DI no representa sólo una renuncia a ese pensamiento reflexivo y práctico, sino que además es una crítica devastadora a la razón occidental. El mito tiene algo de ilustrado, y la Ilustración tiene también un componente mitológico. Pretender deslindar ambas dimensiones es, sencillamente, ingenuo. La afirmación ilustrada de la razón lleva aparejada la destrucción y la instrumentalización del ser humano, por lo que confiar en la razón, antes o después, vuelve a conducirnos al exterminio, a la masacre.

Este giro se reflejó en Adorno y en Horkheimer de dos modos bien diferenciados: mientras Adorno se centraba en sus intereses por la estética y se refugiaba en el arte en su huida de la racionalidad, Horkheimer se volvía a sus lecturas de juventud (entre las que frecuentó a Schopenhauer ) y recuperaba igualmente el valor positivo de la religión que aprendiera dentro de su familia. Arte y religión como dos esferas no estrictamente racionales desde las que aún era posible la crítica. “Pesimista teórico, pero optimista práctico”. Así se definía Horkheimer que encontraba en la crítica el único imperativo moral del intelectual, la única vía de escape, y la única construcción racional que no corría el peligro de totalizarse, de convertirse en un dogma. Esta crítica radical al logocentrismo occidental se reflejó en obras como Crítica de la razón instrumental, A la búsqueda de sentido, Ocaso (Horkheimer) o Teoría estética, Mínima moralia, y Dialéctica negativa (Adorno). Para ambos autores pensar después de Auschwitz tiene que ser pensar al margen de la razón instrumental, pero también al margen de una razón objetiva que corre el peligro de solidificarse o de convertirse en metafísica (en el sentido peyorativo de la palabra). Por eso el arte y la religión vienen a ocupar un lugar tan importante en su pensamiento.

Considerar la técnica o la tecnología como factor de cambio social ha llevado a un debate acerca de qué es lo que determina a qué: la tecnología a la sociedad o la sociedad a la tecnología. Muchos teóricos han sugerido que esta es una forma incorrecta de plantear el problema, pero el debate ha seguido. Los que defienden la influencia de la tecnología en la sociedad hablan de impacto, como si la tecnología impactase a la sociedad desde afuera, como si se tratase de un meteorito, en fin, como si la tecnología existiese por fuera de la sociedad. Este es el punto de partida para el determinismo tecnológico, de cuyos laberintos es difícil escapar cuando la tecnología se impone con discursos que generan fascinación y se retroalimentan de las representaciones materiales del progreso. De todas las tecnologías existentes se ha hablado de impacto social, en particular, desde los inventos claves para la industrialización como la máquina de vapor, el telar mecánico y luego el ferrocarril.

Los ludditas llegaron a destruir máquinas al considerarlas fuente de desempleo y pobreza; la literatura y el cine de ciencia ficción han continuado alimentando esas representaciones fatalistas. Al aparecer las nuevas tecnologías de información y comunicación, tanto las asociaciones optimistas de los artefactos con la idea de progreso como las consideraciones fatalistas han resurgido. Y no es fácil escapar a ello. La tendencia contraria al determinismo tecnológico es precisamente aquella que postula una consideración social de la tecnología. Ya no se habla de efectos o impactos de determinadas tecnologías sino de elaboraciones y construcciones sociales, las tecnologías son cristalizaciones de relaciones sociales y por tanto, no existen necesariamente determinaciones sino procesos de construcción social de las tecnologías. En las ciencias sociales se ha asociado la obra de Karl Marx al determinismo tecnológico por considerar la maquinaria dentro de los medios de producción y la base económica y el peso de ésta en las relaciones sociales y la organización de la sociedad en clases.

Gran parte de esta interpretación depende de aspectos puntuales que los historiadores de la tecnología han observado minuciosamente, como se observa a continuación. Asimismo, ya más en relación con las tecnologías de la información y la comunicación, el determinismo tecnológico se ha asociado a autores como Harold Innis, Marshal Mc Luhan y la  escuela canadiense  al considerar las tecnologías de los medios de comunicación como determinantes de formas de percepción y sensibilidad en la historia humana, de acuerdo con lo cual habríamos superado la era de la escritura con los medios audiovisuales y estaríamos asistiendo a la era de la imagen. Autores como Wiebe Bijker y Trevor Pynch han defendido la idea de que la tecnología hace parte de las relaciones sociales y en múltiples estudios han mostrado cómo la tecnología es una construcción social. Algunos han llegado a objetar que no todo es relación social, ironizando con expresiones como ¿construcción social de qué?

Lo cierto es que un buen balance del debate lleva a concluir que tecnología y sociedad no son categorías excluyentes, que hay influjos bidireccionales y que en algunos casos se pueden mostrar incidencias sociales de la tecnología, no necesariamente impactos o efectos, y, por otro lado, también puede demostrarse que los usos sociales han terminado determinando la misma dirección de la tecnología.

Aunque seguramente pueden encontrarse múltiples fuentes para el debate sobre el determinismo tecnológico, los historiadores de la tecnología coinciden en la obra de Karl Marx como la inspiradora de las más encontradas interpretaciones históricas y sociológicas respecto al papel de la tecnología como factor de cambio social. El hecho de que Marx nunca utilizó el término tecnología y más bien se refirió a maquinaria, medios materiales de producción e industria; todos ellos asociados con lo que hoy se entiende por tecnología

Otras perspectivas sobre la influencia de la tecnología en la sociedad moderna suelen asociarse con posiciones de determinismo tecnológico. La más radical es la de Jacques Ellul para quien la tecnología va más allá de la técnica y constituye la dominación de la vida por los criterios de la lógica y la eficiencia: «La eficiencia y la técnica como sustitutos de las normas y juicios cargados de valor, conducen a la sociedad tecnológica».La noción de tecnología de Ellul aparece dotada de un inmenso poder de determinación hasta convertirse en fuente autónoma, sin embargo, habría que recordar que la lógica y la eficiencia son procedimientos y valoraciones humanos, y no hacen parte directa de los artefactos tecnológicos. En un sentido similar, las tesis de autores como Jurgen Habermas y

Herbert Marcuse parecieran ser deterministas, en el caso de Marcuse cuando éste destaca la vida unidimensional del hombre contemporáneo fruto de la racionalidad tecnológica, y en el caso de Habermas, dada su afirmación sobre la dependencia excesiva de criterios de eficiencia y productividad en la vida moderna capitalista. Los argumentos de Habermas son el reduccionismo ético que funciona de manera independiente de los contextos generales de la ética y la política, una racionalidad instrumental impulsada por el subsistema social de los tecnólogos y una sensación de aquiescencia total dado que pareciera que la sociedad entera asume como propios los criterios de los tecnólogos. Al respecto Bimber subraya que la dependencia señalada por Habermas es de normas, creaciones humanas, y no de la propia tecnología: «Habermas sugiere que la tecnología puede considerarse autónoma y determinista cuando las normas mediante las cuales progresa se eliminan del discurso político y ético y cuando los objetivos de la eficiencia y la productividad se convierten en sustitutos de los debates sobre los métodos, las alternativas, los medios y los fines basados en valores». Tanto las orientaciones radicales de Ellul, como las consideraciones de Marcuse y Habermas sobre la ideología y la racionalidad tecnológica son explicaciones no deterministas.

Otra perspectiva que puede dar lugar a determinismo tecnológico es la planteada por Langdom Winner en su obra Tecnología autónoma. Según Winner, la tecnología parece haber desarrollado mecanismos propios que escapan al control humano y generan sensaciones de incertidumbre y riesgo. Bimber denomina esta perspectiva como explicación por consecuencias imprevistas, ya que su fundamento radica en la incapacidad de prever y controlar los resultados del desarrollo tecnológico.

La perspectiva de la construcción social y el marco tecnológico Una orientación contraria a la perspectiva determinista la han desarrollado Wiebe Bijker y Trevor Pinch, y la denominan construcción social. Esta supone que las fuerzas sociales y culturales determinan el cambio técnico. En un trabajo bastante especializado, Bijker desarrolla el concepto marco tecnológico para fundamentar la visión de la construcción social.

El pesimismo cultural y su reenvío al determinismo tecnológico El desencanto por el proyecto del progreso, en realidad, no sería tanto si no se compartiera implícitamente el ímpetu que generó la difusión de los ideales ilustrados utilizados hábilmente por las élites de tecnócratas.En los años sesenta esta forma de desaliento se convirtió, por la vía de algunos filósofos, en el pesimismo posmoderno. Tras el romance histórico del progreso, se produce un desencanto que cobra ribetes de tragicomedia posmoderna. En el posmodernismo hay una crítica fuerte del relato moderno del progreso y ello redunda en cierto fatalismo. Sin embargo, ello coincide con el surgimiento de tesis sobre la sociedad del conocimiento, la sociedad de los micropoderes y el fin de las ideologías. En todos estos discursos de carácter posmoderno, la tecnología sigue siendo abstracta, indescifrable y elusiva al control humano, similar a la figura del Gran Hermano en la novela 1984 de Georges Orwell o en la obra literaria de Aldous Huxley sobre la distopía Un mundo feliz. Sin embargo, en la perspectiva de Leo Marx, ello es más evidente entre los autores considerados posmodernos como Michel Foucault o Jacques Derrida. La noción de poder en Foucault es la ubicuidad, el poder es dinámico y fluido y está en todas partes. Las redes que funcionan mediante los conceptos intermedios como el de impulso tecnológico ayudan a precisar la real dimensión de las mutuas determinaciones

Para concluir citaré  A Humberto Eco y Paul Lazarsfeld en sus  puntos de vista en relación a los medios de comunicación

Umberto Eco

Este autor desarrolla más ampliamente la semiología

1.-la vida de los signos en el seno de la vida social

2.-La semiótica, se ha de estudiar como un fenómeno de comunicación.

La semiótica pretende demostrar que, hay sistemas constantes que permanecen ocultos.

La estructura es un modelo construido en virtud de operaciones simplificadoras que permiten unificar diversos bajo un único punto de vista.

Las unidades de análisis del mensaje pueden ser todo el mensaje de cualquier medio.

Las denotaciones de la imagen surgen de la descripción de aquellos objetos o personas que están presentes.

Las connotaciones son las ideas que surgen a partir de lo observado.

Ejemplo:

Dentro de la publicidad los comerciales están lleno de signos que llegan al subconsciente de quien lo esta viendo u observando por ejemplo en donde mas se encuentra este tipo de signos es en los comerciales de perfumes. Como el de la marca Stefano que a cuadro solo se ve el frasco del perfume sobre un fondo negro mientras que una voz sensual repite el nombre del perfume hasta que este cae y se vacía, es una relación sexual.

Punto de Vista:

Dentro del mundo de la música y la publicidad la comunicación esta llena de signos por lo que el estudio de la semiótica es muy importante para conocer más a fondo los mensajes que se están enviado al receptor. Umberto Eco es el estudioso más importante de la semiología y las características da gran importancia para el estudio de la publicidad.

Paul Lazarsfeld

Para este autor los medios de comunicación resumen dos grandes funciones y una disfunción:

a).- Función de Conferir Prestigio

b).- Función de Reforzar las Normas Sociales

c).- Disfunción Narcotizante:

Por otro lado este autor tiene las siguientes apreciaciones a cerca de los medios de comunicación:

1.- Los medios de comunicación representan un nuevo tipo de control social.

2.- Los medios de comunicación son los causantes del conformismo de las masas.

3.- Los medios de comunicación deterioran el nivel de la cultura popular.

Por otra parte Lazarsfeld habla sobre los líderes de opinión:

1.- Ocupan posiciones en la comunidad consideradas como adecuadas.

2.- Son personas accesibles y gregarias.

3.- Tienen contacto con la información proveniente del exterior.

4.- Están bajo influencia de los medios apropiados.

En contraposición de los líderes están sus seguidores que tienen las siguientes características:

1.- Tienden a sostener discusiones principalmente con otros que comparten sus mismas opiniones.

2.- Quienes se interesan demasiado por un tema, discuten más y sus opiniones son mas firmes.

Ejemplo:

“ Toda noción debe ser contemplada como un fragmento de una verdad que lo involucra todo y en la cual la noción alcanza su verdadero significado. Ir construyendo la verdad a partir de tales fragmentos constituye precisamente la tarea más urgente de la filosofía.” Max Horkheimer

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