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Últimamente hemos sido testigos de cómo se han disparado los contagios por el COVID derivados de la falta de conciencia por parte de la gente joven en guardar las mínimas medidas de seguridad. Afortunadamente este grupo de jóvenes son una minoría. Esta minoría ha mostrado una total falta de responsabilidad frente a los riesgos de contagio de la pandemia. Por suerte la mayoría de la gente joven se han tomado con responsabilidad seguir las pautas de protección. El problema es que los jóvenes que sí respetan las normas y tienen claro que todos los derechos conllevan una responsabilidad, no salen en los medios de comunicación. Parece que las buenas noticias no son noticias que deban ser resaltadas y publicadas. Lo que nos han enseñado los medios de comunicación han sido macro concentraciones de jóvenes que hacían botellón, sin mantener distancia ni mascarillas. La gravedad del botellón va más allá de la COVID. La legislación española prohíbe la venta de alcohol a menores de 16 años. En la práctica el consumo puede empezar a los 12 años, con un incremento importante del consumo a edades más jóvenes. Un problema añadido es cuando la ingesta de alcohol se da en chicas. Debido a que la mujer produce menos alcohol-deshidrogenasa que el hombre, la eliminación del alcohol en la mujer es más lenta, por lo que a la misma cantidad de alcohol, afectará a las chicas de forma más negativa y grave que si esa misma cantidad la consumen chicos. Estamos hablando de un factor de riesgo alto y preocupante, porque últimamente se ha observado un incremento importante de consumo de alcohol en las mujeres menores de edad. No solamente se trata  del consumo de alcohol, sino que en las concentraciones de botellón también se produce el consumo de diferentes tóxicos, lo que conlleva un alto riesgo de terminar desarrollando, en los jóvenes, conductas adictivas de difícil resolución, debido principalmente, porque el inicio del consumo se da cada vez más en edades más tempranas.

A finales de junio, se confinaron a 249 jóvenes en el Hotel Palma Bellver de Palma de Mallorca, a raíz de un macro brote de COVID. Palma de Mallorca es un destino muy solicitado para la celebración de los viajes de fin de curso. Este año estudiantes de once comunidades se dieron cita en las islas. La falta de seguimiento de las normas mínimas para prevenir el COVID dio lugar a que se produjera un brote muy importante de contagios de COVID. La actitud de los jóvenes confinados en el Hotel Palma Bellver ha impactado en todos los medios de comunicación porque mostraron una conducta totalmente irresponsable y alejada tanto de la realidad como de los riesgos del COVID. Pancartas reclamando libertad, quejas sobre la comida que les daban, uso de bebidas alcohólicas de alta graduación (la mayoría eran menores de edad), conductas incívicas en relación con el resto de las personas alojadas en el hotel, música a todo volumen, etc. Lo que más sorprendió es el hecho de que parecía que ese grupo de jóvenes estaban fuera de la realidad del COVID. Su forma de actuar llevaba a pensar que o bien no se habían enterado de que el COVID puede ser mortal o sí lo sabían,  pero creían, dentro de un pensamiento de tipo mágico,  que a ellos no les iba a afectar por ser jóvenes. No todos los que estaban en el hotel se portaron igual. La consejera de Presidencia Balear Mercedes Garrido, en comparecencia parlamentaria, por un lado lamentó la actitud de algunos de estos jóvenes, pero que también alabó la responsabilidad de los 45 que decidieron quedarse en cuarentena frente a los 108 que abandonaron la isla en barco.

La conducta de estos jóvenes, organizando actos vandálicos en el hotel, parecería responde a una conducta que no tenía en cuenta la realidad en la que se encontraban inmersos. Esa falta de realidad quizás estaba ligada a que mayoritariamente los muertos por el COVID han sido personas mayores o de edad avanzada. Pero también nos sugiere que quizás ese tipo de conducta podía estar relacionada con perfiles de personalidad acostumbrados a tener una satisfacción inmediata de sus deseos y necesidades. Personalidades que no entienden que no todo se puede tener por el solo hecho de desearlo, sino que algunas veces hay que pararse a pensar y aceptar que las cosas no necesariamente siempre van a resolverse según nuestros deseos, sino que muchas veces la solución puede ser difícil y complicada. Es decir, ser realistas y moverse en el mundo real, no en el mundo feliz mágico de una infancia sin problemas ni obligaciones.

La carta de los derechos del niño nos habla de la importancia de tener en cuenta el interés superior del menor. Se puede interpretar con dar de todo al niño o a la niña, sin límites, no sea que les frustremos. Pero si hablamos del interés superior del menor, ese dar todo sin límites, es decir no enseñar que toda conducta conlleva una responsabilidad, es una forma de maltrato muy importante. Maltrato porque estamos creando en el imaginario del hijo o la hija que es omnipotente alejado de la realidad y no preparándole para los diferentes devenires, positivos y negativos,  con los que va a encontrarse a lo largo de su vida. Esa falta de responsabilidad genera en algunos jóvenes el creerse que tienen patente de corso . Patente de corso era la patente de navegación que se concedía a un barco para ser pirata, por lo que podía hacer y deshacer lo que quisiera y no iba a ser penado por ello. La expresión patente de corso se aplica normalmente a una persona cuando actúa con total desprecio a los derechos de los otros y no espera ser sancionado por su conducta. Es una responsabilidad de los padres dar amor a los hijos, pero permitir todo sin poner límites no es dar amor sino desamor. Difícilmente un niño o una niña van a poder adquirir: empatía (capacidad de ponerse en el lugar del otro sin confundirse), asertividad (capacidad de decir si cuando quieren decir si y decir no cuando quieren decir no) y función reflexiva (poder pararse a pensar antes de actuar, respetando al otro), es decir los elementos básico de socialización y respeto hacia uno mismo y los otros. En caso de no poder desarrollar estos factores van a tener muchos problemas tanto en relación con el grupo de iguales, pareja, familia, trabajo, etc..

Como decíamos, a lo largo de la vida vamos a tener que bregar con diferentes situaciones, algunas más difíciles que otras, pero a las que debemos tener la capacidad de poder responder. La familia es la pieza fundamental para dar a los hijos e hijas los elementos para que puedan desarrollar su personalidad y expectativas de futuro. La escuela tiene un papel en la educación de los niños y niñas, pero donde verdaderamente se forjan las personalidades es dentro del núcleo familiar. La parentalidad positiva es la mejor forma de dar la mano a los hijos e hijas, enseñándoles a andar para que puedan recorrer positiva y responsablemente solos su propio camino.

Podemos entender que la juventud tiene ganas de divertirse. Todos, adultos y jóvenes,  tiene ganas de pasárselo bien y no estar confinados en un hotel. La pregunta que nos hacemos es si por el hecho de ser joven también hay derecho a tener patente de corso. Es decir, darles todos los derechos, pero sin tener en cuenta que todas las acciones tienen consecuencias y responsabilidades.

Dra. Carme Tello Casany

Psicóloga clínica

Presidenta de la Associació Catalana per la Infància Maltractada ACIM

Presidenta de la Federación de Asociaciones para la Prevención del Maltrato Infantil FAPMI

 

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