El libro que quería ser escrito por Emi Zanón

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La Residencia de Libros por Nacer, la Prenatal como la llamaban sus ocupantes, bullía en plena actividad, aunque era algo habitual en ella, miríadas de argumentos buscaban autor, mientras legiones de escritores los miraban encandilados esperando la inspiración que les conduciría a la gloria.

A cualquier hora, allí siempre era de día, podían verse pasar tramas, ensayos, tesis, artículos, novelas, dramas y cualquier tipo de comunicación susceptible de ser un escrita, mostrándose seductores como si de modelos se tratara. Lucían en una pasarela sin fin, como un inmenso circo romano, o como un carrusel de recogida de equipajes aeroportuarios, como preferían describirla los más prosaicos, de dimensiones inabarcables. Allí podía encontrarse cualquier idea que mereciera escribirse. En locales adyacentes aunque exentos estaban los universos de las artes plásticas y de la música.

(A esa pasarela, los humanos que llegan a conocerla, la llaman inspiración y quedan prendados por cuanto en ella acontece, al saberse tocados por Calíope o cualquier otra musa. Allí esperan hallar el Quijote que los sacará del anonimato).

La formación en que discurrían los textos era heterogénea y junto a un tratado de física cuántica podía verse una novela de gánsteres. La inspiración no discriminaba en absoluto. Las ideas solo entrarán en clasificaciones y competencias cuando lleguen a ser libros, cuando estén en manos humanas. A partir de ese encuentro, los arquetipos se transformarán en objetos comerciales. Antes, aun siendo diferentes, nada daba pie para que se las clasificara por categorías, se juzgaran sus cualidades o se disputaran el segmento de compradores.

El cambio tenía lugar en el preciso instante en que algún humano se sentía inspirado, entonces, automáticamente, la idea pasaba de desconocida a ser maravillosa, inmejorable, simplemente porque ya tenía un autor que así lo afirmaba. Era pues la inspiración percibida el acto constitutivo de esa calidad que le permitiría entrar en pugna con las demás. La adquisición infunde carácter y este convierte la nueva propiedad en poco menos que divina a ojos del propietario. La obra será la mejor, la más original, la más genial… Otra cosa será lo que piensen los demás autores. Los únicos árbitros que se respetarán son, a corto plazo, el mercado y, más tarde, la historia.

Humanizadas las obras, a partir de ese momento el ensayo mirará con displicencia a la novela, esta no querrá que la roce el cuento, que, a su vez, no querrá compartir estante con el haiku.

La claridad de día perpetuo en la Residencia se vio velada por algo, la actividad cesó repentinamente, todo quedó paralizado como las gotas de lluvia en un cristal cuando esta cesa. Una quietud helada. Uno de los arquetipos había sufrido y su dolor se contagiaba a todos los demás.

«Duelo al atardecer» que, al ver entrar en la Prenatal a Emi Zanón, se había despedido, muy alborozado, de sus colegas, ahora volvía sin que la escritora lo hubiera visto siquiera.

—¿Pero que ha sido esta vez? —preguntó «Comentarios al libro de Job», el decano del lugar.

—Pues lo de siempre, que está empeñado en que Emi Zanón lo escriba y a ella las novelas del oeste…, como que no. Pero a «Duelo»  no hay quien se lo haga comprender.

—¿Dónde está ahora?

—Se ha ido a llorar con las novelas románticas.

—¿Cuándo comprenderá que la Zanón, como ha dejado bien claro, «Solo escribo si es algo que me gusta a mí». Anda dile a «Duelo» que venga a mi anaquel, a ver qué puedo hacer por él.

«Duelo al atardecer» trató de mostrarse sereno al llegar al estante rotulado «Novedades que no llegaron a serlo», aunque el temblor de sus párrafos mostraba la congoja que lo atribulaba.

—Con la cantidad de autores que te escribirían de mil amores, has tenido que buscar precisamente a esa autora que es tan independiente. Además sabemos que no le gusta que se lo den hecho, lo tiene dicho: «No planteo o planifico nada con antelación. Empiezo movida por el entusiasmo de una idea que me ha venido, la cual, a veces, ya tiene un escenario, un personaje, y todo lo demás, va surgiendo y tomando forma». Y tú vienes todo de una pieza y prefabricado.

—Pero también ha dicho que: «No planifico los sentimientos que quiero despertar en el lector, simplemente, me dejo llevar por lo que surge, y sí, despierta en mí emociones y sentimientos». Solo trato de despertarle emociones, sentimientos…

—¡Pero hombre de dios! ¿Qué sentimientos le despertarás tú, cargado con pistolas y ese olor a boñiga de caballo? Tus únicas emociones es matar dos personajes por página.

—Acuérdate de lo que vendían las novelas del oeste en los cincuenta…

—A Emi no la emocionarás con las ventas, a ella si no la publicaran «Me desmotivaría el hecho de no poder compartir, por supuesto. No obstante, seguiría escribiendo cada vez que experimentara esa fuerza interior que me lleva a ello».

—¿Acaso esa novela exótica y a medio acabar que guarda en el cajón es mejor que yo? Yo soy…

—Alto ahí «Duelo», estás a punto de vulnerar una regla esencial y puede suponerte el exilio al estante de los impublicables. ¿Lo recuerdas verdad?

—Perdona «Comentarios»…, es que soy mu temperamental, no quería hacer comparaciones… Solo quiero ser para ella como su «Metacuentos», aunque ese solo sea un libro de relatos.

—Eso también roza a la comparación, te estás jugando el futuro.

—Perdona «Comentarios», pero es que hoy estoy fuera de mí…, estoy perdiendo el argumento.

—Tú, como cualquiera de nosotros, conoces el contenido del resto de tus compañeros y, por tanto sabes que Emi Zanón, cierra «Metacuentos» con la cita de San Agustín «No aceptes nada si no lo has encontrado dentro de ti. No vayas hacia afuera; ve hacia adentro; en el interior del hombre habita la verdad». ¿Eso no te da una pista de por qué no puedes ser obra suya?

—Quiero convencerla de que su autoría me haría algo más…, más…, ¿cómo te diría yo? Más delicado, más moral, más espiritual.

—Alguien que, como Emi, expresa en su libro «La voz blanca» algo tan etéreo como «Bondad, belleza, inocencia… Humildad, sinceridad, honestidad… Señales indiscutibles de la sabiduría». ¿Crees que tendrá interés en espiritualizar una ensalada de disparos de ciento cincuenta páginas?

—Es que si me escribiera ella cambiarían las cosas, estoy seguro de que su pluma, tan delicada, tan espiritual modificaría mi contenido…

—¿Cómo quieres que te acepte, si tú mismo te avergüenzas de tu propio ser?

—No sé porque no nos permiten que elijamos a nuestros autores.

—Eso no es cierto, Emi no tuvo inconveniente en afirmarlo: «Cuando empiezo a escribir es porque me ha venido una idea, a veces el principio, otras principio y final, otra porque la historia me ha elegido a mí, como «Yámana, Tierra del Fuego… No planifico nada de antemano, voy escribiendo, un capítulo me lleva a otro y voy investigando sobre la marcha». No estáis en la misma onda.

—Quizá soy demasiado sencillo para una pluma tan rígida como la suya.

—No conoces a quien pretendes que sea tu autora, a este paso vas a estar aquí más tiempo que yo. —«Comentarios» es de la época del libro que comenta y ha sido periódicamente rechazado desde Moisés a nuestros días—. Si en lugar de acecharla la escucharas sabrías que ella solo escribe cuando y lo que le apetece «Cuando escribo es porque me lo pide el cuerpo, y cuando estoy en el proceso creativo, me absorbe tanto que no tengo horas, escribo hasta que no me fluyen las palabas. Mientras, en mi mente, va creciendo la historia. Y, no. No soy de los escritores que todos los días tienen que escribir algo». Es una escritora que no tiene inconveniente en modificar la trama para dar cabida a algún personaje de última hora: «Hay veces que empiezo a escribir un capítulo con una idea y los personajes me llevan, y no solo ellos, por otros derroteros. Me dejo fluir bastante. Ni me lo planteo. Todo surge de manera natural». Además, ella se mueve en un círculo muy cerrado: «Cuando termino una obra, nunca antes, la doy a leer a mi hija (antes, también a mi marido) que es muy crítica, y tengo en cuenta sus comentarios. Después, y hasta hace muy poco, una amiga me hacía una corrección ortotipográfica, y de ahí ya a enviar a concursos, publicar, etc.». Con esos antecedentes comprenderás que, por mucho que la asedies, no vas a resultarle más atractivo, así que déjala en paz y hazte visible al resto de autores o te quedarás de muestra, como yo.

—Pero es que no puedo arriesgarme a que me vea otro autor y le guste…, entonces debería dejar de pensar en ella como autora.

—Lo que no comprendo es esa fijación tuya en que sea Emi quien te escriba, hay un montón de autores en dique seco, que no te harían ascos si te les insinuaras. ¿Hay algo que yo no sepa en la escritura de Emi?

—Veras… aunque lo parezca, no es ninguna tontería. No quiero que te rías. Emi consiguió, con su primera novela «Su último viaje», ser finalista del Premio de Novela Fernando Lara del 2009, (publicada por Araña Editorial y seleccionada para el proyecto internacional «Primitivismo Femenino»).

—Sí, todo eso ya lo sé, pero no responde a mi pregunta.

—Déjame acabar y lo comprenderás: recientemente con «Las cinco estaciones de Vivaldi» resultó finalista del XXXVI Premio de Novela Felipe Trigo de 2016. Estoy convencido de que si se decide a escribirme y me presenta a un concurso obtendremos el premio. ¡A la tercera va la vencida!

—Pero también ha escrito otras novelas, o sea que tú ya no serías la tercera. O no recuerdas “Yámana, Tierra del Fuego” publicada, como «Las cinco estaciones de Vivaldi» por editorial Sargantana, y que esta última fue también finalista de los XL Premios de la Crítica Valenciana.

»Por cierto, ¿tú te ves compartiendo estante con Yámana? ¿Tú crees  que de la mano que ha salido un relato apasionante, sencillo y profundo como ese podría salir el tiroteo que eres tú? Es más, también es la autora de una novela juvenil «La hierba azul Calíope» de NPQ Editores (2018), o sea que eso de que a la tercera…, nada de nada. Pero no te enfurruñes, el mundo no se acaba en Emi. No estáis hechos para encontraros. Anda date una vuelta, pero sin velos, por el paseo de los autores y verás como más pronto que tarde acabas siendo escrita.

—Creo que tienes razón «Comentarios», aunque me duela admitirlo: ella está muy alejada de la idea que soy yo, además con eso de la Nueva Consciencia, en que anda enredada, tiene poco que decir en una novela del Oeste.

—Aparte de su militancia o no en esa corriente, debes comprender que su estilo literario es muy distinto, incompatible contigo. Son muchos años de Emi en la literatura y muchos los galardones logrados: ha sido finalista del V Certamen Maratón de Microrrelatos de Valencia con La Frontera (2018) y finalista del VII con «Homo» (2022), antologado en «La Llum busca el pinzell i la ploma».  Su microrrelato «¿Qué es humanizarte?» ha sido incluido en la antología   «El arte del microrrelato», de Editorial Contrabando de 2016. Es autora, también, de «Dayal, miradas al interior» de 2010, que anda por su segunda edición; del libro de aforismos, reflexiones y poemas de la naturaleza y místicos «La voz blanca» de 2012.). Compartió autoría con Clive Carthew en la comedia «Pitos y gritos» que fue estrenada por Plateateatro en 2014. Ha colaborado en el libro «125 Aniversario del C.I.M. La Armónica de Buñol” (2014).

»Por otra parte Emi es comunicadora de la Nueva Consciencia/Nuevo Paradigma desde el año 2001, e imparte charlas y conferencias. Colabora en diversos medios de comunicación, bien a través de artículos mensuales en la prensa escrita (“Tú mismo”, “Así es Buñol”, “Hoy un click”) o en programas de radio: “Nueva Consciencia” en Radio Buñol; ha colaborado en “Radio Euskadi”, “Sirena Cope” y “esRadio”).

»En la primavera de 2017, fue la autora invitada en el VIII Festival de Cultura Hispánica “Cinespañol” en Periguéux (Dordoña) Francia. Y su obra literaria es conocida y apreciada en México a cuya XXXIII Feria del Libro  de Guadalajara (Jalisco) fue invitada y asistió.

—Sí, y ahora recuerdo algo que ella dijo: «Utilizo los textos para transmitir mi visión del mundo, que pasa por darle a la vida un sentido trascendental. En ese sentido, va dirigido a todos los lectores que se acerquen a mi obra». Creo que lo mejor será hacerte caso, desprenderme del velo con el que quería permanecer visible solo a la mirada de Emi y salir en busca de autor. Alguno querrá escribir una truculenta, sangrienta y maloliente novela del oeste, siempre será mejor que quedarme acartonado como tú «Comentarios».

—Veo que mis apostillas no te han sentado demasiado bien, pero, si me permites, y dada tu afición a Emi Zanón, te recomendaría que siguieras alguna de las conferencias que da sobre la Nueva Consciencia, te ayudarían a convivir con alguien más que con tu espejo, e incluso con él.

—Mira quien fue a hablar, alguien que no aguanta una broma. Se te ha enranciado el sentido del humor o ¿cuándo tu naciste no había de eso? Ambos deberíamos haber imitado a Emi: «Cuando era una niña no tenía ni idea de cómo era el mundo. Sencillamente, vivía, era feliz, y alegre, muy alegre. Hoy, a pesar de todo, sigo siéndolo»

Se escuchó el fuerte crujido de un acople, la actividad volvió al mundo de las ideas, todo volvía a encajar, todo funcionaba de nuevo, ningún paradigma sufría. Los arquetipos volvieron a exhibirse buscando autor entre los que esperaban sin haberse percatado de la interrupción.

«Duelo al atardecer» encontró un autor que lo apreciaba y su novela inspiró una superproducción cinematográfica.

Emí Zanón salió de la Prenatal con algunos microrrelatos nuevos y  la tercera parte de lo que con «Su último viaje» y «Las cinco estaciones de Vivaldi» constituiría  su trilogía. Estén atentos a su aparición.

Alberto Giménez Prieto

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