Crónica de las Torres de Serranos – A TODA COSTA:
Francisco Ponce Carrasco recorre la historia de las Torres de Serranos, desde su construcción medieval hasta su uso como cárcel, refugio de obras de arte y escenario de la Crida de las Fallas.

Hay monumentos que parecen construidos para la eternidad
Se levantaron entre 1392 y 1398, cuando València vivía uno de sus grandes momentos de prosperidad, bajo la dirección del maestro Pere Balaguer.
La puerta protegía el acceso septentrional de la ciudad y recibía a quienes llegaban por los caminos procedentes de Aragón y de la comarca de Los Serranos. De ahí, muy probablemente, su nombre.
Balaguer no se limitó a poner dos torres y una puerta, como quien coloca dos sujeta libros y viajó para estudiar otras construcciones góticas
El resultado fue monumental: dos grandes torres poligonales unidas por un cuerpo central, con un arco de entrada y una decoración escultórica que pretendía dejar claro al visitante que València tenía poder, dinero y bastante interés en que nadie entrase sin permiso.
Pero las Torres de Serranos tuvieron una doble personalidad. Eran fortaleza, sí, pero también escenario. Durante siglos acogieron ceremonias y entradas solemnes de reyes de la Corona de Aragón. Por sus inmediaciones pasaba la historia con capa, caballo y séquito; y las torres, desde arriba, contemplaban el espectáculo con la tranquilidad de quien sabe que ha sido construido en piedra.

Luego llegó el siglo XVI y la vida cambió de tono. En 1586, tras el incendio de la prisión de la Casa de la Ciudad, las torres se convirtieron en cárcel para nobles y caballeros. Es una de esas ironías que tanto gustan a la historia: una puerta concebida para controlar quién entraba en València terminó dedicada a controlar quién no podía salir. Permanecieron como prisión hasta 1887.
Cuando en 1865 se decidió derribar la muralla medieval de València, las Torres de Serranos quedaron en pie porque su función penitenciaria las había separado, en cierto modo, del destino del resto de la fortificación.
El siglo XX tampoco les concedió vacaciones. Durante la Guerra Civil española, las Torres de Serranos fueron utilizadas como depósito para proteger obras evacuadas del Museo del Prado. Las robustas bóvedas medievales pasaron así de custodiar soldados y prisioneros a custodiar cuadros. No es mal cambio de oficio. En 1931 fueron declaradas Monumento Nacional.
Hoy siguen siendo puerta, mirador, monumento y protagonista festiva: cada último domingo de febrero sirven de escenario para la Crida, el llamamiento que anuncia el comienzo de las Fallas.
Así que las Torres de Serranos han ejercido de fortaleza, puerta triunfal, cárcel, almacén de obras de arte y balcón de las Fallas. Han visto entrar reyes, salir presos y llegar generaciones enteras de valencianos.
Y siguen ahí, imperturbables. En València, donde todo atesora una gran historia.
Francisco Ponce Carrasco

Un buen artículo.