MIRADA AL PASADO – Garcilaso, Príncipe de la Poesía Castellana
José María Escribano Muñoz recorre la vida y la obra de **Garcilaso de la Vega**, figura esencial del Renacimiento y uno de los grandes renovadores de la poesía castellana.

Garcilaso de la Vega (Museo del Prado)
Garcilaso de la Vega es la pieza clave en la estructura de la poesía castellana, siendo el primero que supo recoger tanto la métrica como la naturalidad de los poetas italianos, adaptándolos al género en lengua castellana.
Garcilaso es un hombre escapado del Renacimiento, destacando por su gran preparación académica, desde muy niño educado al amparo de la corte castellana, con una formación llamada a ocupar altos puestos de responsabilidad. Solo tenemos que pensar que, casi sin abandonar la adolescencia, ya estaba al lado del emperador Carlos V, sobre todo por su conocimiento de las lenguas más importantes del momento, en ese momento.
En la personalidad de Garcilaso se da la circunstancia, coincidente con otros intelectuales de su tiempo, por un lado un hombre de armas y, por otro, una persona de la cultura, dejando un legado que, a pesar de su muerte prematura, sentó las bases, como así lo reconocen sus sucesores, de unas técnicas en la poesía imprescindibles, de las que bebieron poetas posteriores a él, pero en las que se apoyan también los actuales.
Como todas las personalidades, Garcilaso tuvo también su padrino y apoyo inicial; este fue el poeta y Caballero Don Juan Boscán. Entre ambos surge una profunda amistad, hasta el punto de ser su guía en cuanto a la necesidad de contactar con los poetas italianos del momento. Pero no fue menor el protagonismo que tuvo Ana Girón de Rebolledo, esposa de Juan Boscán, en cuanto al desarrollo de la carrera poética, tanto de su marido Juan como en la de Garcilaso; sin embargo, aquí vemos una vez más cómo su condición de mujer pasó de manera injusta casi desapercibida por los historiadores.

Sin el trabajo de Ana Viuda de Juan Boscán no habría sido posible que la obras de ambos poetas hubiesen llegado al conocimiento que, afortunadamente, hoy tenemos. Ella es la artífice de las primeras ediciones conjuntas de Juan Boscán y de Garcilaso de la Vega, dos poetas ligados como almas gemelas, que no se puede entender el uno sin el otro.
Es muy difícil, en el ámbito de la literatura, encontrar tanta unanimidad como la que recibe Garcilaso. Desde los poetas del Siglo de Oro, pasando por Don Miguel de Cervantes, hasta recientes como Antonio Machado, Rafael Alberti, Luis Cernuda y una larga lista que sería interminable, coinciden en la importancia de Garcilaso en la poesía actual.

Antecedentes:
Garcilaso de la Vega nace en la ciudad de Toledo; existen dudas sobre la fecha exacta de su nacimiento, que van desde el 1491 al 1503 (si bien yo creo, por documentos posteriores, en actos de guerra, que la fecha más fiable se establece en el año 1501).

Viene al mundo en el seno de una familia de la alta aristocracia; pero un hecho luctuoso, como fue la muerte de sus padre, cuando Garcilaso contaba con unos pocos años, este suceso influyó de forma determinante en su futuro; a falta de la figura paterna, Garcilaso es educado en la Corte Castellana.
Ya desde muy niño muestra unas capacidades intelectuales que los responsables de educarle ven en él la posibilidad de ser útil a la corona, mostrando gran facilidad en el aprendizaje de las lenguas.
En el año 1519 conoce al que sería su gran amigo, el Caballero Juan Boscán, la persona que, sin duda, influyó de forma determinante por el aprecio de la lírica del valenciano, que marcaría con posterioridad toda su obra.
En el año 1520, Garcilaso entra a servir al rey Carlos I de Castilla en calidad de Contino Real; su conocimiento de idiomas como el griego, latín, italiano y francés, sin duda, fueron determinantes en la elección real. Su formación también abarcó el mundo de las artes, destacando en la esgrima y en la música, siendo un buen instrumentista con la cítara, el arpa y el laúd.
En el año 1523, Garcilaso es nombrado por el rey Carlos I miembro de la Orden de Santiago y Gentilhombre de la Casa de Borgoña, Organización al servicio de la Corona que, junto a la Casa de Castilla, reunía a las personas más influyentes cercanas al rey. Garcilaso fue armado Caballero de la Orden de Santiago el 11 de noviembre del año 1523, en la iglesia de San Agustín de Pamplona.
Garcilaso, dada su educación desde la infancia, estaba predestinado a ser un hombre de armas. Sus relaciones con personajes importantes dentro de la corona le facilitaron que participase en diferentes enfrentamientos bélicos, incluso junto al Emperador Carlos V.
Garcilaso estuvo muy unido a la Casa de Alba, íntimo amigo de Fernando Álvarez de Pimentel, que sería más tarde Duque de Alba (que en ese momento contaba con tan solo dieciséis años).
Hombre de armas:
Los datos que implican a Garcilaso en diferentes campañas bélicas muestran una gran actividad. Un ejemplo es la participación en la Guerra de las Comunidades de Castilla, siendo apresado en la batalla de Olías del Rey; también participó en el cerco de Toledo.
A finales del año 1522, se embarca junto a Juan Boscán y Pedro de Toledo, futuro Virrey de Nápoles, en una expedición de socorro para impedir la caída de Rodas, que terminarían conquistando los turcos. En esta acción, Garcilaso resulta herido de gravedad.

Diversos documentos citan a Garcilaso acompañando a Carlos I en la campaña contra el reino de Navarra, por tierras de Burgos, Logroño, Pamplona y Fuenterrabía, participando en el cerco de esta última plaza fuerte.
Desavenencias con el emperador Carlos V:
Garcilaso, tras participar en la liberación de Viena, en el año 1531, la ciudad austriaca se encontraba asediada por Solimán. En ese momento es desterrado por orden del emperador a una isla en el río Danubio. El delito de que se acusaba fue haber participado como testigo en una boda desaprobada por el emperador Carlos V. Gracias a la amistad que le unía a personajes importantes en la corona, consiguió que la pena se relajase.
En el año 1535 le es levantado el destierro de forma oficial, de forma interesada, ya que el propio emperador no podía prescindir de una persona como Garcilaso, conocedor de varias lenguas, necesitándolo como traductor; contando con él en la expedición a Túnez y más tarde a la Provenza.
El poeta Fernando de Herrera nos hace de cronista, describiendo la acción bélica que costó la vida a Garcilaso: «Yendo de Poniente a Levante —prosigue el poeta—, en una torre que allí estaba ocupada por cincuenta villanos franceses, los más de ellos arcabuceros, que no querían rendir…».
—Prosigue el poeta—: «Abierta ya una brecha en la fortaleza de Muey, la conquista se demoraba. Y ante la impotencia del emperador, Garcilaso se lanzó sin casco ni coraza a una de las escalas. Derribado por una gran piedra, fue llevado a Niza, donde murió el 13 o 14 de octubre de 1536».

La obra poética de Garcilaso:
La obra de Garcilaso de la Vega no la entenderíamos sin la apertura del desbroce del camino llevado a cabo por su amigo Juan Boscán. No es menos cierto que la formación de Garcilaso fue determinante a la hora de establecer una técnica que, para otros, no hubiera sido fácil.
Garcilaso, poeta auténtico, fue el que otorgó carta de naturaleza al endecasílabo y que fijó con su visión personal establecer normas de los nuevos metros en la poesía castellana.
Garcilaso desarrolla su obra en época imperial; su figura encaja perfectamente como la del hombre del Renacimiento.
Su matrimonio con Elena de Zúñiga en el año 1525, en ese momento Garcilaso cuenta con tan solo veinte años, este enlace no ayudó a su creación poética, ya que ella no apreciaba este género literario.
Su obra se encuentra estrechamente marcada por su estancia en Nápoles, pero sobre todo por su encuentro con los principales poetas italianos, entre otros Tasso, Bembo y Tansillo. Durante este tiempo es cuando Garcilaso fortalece su clasicismo, ya aprendido con los humanistas castellanos en la corte; en ese momento es cuando descubre a Virgilio y Bucólicas, a Ovidio y sus Metamorfosis y a Horacio y sus Odas, sin olvidar a otros autores griegos que llamaron su interés y le llevaron a ser estudiados.
La obra poética de Garcilaso no es muy extensa; pero, si tenemos en cuenta lo prematuro de su muerte, es fácil imaginar lo que este poeta hubiese dejado como herencia a las futuras generaciones.
El conocimiento de su obra se la debemos a la viuda de Juan Boscán, que en el año 1542 publica «Antes de tiempo y casi flor cortada». Una recopilación de la obra de Garcilaso, junto a la de Juan Boscán, una edición que adquirió rápida fama.
Garcilaso de la Vega, antes de finalizar el siglo XVI, ya era tenido como uno de los clásicos. A las tres Églogas, sus poemas mejores, se suman cuarenta sonetos, cinco canciones, una oda en liras, dos elegías, una epístola a Boscán, ocho coplas castellanas, glosadas en verso octosilábico, y tres odas y un epigrama en latín, todo ello articulado en torno al amor del poeta por Isabel Freire, la ninfa Elisa, pues la vena del sentimiento se arropa con los vestidos y las normas supuestas por el género de una Arcadia pastoril que había inventado el italiano Sannazaro.

Análisis de la obra de Garcilaso:
Bajo el ambiente pastoril, la poesía de Garcilaso mantiene una constante pasión por el humanismo, una pasión bañada por la melancolía y asentada en el sentido clásico de la mesura. La emoción amorosa de Garcilaso la personifica en la figura de los dos pastores, Salicio y Nemoroso (Égloga I), describiéndolo a la perfección entre… «Corrientes aguas, puras, cristalinas; / árboles que os estáis mirando en ellas, / verde prado de fresca sombra lleno, / aves que aquí sembráis vuestras querellas». Para terminar pensando, movido por el ansia y ante la muerte de la amada, en un cielo poético donde los amantes vuelven a encontrarse. La misma emoción amorosa como refleja la Égloga II, donde otro pastor, Albanio, también llora desdenes. En la tercera pierde profundidad humana, lo que gana en perfección estilística.
Los sonetos no poseen el pálpito emocional de las églogas, aunque algunos, bañados por la melancolía platónica, sean de lo más perfecto y luminoso; entre estos se hallan: «A Dafne ya los brazos crecían», relacionado con un pasaje de la Égloga III, en que presenta con sentido dinámico la transformación de Dafne en árbol; «Oh dulces prendas por mi mal halladas», «Estoy con tino en lágrimas bañado», «En tanto que de rosa y azucena», de una blandura tan cristalina como no ha vuelto a producir el idioma castellano; «Mario, el ingrato amor, como testigo», dirigido a su amigo Mario Galeota tras la batalla de la Goleta, donde Garcilaso fue herido en boca y brazo; más que las heridas duele el amor desdeñado, la ausencia de la amada, el frío puñal del desamor que le hace clamar en un aullido su morboso deseo de atesorar dolor, como hiciera en aquel pasaje de la Égloga II:
«No me podrán quitar el dolorido
sentir si ya del todo
primero no me quitan el sentido».
Entre las canciones, la más famosa es la «Canción dirigida la flor de Gnido», hermosa dama de ese barrio napolitano que desdeñaba los amores de su amigo Galeota y cuyo primer verso dice así… «Si de mi baja lira», ha servido para dar nombre a un tipo estrófico, la lira, que alcanzaría su mayor grado de perfección en manos de Fray Luis de León y San Juan de la Cruz.
En cuanto a la lengua y estilo, Garcilaso resulta paradójico, porque su arte, culto, elegante y cortesano, es a la vez sencillo y extremadamente claro; no busca el engolamiento, huyendo de la retórica, pero selecciona con sumo cuidado los vocablos y su ordenación, suprime las cláusulas y así su verso gana en tersura y sobriedad. Y es él quien aclimata y fija de manera definitiva para la lírica en lengua castellana tipos estróficos como la canción, el soneto, el terceto y la lira, permitiendo que la poesía de raigambre italiana cobre carta de naturaleza en suelo español.
Conclusiones:
Hablando de Garcilaso de la Vega, no podemos concluir mejor que con la consideración y el agradecimiento que todos los poetas, a través de los siglos, han venido reconociendo al mérito de este insigne adelantado…
Como muestra vemos que, desde los poetas del Siglo de Oro a Rafael Alberti con su «Elegía a Garcilaso» («Si Garcilaso volviera, / yo sería su escudero: / qué buen caballero era…»), o el propio Miguel Hernández en su «Égloga a Garcilaso» («Un claro caballero de rocío / un pastor un guerrero de relente, / eterno es bajo el Tajo; bajo el río / de bronce decidido y transparente…»).
Luis Cernuda fue otro en valorar a Garcilaso, dedicándole un profundo ensayo y su conocida «Égloga, elegía, oda».
Don Miguel de Cervantes Saavedra le consideró como el modelo perfecto de poeta, expresándolo en varias de sus obras, entre otras, «La Galatea y los trabajos de Persiles y Segismunda».
Garcilaso es un icono dentro de la poesía en lengua castellana que se debería divulgar con mayor difusión entre nuestros educandos…

