Portada » EL EFECTO GIROSCOPIO
Person_holding_book_near_sea_20261002171331

Es difícil centrarse en el análisis de determinados temas -de cualquier tema-, cuando el mundo, cual gigantesco giroscopio, cambia de forma vertiginosa y a peor. Este hecho nos lleva a la siguiente dicotomía: ¿cómo seguir manteniendo la esperanza en un futuro tan poco esperanzador cuando pensamos en esta ciudad mediterránea, recientemente invadida y observamos cómo se ha visto alterado su bienestar en materia de seguridad, economía y en su perspectiva de futuro?        

Lo más trágico es constatar cómo una situación que se habría podido evitar o controlar de otra manera desde un principio, está perjudicando gravemente la estabilidad de sus ciudadanos.

Esta invasión, junto con la alteración de las condiciones de vida de quienes viven en esta franja abierta al mar -como es Ceuta, hasta hoy tranquila y acogedora-, me ha recordado la que ha sufrido la franja de otra  ciudad, Gaza, que ha visto naufragar su libertad y su convivencia mantenida durante años.

Ceuta, igual que Gaza, sufre una “tragedia de fronteras”: lugares donde una parte del mundo se rompe, donde las vidas se tuercen porque los límites no se respetan. De otra parte, no hay duda que esta falta de libertad exterior repercute en otro tipo de libertad a la que se han visto sometidos sus habitantes.

También se ha resquebrajado su línea evolutiva, ahora interrumpida y no solo entre los más pequeños. En los jóvenes se interrumpe su evolución ordenada, se ha fragmentado el espejo en el que unos y otros se miraban para crecer, porque los mayores también sienten su identidad resquebrajada. Lo peor es sentir que sus peticiones caen en saco roto y que su familia gubernamental, por la circunstancia que sea, no reacciona con la agilidad esperada a la necesidad de recuperar cuanto antes la normalidad perdida.

Esta situación compleja y variada para los ceutíes, que han visto cómo cambiaba su vida de manera vertiginosa, me ha hecho pensar en la obra de Rachid Benzine: El llibreter de Gaza y en su protagonista, Nabil Al-Jàbir.

En esta obra, todo empieza cuando Julien, un fotógrafo francés cruza las calles de uno de los barrios menos castigados de la franja, entra en una librería -si es que puede llamarse así- donde descubre un aparador lleno de libros y a Nabil entre ellos. Cuando el objetivo de Julien enfoca al librero, este se lo impide y lo invita a tomar un te. Le dice que no lo conoce de nada y que antes de fotografiarle en su librería, es mejor que conozca su historia: “Cuando sepa quién soy, un hombre con una identidad que he podido preservar gracias a los libros, ya me hará la fotografía”. Enfocar su objetivo no es lo mismo que atrapar un instante de mi vida. Y Julien acepta el café con dátiles que Rachid le ofrecerá al día siguiente.

De este modo, va mostrando al fotógrafo su identidad. Es hijo de un árabe y una cristiana, nace y crece entre cambios de territorio y luchas entre judíos y árabes. El dolor iba vaciando todo lo que constituía la intimidad de su familia, pero, a partir del día en que su barrio es atacado como represalia por la muerte de un grupo de judíos en una refinería, se inicia su éxodo, yendo de de Bàlad al Xaikh a Nazareth y de allí a los campos de refugiados de Jericó y Jabalia y, en consecuencia, condenados a viajar sin otro objetivo que el de sobrevivir y alejarse de la muerte.

Los israelitas toman el control del campo de Jabalia y establecen el dominio militar de la franja. Así va transcurriendo la vida de Rachid entre ataques, huídas y la búsqueda de nuevos asentamientos con su familia hasta que es encarcelado, donde se convierte en un devorador de libros y en un buen transmisor de sus contenidos.

Llega un momento en que el librero necesita entender su sufrimiento y el de los otros; uno de sus puntos de referencia será El libro de Job, que alguien había puesto en sus manos para encontrar respuestas y entender este dolor compartido. Job, aquel hombre a quien Dios pone a prueba, pierde todo lo que tenía y se queda solo entre las ruinas de su vida.

Pero “Job era algo más que una figura bíblica, o un personaje literario, era un reflejo de su propia vida, del dolor interminable de su situación, de la indigencia sin fin, de estar lanzados a la desolación como única compañía”. No entendían nada y como Job, la pregunta era: “¿por qué? ¿Qué habían hecho para ser arrastrados como paja por el viento”?

Nabil, gracias a los libros -y había leído muchos-, pudo sobrevivir a una vida muy dura entre los campos de refugiados y mantener su identidad sin perder de vista quien era. La única diferencia es que su vida empieza en 1948 y ahora estamos en en el año 2026 y nos encontramos en el otro extremo de Gaza

A pesar del tiempo y la distancia, también en el Mediterráneo se ha generado una tragedia de fronteras. Las personas que viven en Ceuta habrán de aprender a preservar su identidad y a mantenerse fuertes ante una situación en la que deberán continuar siendo un espejo para los suyos, salvaguardando esta libertad interior y superando unas barreras externas que todavía hoy son tan visibles.

Rachid Benzine (2026). El llibreter de Gaza. Barcelona: Navona.   

Maria Vives Gomila, Profesora emérita de Psicología. Universitat de Barcelona y escritora.

What do you feel about this?

Deja un comentario