MUJERES ESPAÑOLAS: GUERRERAS Y CONQUISTADORAS (3)
Diego Nieto Marcó rescata la figura de Inés de Suárez, una de las mujeres españolas más extraordinarias de la conquista de América, protagonista de la tercera entrega de «Mujeres españolas: Guerreras y conquistadoras».

Recordemos ahora a una mujer que, durante la expansión por América en el siglo XVI, no sólo no desempeñó el papel de sirvienta, como había sido registrada, sino el de combatiente.
Se trata de Inés de Suárez, o Inés Suárez, mujer atrevida, difícil, acaso reprobable, siempre un paso al frente de lo que se esperaba, ha sido personaje de una novela histórica muy popular en nuestros días.
Nacida en Plasencia alrededor de 1507, en 1526 (diecinueve años) su abuelo concertó su matrimonio con Juan de Málaga, hecho fundamental en su vida porque al año siguiente él, en busca de fortuna, se embarcó como soldado rumbo a América y allí desapareció.
En 1537, seguramente ya harta de esperar y ni noticias (paciencia tuvo para esperar esos diez años), decide ir tras su marido, y al llegar al Perú se entera de su muerte en la batalla de Las Salinas entre las fuerzas de Francisco Pizarro y Diego de Almagro. Según algunas fuentes, por ser viuda de militar recibe una parcela en Cuzco, donde se radica, y una encomienda de indígenas, o sea un grupo de indígenas que trabajaban para ella y ella a su vez debía mantener y evangelizar.

Esa encomienda resultó ser vecina a la de don Pedro de Valdivia: el encuentro fue inevitable, y la atracción mutua parece que fulminante. Comienzan una relación estable, y sin lugar a dudas íntima porque él decide llevarla con su ejército hacia el sur, Chile. Para guardar las formas (él estaba casado en España), Valdivia declara que ella, diez años más joven, lo acompaña en calidad de “sirvienta”, aunque en Cuzco se sabía que había algo más que “servir” entre ellos.
La distancia por tierra de Cuzco a lo que hoy es Santiago de Chile es de unos 3.000 kilómetros por valles, montañas, desiertos, el famoso de Atacama, que alcanza los 4.000 metros de altura sobre el nivel del mar, lo que lo hace el más seco y frío del planeta. Viajaban en llama, mula y caballo. Ponte en su lugar: las laderas de Los Andes empujándote hacia abajo, la corriente de los ríos (fuerte por la montaña) intentando arrastrarte a ti y a tu montura, la sequedad del desierto acumulándose en tu garganta, el puma rondando la noche en busca de su suerte. Un viaje atroz.

De Cuzco salieron sólo once españoles, Inés Suárez incluida, acompañados por algunos indígenas yanaconas, y en Tarapacá se les unieron españoles de otras expediciones, con lo que sumaron unos ciento cincuenta.
Soportando cansancio… frío… calor… hambre… sed, que ellos, tal vez más predispuestos al sacrificio, sobrellevaran mejor que uno de nosotros hoy en día, arribaron al valle del río Mapocho en diciembre de 1540, o sea al cabo de once meses de padecimiento. Allí, Valdivia, el 14 de febrero de 1541, decidió fundar Santiago del Nuevo Extremo, hoy Santiago de Chile.
Inés de Suárez, ya activa durante el viaje, especialmente para encontrar agua, en Atacama o Antofagasta, participa en esa fundación y su posterior desarrollo, sobre todo como enfermera. Cuando en septiembre comenzó el acoso mapuche y su posterior ataque a la incipiente ciudad no sólo se dedicó a atender heridos y llevar agua y víveres, sino que tomó decisiones importantes incluyendo algunas que mejoraron la defensa. Se ganó la confianza de los soldados por su valentía, por su liderazgo, por sus arengas. Incluso con actitudes que hoy en día condenaríamos: estando ausente Valdivia, arrasada la ciudad, acorralados los supervivientes en un pucará (fortificación quechua) en lo alto del cerro Blanco, con sus propias manos decapitó a Quillicanta y al resto de prisioneros y arrojó sus cabezas sobre los mapuches, que huyeron despavoridos (fuente: Jerónimo de Vivar, Crónica y relación copiosa y verdadera de los reinos de Chile; Pedro Mariño de Lobera también lo atestigua en su Crónica del Reino de Chile).

Después de la batalla y de la decisión de reconstruir Santiago, Valdivia le concedió encomiendas y la calificó como hijadalgo (hidalga) y persona de honra.
Sin embargo, la compenetración Inés de Suárez-Pedro de Valdivia estaba predestinada a un final que ni uno ni otro deseaba. A él se le requirió en Lima para dar explicaciones sobre su relación “amancebada” con esa Inés, y se le ordenó ponerle fin. Se le plantearon tres opciones: enviarla a España, traerla a Lima, permaneciendo él en Chile, o casarla con un hombre de verdad casadero. Tanto don Pedro como doña Inés prefirieron la última opción y en 1548, a los cuarenta y un años, ella contrajo matrimonio con un amigo de Valdivia, Rodrigo de Quiroga, cinco años menor que ella.
Tanto Inés como Rodrigo murieron en 1580. Fueron más de treinta años de unión que dio sus frutos, no en hijos, que no tuvieron, sino en riquezas, parte de las cuales emplearon en fundaciones piadosas a favor de la Orden de la Merced y en la construcción de una ermita en la zona norte de la ciudad.
La historia de Inés de Suárez no sólo es un reflejo de la participación activa de la mujer en la conquista de América sino también de la violencia a la que podía llegar si se veía obligada por las circunstancias. La mujer no se quedaba atrás: era, como hoy, una cuestión de individualidades.
Las mujeres guerreras son incontables, no sólo en España sino en todos los feudos o naciones o tribus (no importa la organización social). La gran diferencia con el hombre la expusimos en la primera parte: con algunas excepciones, ellas no comenzaban una contienda, la terminaban.
Un aspecto que se debe tener en cuenta de esta época (siglos XI-XVI), es la escasez de pruebas históricas, o sea documentos escritos, salvo crónicas, y por lo tanto el conocimiento es transmitido por vía oral y eso, hoy día, se ve como leyenda (no mito). En la leyenda entra en juego no sólo lo que pasó sino lo que se creyó que pasó y, sobre todo, lo que se deseó que pasara, lo que refleja, en este caso, el deseo de las poblaciones de tener mujeres dispuestas a la acción.
Nota: Al no haber ilustraciones de esta época, éstas, con el fin de hacer el texto más visual, han sido realizadas con I.A. o proceden de Creative Commons.
Próxima entrega: Mujeres Españolas: Guerreras y Conquistadoras (4)
Isabel Barreto de Castro
La Primera Almirante

