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ÍTRABO EN TRES VOCES

José Escriba homenajea en «Ítrabo en tres voces» a El Cujón, Chorrojumo y Marcelino, tres hijos ilustres que llevaron la cultura, la memoria y el nombre de Ítrabo más allá de sus fronteras.

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El Cujón, Marcelino Arellano y Chorrojumo

Ítrabo alza su voz entre montañas,
con luz de siglos, fuentes y olivares;
su nombre va cruzando los lugares,
llevado por tres almas soberanas.

Tres hijos de sus calles y sus fuentes,
tres formas de elevar su noble historia,
tres ramas que engrandecen su memoria,
tres voces para siempre florecientes.

Granada Costa escucha sus latidos,
recoge sus recuerdos y sus huellas;
y enciende, como lámparas y estrellas,
los nombres por el tiempo oscurecidos.

El Proyecto de Cultura los proclama,
los lleva por sus libros y jornadas;
rescata sus historias olvidadas
y aviva con orgullo aquella llama.

Siempre que la ocasión abrió el camino,
Granada Costa alzó su voz sincera,
rindiendo una memoria duradera
al hijo que nació suelo itrabeño.

El Cujón fue la fragua y la guitarra,
el golpe del martillo vuelto cante,
la voz de un pueblo humilde y palpitante
que en cada nota su verdad desgarra.

Reunió bajo su techo la alegría,
el baile, la zambra y el lamento;
y dio forma, compás y sentimiento
al fuego que Granada ya sentía.

Su humilde fragua fue templo del arte,
refugio del flamenco y su grandeza;
allí nació una firme fortaleza
que nadie con los siglos pudo apartar.

Antes que el Sacromonte al mundo entero
mostrase sus zambras y su encanto,
un hijo de Ítrabo elevó su canto
y abrió para el flamenco aquel sendero.

Granada Costa ha honrado su memoria,
contando su trabajo y su firmeza;
devolviendo a su nombre la grandeza
que debe conservar nuestra historia.

Chorrojumo fue estampa y fue leyenda,
señor de los caminos granadinos;
su imagen recorrió muchos destinos,
llevando su raíz como una ofrenda.

Con su catite erguido ante la Alhambra,
contaba antiguas fábulas y amores;
posaba para artistas y pintores,
mientras Granada en su mirada alumbra.

Se proclamó monarca entre viajeros,
no por corona, cetro ni linaje,
sino por la grandeza del personaje
que abrió la puerta a sueños extranjeros.

Su rostro atravesó mares y fronteras,
quedó sobre postales retratado;
y el nombre de Granada fue llevado
por tierras muy lejanas y extranjeras.

Pero junto a Granada iba su origen,
Ítrabo caminaba en su figura;
su pueblo respiraba en la hermosura
de aquella estampa que los siglos siguen.

Granada Costa vuelve a recordarlo,
le ofrece su palabra y homenaje;
recupera la verdad del personaje
y enseña a las generaciones a admirarlo.

Y Marcelino escribe la distancia,
la fuente, el campo, el pueblo y la vereda;
su verso vuelve siempre y siempre queda
unido a los recuerdos de la infancia.

Mallorca fue su puerto y su morada,
mas nunca fue su Ítrabo olvido;
el pueblo siempre estuvo recogido
en cada nueva página trazada.

Poeta de la paz y la memoria,
custodio de los nombres y paisajes,
ha convertido en libros los parajes
que forman de su pueblo toda historia.

Granada Costa ha sido su morada,
su casa de cultura y poesía;
con ella ha compartido cada día
la fuerza de una entrega prolongada.

Desde los años primeros del Proyecto,
Marcelino ha ofrecido su palabra;
y cada verso suyo siempre labra
un puente cultural noble y directo.

En páginas, encuentros y recitales,
en libros, homenajes y jornadas,
sus letras han quedado entrelazadas
al sueño de unos fines culturales.

El Proyecto le ha dado su homenaje,
su gratitud, sus premios y su abrazo;
y juntos han creado un firme lazo
que el tiempo fortalece en cada viaje.

Los tres salieron lejos de su tierra,
los tres llevaron Ítrabo consigo;
su nombre fue raíz, hogar y abrigo,
la luz que en cada corazón se encierra.

Uno elevó la zambra con su cante;
otro hizo de su imagen poesía;
el último escribió con valentía
la historia de su pueblo palpitante.

Tres tiempos enlazados por la vida,
tres hombres que engrandecen la cultura,
tres voces de una misma arquitectura,
tres frutos de una tierra agradecida.

Allá donde sus pasos han llegado,
Ítrabo fue con ellos de la mano;
su nombre, firme, noble y soberano,
quedó junto a la cultura proclamado.

Y allí estuvo Granada Costa entera,
cuidando cada nombre y cada huella;
haciendo de su historia viva estrella,
alzando su memoria por bandera.

Porque este gran Proyecto no abandona
a quienes con su arte dieron vida;
recoge la memoria compartida
y de respeto y gratitud la corona.

Que suenen la guitarra y el martillo,
que vuelva Chorrojumo a la vereda,
que el verso de Marcelino nos conceda
la luz que guarda Ítrabo en su brillo.

Que siga el gran Proyecto su camino,
llevando la cultura por el mundo;
con un trabajo noble y muy profundo,
honrando siempre al pueblo itrabeño.

Porque Ítrabo no acaba en sus caminos,
ni queda entre montañas encerrado:
sus hijos por el mundo lo han llevado,
sembrando la cultura en sus destinos.

El Cujón, Chorrojumo y Marcelino,
tres nombres que la historia ya reclama;
Granada Costa aviva aquella llama
que alumbra para siempre su camino.

Y mientras haya un libro y un poema,
un acto, un homenaje o una historia,
el Proyecto guardará su memoria
como su más hermoso y noble emblema.

José Escriba
Ciudadano del Mundo

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