LA LUNA ES MI COMPAÑERA
Poema de José Pérez sobre la soledad, la ausencia y el consuelo nocturno. En La luna es mi compañera, la luna aparece como testigo íntimo del dolor, la memoria y la esperanza.

La noche me aflige por tu ausencia,
refleja desde la distancia la soledad.
La Luna, protectora desde la niñez,
conoce el sentido de mi angustia.
Ella percibe la amargura
que llevo en el corazón,
comparte la pena que llevo dentro.
Sabe que mi alma está afligida
Mi voz rompe el silencio
por el dolor que me consume.
Grito abatido por el calvario
que me lleva a la desesperación.
La luna desde las sombras
se compadece del pesar
que está desgarrando mi alma.
Me observa y camina conmigo.
Esta noche mi alma arrastra el tormento,
la luna con sosiego ilumina mi cara.
Yo, quisiera chillar a los cuatro vientos
hoy no lloro, mi rostro está seco.
Pero las lágrimas brotan de mis ojos
deslizándose hasta la barbilla.
Dejan tatuada la tristeza
apagando la luz de la mirada.
Ella es el único testigo
del pesar que me consume por dentro
y cariñosa me susurra
“no abraces el aislamiento,
ni dilapides el tiempo con reproches,
busca en tu interior, sal de ese encierro”
Mírame, llevo una eternidad
vigilando la tierra,
soy testigo de cortejos y aflicciones
de sonrisas y abandonos.
Camino en solitario
para sobrellevar este suplicio.
Me rodean millones de estrellas
que velan el firmamento.
Ellas existen en distintos planetas,
yo soy la luz nocturna del tuyo
y para suavizar la ansiedad
giro y giro sin poder parar.
Al ver tanto sufrimiento
me corroe el desconsuelo.
Mis lágrimas son dragones plateados
que peregrinan por la inmensidad.
Al caer en la tierra
anuncian un amor sincero
descrito en forma de versos.
de ahí nació mi admiración por los poetas.
La luna calla,
vuelve el silencio,
llueven del cielo unas gotas de agua,
o quizás se haya escondido
y sean lágrimas de compasión.
La noche me abraza,
igual que mi madre de niño
cuando vigilaba la paz de mis sueños,
y era ella la que hablaba con la luna.

