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Entrevista a Mario Santiago Samaniego, Director, guionista, fotógrafo, productor audiovisual y autor de El Gato Negro

Entrevista de José Segura a Mario Santiago Samaniego, director, guionista, fotógrafo y autor de El Gato Negro, una obra noir que une cine, literatura, misterio, jazz, personajes heridos y estética de los años veinte.

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Mario Santiago Samaniego pertenece a esa generación de creadores que no entiende el arte como un único camino, sino como un territorio abierto donde conviven el cine, la fotografía, la escritura, el documental y la producción audiovisual. Director, guionista, fotógrafo, editor y fundador de Sant Productions, ha construido una trayectoria marcada por la inquietud creativa, el esfuerzo independiente y una mirada muy personal hacia el misterio, la imagen y la emoción.

En esta entrevista nos adentramos en su vida, en sus primeros recuerdos ligados al cine, en la influencia de Granada y Madrid, en sus trabajos más destacados y en el nacimiento de El Gato Negro, una obra de estética noir que ha supuesto un importante paso en su carrera como cineasta y escritor. Una conversación para conocer mejor al creador que hay detrás de las sombras, los personajes heridos, el jazz, los secretos y las historias que siguen buscando su lugar en la memoria del espectador.

  • Mario, para comenzar, ¿cómo se definiría usted ante quienes aún no conocen su trayectoria artística?

Me definiría como un narrador visual apasionado por contar historias a través de distintos lenguajes artísticos. Soy director de cine, camarógrafo, fotógrafo, editor y escritor, y desde muy joven he sentido la necesidad de transformar ideas, emociones y experiencias en proyectos audiovisuales que conecten con las personas.

A lo largo de mi trayectoria he desarrollado numerosos cortometrajes y proyectos culturales bajo el sello de Sant Productions, mi productora audiovisual. He tenido la fortuna de que algunos de estos trabajos hayan sido reconocidos en festivales y premios cinematográficos, lo que me ha permitido seguir creciendo profesionalmente y reafirmar mi compromiso con el arte y la creatividad.

Más allá de los reconocimientos, me considero una persona inquieta, constante y comprometida con la cultura. Siempre estoy buscando nuevas historias que contar, ya sea a través del cine, la fotografía, la literatura o el documental, porque creo que el arte tiene la capacidad de preservar la memoria, despertar emociones y generar reflexión.

  • ¿En qué momento de su vida sintió que el cine y la creación audiovisual iban a ocupar un lugar esencial en su camino?

El cine ha formado parte de mi vida desde que era niño. Recuerdo con mucho cariño cómo mis padres me llevaban cada fin de semana a los cines Kinepolis de Madrid. Allí descubrí mundos, personajes e historias que me fascinaban y que permanecían en mi mente mucho después de que terminara la película. Aquellas experiencias despertaron en mí una imaginación muy activa y una profunda admiración por el poder que tiene el cine para emocionar y transportar al espectador.

Sin embargo, el momento en el que comprendí que quería dedicarme a este camino llegó durante mi etapa en el instituto. Fue entonces cuando decidí estudiar Artes Escénicas y empecé a descubrir todo lo que ocurría detrás de una producción artística: la interpretación, la narrativa, la puesta en escena y la creación audiovisual. A medida que profundizaba en ese mundo, entendí que no solo quería disfrutar de las historias como espectador, sino también crearlas y compartirlas con los demás. Desde ese momento tuve claro que el cine no sería únicamente una afición, sino una parte esencial de mi vida y de mi futuro profesional.

  • Usted nace ligado a Granada y ha vivido también en Madrid. ¿Qué influencia han tenido estos lugares en su forma de mirar, crear y narrar historias?

Madrid y Granada han marcado etapas muy diferentes de mi vida, y ambas han influido de una manera importante en mi forma de entender la creación artística. En Madrid transcurrió gran parte de mi infancia. Fue una etapa de descubrimiento, de aprendizaje y de primeros contactos con el cine, especialmente a través de aquellas visitas familiares a las salas de cine que despertaron mi imaginación y mi interés por contar historias.

Sin embargo, fue al regresar a Granada, mi ciudad natal, con doce años cuando empecé a desarrollar una conexión más profunda con la cultura y el arte. Granada tiene algo difícil de describir: una mezcla de historia, tradición, diversidad y belleza que inspira constantemente. Sus calles, sus monumentos, sus leyendas y su ambiente cultural han ido alimentando mi creatividad con el paso de los años.

Creo que Granada ha encendido en mí una chispa artística muy especial. Es una ciudad que invita a observar, a reflexionar y a encontrar historias en cada rincón. Esa influencia está presente en muchos de mis proyectos y es una de las razones por las que intento que cada obra que realizo tenga más personalidad, más profundidad y más alma que la anterior.

  • ¿Recuerda cuál fue la primera película, escena o experiencia visual que le hizo pensar: “yo quiero dedicarme a esto”?

Sí, la recuerdo perfectamente. Según me cuenta mi madre, la primera película con la que me obsesioné fue Tarzán. La veía una y otra vez en VHS hasta el punto de sabérmela prácticamente de memoria. Algo parecido me ocurrió con El Rey León, otra de esas historias que marcaron mi infancia y despertaron en mí una fascinación enorme por el cine y por la capacidad que tienen las películas para emocionar y transportarte a otros mundos.

Aunque en aquel momento era demasiado pequeño para pensar en dedicarme profesionalmente a ello, creo que esas primeras experiencias fueron sembrando una pasión que no ha dejado de crecer con los años. Me fascinaban los personajes, las aventuras, la música y la sensación de vivir historias increíbles sin moverme del sofá.

Más adelante, cuando fui creciendo y empecé a descubrir otro tipo de cine, hubo una película que me impactó especialmente: El Padrino. Fue una de las primeras veces que entendí que el cine podía ser mucho más que entretenimiento. Me impresionó la profundidad de sus personajes, la elegancia de su narrativa, la construcción de la atmósfera y la manera en que contaba una historia tan compleja y humana. Ahí comencé a fijarme no solo en lo que sucedía en pantalla, sino también en cómo estaba contado.

Si tuviera que señalar un momento en el que realmente empecé a imaginarme dedicándome a esto, diría que fue la suma de todas esas experiencias. Primero la magia y la imaginación que me transmitieron películas como Tarzán o El Rey León, y después la admiración que sentí al descubrir obras como El Padrino. Entre unas y otras nació la pasión que, con el tiempo, acabaría convirtiéndose en mi profesión y en mi forma de entender el mundo.

  • Antes de fundar Sant Productions, ¿cómo fueron sus primeros pasos dentro del mundo audiovisual?

Mis primeros pasos en el mundo audiovisual comenzaron durante mi etapa de estudiante, cuando aprovechaba los trabajos de clase para experimentar con la narrativa cinematográfica y poner en práctica las ideas que tenía en mente. Las asignaturas relacionadas con la Cultura Audiovisual me permitieron descubrir que el cine podía ser mucho más que una afición: podía convertirse en una forma de expresión.

Uno de los primeros proyectos que marcó mi camino fue Todo gracias a ti (2017), un cortometraje realizado en el ámbito académico que fue seleccionado entre los diez mejores cortometrajes de Andalucía en el Concurso de Filosofía Edith Stein. Aquella selección supuso una gran motivación para seguir creando y me hizo comprender que mis historias podían llegar a conectar con otras personas.

Al año siguiente dirigí The Forest (2018), una obra que me otorgó el premio a Mejor Dirección en el CIG Short Film Festival. Fue un reconocimiento muy importante porque confirmó que el esfuerzo, la creatividad y la pasión que estaba dedicando al cine comenzaban a dar sus frutos.

Además de estos trabajos, desarrollé otros cortometrajes y proyectos inspirados en ejercicios académicos, análisis cinematográficos y figuras tan influyentes como Luis Buñuel. Todos ellos fueron construyendo las bases de lo que más tarde sería Sant Productions, una productora nacida de la ilusión de seguir contando historias y creciendo dentro del mundo audiovisual.

  • ¿Qué necesidad artística o profesional le llevó a crear su propia productora, Sant Productions?

El nombre Sant Productions nació, en primer lugar, como una referencia a mi propio apellido. Cuando estaba desarrollando Stranger Contact, el primer cortometraje que produje junto a compañeros de la Escuela Arte Granada, sentí la necesidad de crear una identidad propia para mis proyectos. Quería que cada obra estuviera respaldada por una marca reconocible, un sello personal que transmitiera mi forma de entender el cine y la creación audiovisual. Así surgió Sant Productions.

Con el paso de los años, ese nombre ha adquirido para mí un significado mucho más amplio. Más allá de su origen personal, representa los valores que intento reflejar en cada proyecto. Incluso me gusta interpretarlo como un acrónimo formado por palabras que considero esenciales en cualquier creación artística: Sueños, Arte, Narrativa y Talento. Son cuatro pilares que han acompañado el crecimiento de la productora desde sus inicios.

Además, siempre he visto en la palabra «Sant» una idea de autenticidad y de búsqueda constante de la excelencia creativa. Es una palabra sencilla, directa y con fuerza, algo que también intento trasladar a mis producciones: historias honestas, cuidadas y capaces de dejar huella en el espectador.

Por eso, aunque nació como una referencia a mi apellido, hoy Sant Productions representa mucho más: es la unión entre mi identidad personal, mis inquietudes artísticas y una filosofía de trabajo basada en la pasión por contar historias.

  • Su trayectoria está muy vinculada al cine independiente. ¿Qué ventajas y qué dificultades encuentra en trabajar desde esa libertad creativa?

El cine independiente me ha permitido desarrollar una voz propia y contar las historias que realmente quiero contar, sin estar condicionado por tendencias comerciales o por decisiones ajenas al proyecto. Esa libertad creativa es, sin duda, una de sus mayores ventajas. Me permite experimentar, asumir riesgos narrativos y abordar temas que me interesan desde una perspectiva personal y auténtica.

Sin embargo, esa misma libertad suele venir acompañada de importantes desafíos. En mucha ocasiones, los recursos económicos son limitados y los equipos humanos están formados por personas que colaboran movidas principalmente por la pasión y el compromiso con el proyecto. Esto obliga a desempeñar múltiples funciones al mismo tiempo y a buscar soluciones creativas para superar obstáculos que en producciones más grandes se resolverían con mayor facilidad.

Aun así, considero que esas dificultades también forman parte del aprendizaje. El cine independiente te enseña a valorar cada avance, a aprovechar al máximo los recursos disponibles y a rodearte de personas que creen de verdad en lo que están creando. En mi caso, muchas de las experiencias más enriquecedoras de mi trayectoria han surgido precisamente de esa forma de trabajar.

Al final, la libertad creativa tiene un precio, pero también ofrece una recompensa enorme: la posibilidad de construir proyectos genuinos, con identidad propia y capaces de reflejar fielmente la visión de quien los crea.

  • En sus primeros trabajos aparecen cortometrajes como Todo Gracias a Ti, The Forest o Stranger Contact. ¿Qué aprendió de esa primera etapa?

Aquella primera etapa fue, sobre todo, una escuela de aprendizaje constante. Cada uno de esos cortometrajes representó un paso más en mi evolución como cineasta y me permitió descubrir aspectos fundamentales de la profesión que no se aprenden únicamente en las aulas.

Con Todo Gracias a Ti comprendí la importancia de que una historia tenga un mensaje capaz de conectar con el público. Su selección entre los mejores cortometrajes del Concurso de Filosofía Edith Stein me hizo ver que el cine puede ser una herramienta muy poderosa para transmitir ideas y generar reflexión.

Con The Forest aprendí a asumir mayores responsabilidades como director y a confiar en mi propia visión creativa. Obtener el premio a Mejor Dirección fue una enorme motivación y me confirmó que estaba siguiendo el camino correcto, pero también me enseñó que detrás de cada reconocimiento hay muchas horas de esfuerzo, planificación y trabajo en equipo.

Por su parte, Stranger Contact supuso un punto de inflexión. Fue el proyecto que dio origen a Sant Productions y me permitió entender la importancia de construir una identidad propia como creador. Además, volver a recibir el premio a Mejor Dirección y obtener una nominación a Mejor Actuación Masculina reforzó mi confianza para seguir desarrollando proyectos más ambiciosos.

Si tuviera que resumir lo aprendido en aquella etapa, diría que me enseñó tres cosas fundamentales: la importancia de la perseverancia, el valor del trabajo en equipo y la necesidad de seguir aprendiendo constantemente. Fueron proyectos realizados con mucha ilusión y recursos limitados, pero precisamente por eso me ayudaron a desarrollar la creatividad y la capacidad de encontrar soluciones a cada desafío. Sin esos primeros cortometrajes, no sería la persona ni el cineasta que soy hoy.

  • Con The Forest obtuvo el premio a Mejor Dirección en el CIG Short Film Festival, y volvió a conseguirlo con Stranger Contact. ¿Cómo vivió aquellos primeros reconocimientos?

Lo viví con una enorme ilusión y, sobre todo, con mucha emoción. Cuando uno empieza a dar sus primeros pasos en el cine, muchas veces trabaja guiado únicamente por la pasión, sin saber realmente hasta dónde pueden llegar sus proyectos. Recibir el premio a Mejor Dirección con The Forest fue una sorpresa muy gratificante, porque supuso la confirmación de que todo el esfuerzo invertido estaba dando sus frutos.

Sin embargo, lo que más recuerdo de aquellos momentos no son los premios en sí, sino compartirlos con mi familia. Tener a mi madre y a mi hermano presentes en la gala, viendo cómo subía al escenario a recoger un reconocimiento a una edad tan temprana, fue algo muy especial. Ellos habían visto todo el trabajo que había detrás de cada proyecto, las horas de dedicación y la ilusión que depositaba en cada historia.

Cuando, al año siguiente, volví a recibir el premio a Mejor Dirección con Stranger Contact, la sensación fue todavía más significativa. Ya no parecía un hecho aislado, sino una señal de que podía seguir creciendo y aspirar a metas más ambiciosas dentro del mundo audiovisual. Aquellos reconocimientos me dieron confianza para creer en mis capacidades y me impulsaron a seguir creando nuevas historias con la convicción de que el cine podía convertirse en mi camino profesional.

Mirándolo en perspectiva, aquellos premios no solo reconocieron dos cortometrajes; también reforzaron mi determinación de seguir luchando por mis proyectos y demostraron que los sueños que tenía desde niño podían convertirse en una realidad.

  • ¿Qué supone para un creador joven comprobar que sus trabajos empiezan a ser valorados en festivales?

Para un creador joven supone, ante todo, una enorme motivación. Cuando comienzas en el mundo audiovisual, muchas veces trabajas movido únicamente por la pasión, invirtiendo horas de esfuerzo, aprendizaje y dedicación sin saber cuál será el resultado. Ver que esas historias empiezan a ser valoradas en festivales es una señal de que el trabajo está llegando al público y de que aquello que imaginabas en tu mente consigue transmitir algo a los demás.

En mi caso, aquellos reconocimientos fueron especialmente importantes porque llegaron en una etapa muy temprana de mi trayectoria. Me ayudaron a ganar confianza en mí mismo y a comprender que podía aspirar a metas mayores dentro del cine. No los vi como un punto de llegada, sino como una invitación a seguir aprendiendo, creciendo y arriesgando con nuevas propuestas.

Además, los festivales ofrecen algo muy valioso para cualquier cineasta: la oportunidad de compartir espacio con otros creadores, descubrir diferentes formas de contar historias y formar parte de una comunidad que comparte la misma pasión por el audiovisual.

Creo que cuando un joven creador recibe este tipo de reconocimiento, lo más importante no es el premio en sí, sino la confirmación de que sus ideas tienen valor y de que merece la pena seguir luchando por ellas. En mi caso, me dio la fuerza necesaria para continuar desarrollando proyectos cada vez más ambiciosos y para creer que el cine podía convertirse en una parte fundamental de mi vida.

  • Entre 2019 y 2020 desarrolló La Infidelidad, uno de sus proyectos más ambiciosos hasta ese momento. ¿Qué significó ese cortometraje en su evolución como director?

La Infidelidad marcó un antes y un después en mi evolución como director porque fue el proyecto más ambicioso que había afrontado hasta ese momento. Hasta entonces había realizado cortometrajes de menor duración, pero esta obra alcanzó los 25 minutos y exigía una planificación mucho más compleja, tanto a nivel artístico como técnico.

Fue un proyecto que me permitió trabajar con más localizaciones y con un equipo humano más amplio. Una de las experiencias más especiales fue poder rodar una escena en el plató de TG7, aprovechando la relación que mantenía con la cadena tras haber realizado allí mis prácticas del ciclo superior. Además, conté con actores profesionales, lo que elevó el nivel interpretativo y me obligó a crecer como director para estar a la altura de las exigencias de una producción de mayor envergadura.

También supuso un salto en cuanto al tono de la historia. Era una obra más madura, más cruda y emocionalmente compleja que mis trabajos anteriores. Requería una mayor preparación, una dirección más cuidada y una visión más clara de lo que quería transmitir al espectador.

Sin embargo, lo más curioso es que la semilla de La Infidelidad nació muchos años antes. La historia surgió en 2014, cuando todavía estudiaba en el instituto. En aquella época me gustaba escribir relatos y compartirlos en la plataforma Wattpad, donde publicaba distintas historias que nacían de mi imaginación. La Infidelidad fue una de ellas. Con el paso del tiempo, aquella idea permaneció conmigo hasta que decidí recuperarla y transformarla en un proyecto cinematográfico.

Por eso, este cortometraje tiene un significado muy especial para mí. No solo representó un crecimiento técnico y profesional, sino también la materialización de una historia que me había acompañado durante años. Fue la prueba de que una idea nacida en la adolescencia podía evolucionar, madurar y convertirse en una producción capaz de reflejar todo lo que había aprendido como cineasta hasta ese momento.

  • La pandemia afectó al desarrollo de La Infidelidad. ¿Cómo afrontó aquel periodo de incertidumbre dentro de la producción audiovisual?

La pandemia fue, sin duda, uno de los momentos más complicados que he vivido durante una producción. Nos encontrábamos en pleno rodaje de La Infidelidad cuando llegó el confinamiento y, de un día para otro, todo quedó paralizado. Lo más difícil era la incertidumbre. No sabíamos cuánto tiempo íbamos a permanecer encerrados ni cuándo sería posible retomar el proyecto. Como director, ver cómo un trabajo en el que habíamos invertido tanto esfuerzo quedaba suspendido indefinidamente fue una situación muy frustrante.

Sin embargo, si algo aprendí durante aquella etapa fue el valor de contar con un equipo comprometido. Tanto el equipo técnico como el artístico se mantuvieron unidos y apoyaron la idea de finalizar el cortometraje en cuanto las circunstancias lo permitieran. Gracias a esa confianza mutua, el proyecto nunca llegó a abandonarse, simplemente quedó en pausa hasta que pudimos regresar a los rodajes con seguridad.

Durante aquellos meses aproveché el tiempo para avanzar en el montaje del material que ya teníamos grabado. Fue una forma de seguir conectado con la película y de mantener vivo el proyecto mientras el mundo se encontraba detenido.

Hay una anécdota que siempre recordaré. Además de dirigir el cortometraje, también interpretaba un papel secundario. Antes del confinamiento llevaba el pelo corto, pero durante aquellos meses encerrados me lo dejé crecer. Cuando retomamos el rodaje, no quise cortármelo para mantener la continuidad visual del personaje. Era consciente de que eso provocaría un pequeño fallo de raccord en pantalla, pero decidí dejarlo así deliberadamente.

Para mí, ese detalle se convirtió en algo más que un error técnico. Era una huella de aquel momento histórico, un recordatorio de todo lo que vivimos durante esos meses de encierro. Cada vez que veo la película y observo ese cambio de aspecto, recuerdo lo que significó para todos permanecer tres meses en casa sin poder salir y cómo, a pesar de todo, conseguimos terminar el proyecto.

  • En su filmografía encontramos ficción, documental, publicidad y proyectos de muy diversa naturaleza. ¿Se siente más cómodo en algún género concreto o necesita moverse entre varios territorios creativos?

Aunque mis géneros favoritos son el thriller, el terror y el misterio, porque son los que más me apasionan como espectador y como creador, no me gusta limitarme a una única forma de contar historias. Creo que un guionista y un director deben ser capaces de adaptarse a diferentes registros y enfrentarse a nuevos retos creativos.

Por eso, a lo largo de mi trayectoria he procurado explorar otros géneros como la comedia, el drama social o el documental. Cada uno de ellos exige herramientas narrativas distintas y te obliga a salir de tu zona de confort. La comedia, por ejemplo, requiere un dominio muy preciso del ritmo y los tiempos; el drama social demanda sensibilidad y profundidad emocional; y el documental te enseña a observar la realidad desde una perspectiva diferente.

Considero que moverme entre distintos territorios creativos me ayuda a crecer como narrador. Me permite poner a prueba mi versatilidad, descubrir nuevas formas de conectar con el público y enriquecer mi manera de escribir y dirigir.

Dicho esto, siempre termino regresando al thriller, al terror y al misterio. Son géneros que me fascinan porque permiten explorar los miedos, los conflictos y las emociones humanas de una forma muy intensa. Probablemente son los territorios donde me siento más identificado artísticamente, pero precisamente por eso me gusta alternarlos con otros géneros que sigan desafiándome y ayudándome a evolucionar como cineasta.

  • Ha trabajado en obras como La Mafia, Una Noche para Olvidar, La Búsqueda, Tinder para Vampiros, El Chico de la Cortinita, Ticket, Luna de Sangre o Un Sorbo de Emociones. ¿Qué hilo común diría que une todos esos proyectos?

Aunque a simple vista puedan parecer proyectos muy diferentes entre sí, creo que todos comparten algo fundamental: la búsqueda de nuevas formas de contar historias. Nunca me ha gustado repetirme ni acomodarme en una única fórmula narrativa. Cada obra nace con una identidad propia y con el objetivo de explorar emociones, personajes y situaciones distintas.

Proyectos como La Mafia, Una Noche para Olvidar, La Búsqueda, Tinder para Vampiros, El Chico de la Cortinita, Ticket, Luna de Sangre o Un Sorbo de Emociones pertenecen a géneros y estilos muy diversos, pero todos me han permitido experimentar y crecer como guionista y director. Cada uno ha sido un reto diferente que me ha obligado a desarrollar nuevas herramientas narrativas y a afrontar distintas maneras de conectar con el público.

Sin embargo, si tuviera que señalar un hilo común entre todos ellos, diría que es mi forma personal de entender el cine. Más allá de la historia que cuenten, todos llevan algo de mi visión como creador. Intento que cada proyecto tenga una identidad cinematográfica propia, una atmósfera cuidada y una narrativa que mantenga al espectador involucrado en la historia.

En cierto modo, cada obra refleja una etapa distinta de mi evolución artística, pero todas comparten ese sello personal que he ido construyendo con los años. Son historias diferentes, sí, pero todas forman parte del mismo camino creativo y de la misma pasión por contar historias a través del cine.

  • Su cine parece prestar mucha atención a la atmósfera, al misterio y a los personajes con conflictos internos. ¿Es ahí donde se siente más identificado como narrador?

Sí, probablemente es donde más identificado me siento como narrador. Siempre me ha atraído construir atmósferas que envuelvan al espectador, desarrollar personajes con conflictos internos y jugar con el misterio como herramienta para mantener el interés y la emoción a lo largo de la historia.

Creo que esa inclinación ha estado presente en gran parte de mis proyectos y me ha ayudado a ir consolidándome como creador y director. Cada cortometraje, cada documental y cada historia que he desarrollado ha sido una oportunidad para descubrir qué tipo de cine quiero hacer y cuál es mi voz dentro del audiovisual.

Al mismo tiempo, me gusta explorar distintos géneros porque considero que eso me permite evolucionar y adquirir nuevas herramientas narrativas. Experimentar con la comedia, el drama o el documental me ha ayudado a comprender mejor cómo abordar cada proyecto según sus necesidades. Con el paso de los años he ido construyendo un sello propio, una forma de contar historias que se mantiene independientemente del género que esté trabajando.

Por eso, aunque el misterio, el thriller y las atmósferas más inquietantes son los territorios donde me siento más cómodo, también valoro mucho la posibilidad de moverme entre diferentes registros. Cada experiencia me ha ayudado a definir mejor mi identidad como cineasta y a saber qué decisiones tomar para que cada historia encuentre su mejor forma de ser contada.

  • El documental Bailaora, dedicado al arte flamenco, obtuvo el premio del Festival Norte Rodando y le llevó incluso a ser entrevistado por RTVE. ¿Qué lugar ocupa el flamenco en su sensibilidad artística?

El flamenco ocupa un lugar fundamental en mi vida, tanto a nivel personal como artístico. Más que una disciplina artística, forma parte de mi identidad y de mis raíces. He crecido en una familia profundamente vinculada a este arte: mi madre, Mari Paz Lucena, es bailaora, y mi padre, Pepe Maya, guitarrista. Desde que tengo memoria, el flamenco ha estado presente en mi día a día, ya fuera en casa, en los ensayos, en los tablaos o durante los viajes que realizábamos al extranjero.

He tenido la suerte de vivir el flamenco desde dentro, de escuchar conversaciones sobre arte, de ver espectáculos y de convivir con artistas que han dedicado su vida a mantener viva esta tradición. Incluso yo mismo bailé flamenco desde los dos años, por lo que siempre he tenido una relación muy cercana con este mundo.

Por eso, cuando surgió la oportunidad de realizar Bailaora, sentí que estaba contando una historia que conocía profundamente. No era solo un documental sobre el flamenco, sino también una forma de rendir homenaje a un arte que me ha acompañado toda la vida y que ha contribuido a formar mi sensibilidad como creador.

Creo que el flamenco me ha enseñado valores que también aplico al cine: la pasión, la disciplina, la autenticidad y la capacidad de transmitir emociones de una manera sincera. De alguna forma, aunque mis proyectos puedan pertenecer a géneros muy distintos, siempre hay algo de esa esencia flamenca en mi manera de entender el arte y de contar historias.

  • Además de director y guionista, ha trabajado como fotógrafo, operador de cámara, editor y creador de contenido. ¿Cree que conocer tantos oficios le ayuda a dirigir mejor?

Sin duda. Creo que haber trabajado en distintas áreas del audiovisual me ha ayudado enormemente a la hora de dirigir. Conocer de primera mano el trabajo de un operador de cámara, de un editor, de un fotógrafo o de un creador de contenido me permite comprender mejor cada fase de una producción y comunicarme con mayor facilidad con los profesionales que forman parte de ella.

La dirección no consiste únicamente en tener una visión artística, sino también en saber cómo convertir esa visión en imágenes, sonidos y emociones. Mi experiencia en cámara me ayuda a entender mejor la composición de los planos y el lenguaje visual; la edición me permite imaginar cómo funcionará una escena una vez montada; y la escritura, aunque no siempre esté relacionada directamente con el cine, me ayuda a desarrollar personajes, estructuras narrativas e historias más sólidas.

Además, muchas de estas disciplinas forman parte de mi día a día. No solo las utilizo en mis proyectos cinematográficos, sino también en otros trabajos relacionados con la comunicación y la creación de contenido. Todo ello contribuye a que tenga una visión más amplia del proceso creativo y me ayuda a seguir evolucionando tanto como cineasta como creador en general.

Al final, considero que cada experiencia suma. Cuanto más conoces las distintas piezas que forman una producción audiovisual, más preparado estás para dirigirlas y sacar lo mejor de cada una de ellas.

  • ¿Qué importancia tiene para usted la imagen, la luz y la composición visual a la hora de contar una historia?

Para mí tienen una importancia absoluta. De hecho, cuando hablo de lenguaje cinematográfico no solo pienso en la imagen, la luz o la composición visual, sino también en el sonido. Todos estos elementos trabajan juntos para transmitir emociones, crear atmósferas y guiar al espectador a través de la historia.

Muchas veces una mirada, una iluminación determinada o un diseño sonoro bien construido pueden comunicar más que una página entera de diálogo. Por eso considero que cada decisión visual y sonora debe estar al servicio de la narración y de las emociones que queremos despertar.

Además, todo este proceso comienza mucho antes del rodaje. Desde la preproducción es necesario definir el estilo de la obra, la atmósfera que se quiere crear y la metodología visual que se va a seguir. Es en esa fase donde se toman decisiones sobre la fotografía, la paleta de colores, los encuadres, los movimientos de cámara o el tratamiento del sonido, aspectos que acabarán definiendo la personalidad de la película.

Como director, me gusta pensar que cada proyecto debe tener una identidad propia. No es lo mismo contar una historia de terror que un drama social o un documental. Cada género exige una forma diferente de utilizar la luz, la composición, el ritmo o el sonido. Por eso dedico mucho tiempo a construir ese universo visual antes de comenzar a rodar.

Al final, el cine es un arte audiovisual. La historia es fundamental, pero la manera en que se ve y se escucha es lo que termina convirtiendo esa historia en una experiencia capaz de emocionar y permanecer en la memoria del espectador.

  • En su trayectoria también hay trabajos con instituciones, festivales, artistas flamencos y empresas privadas. ¿Cómo se equilibra la creatividad personal con los encargos profesionales?

Creo que la clave está en la organización y en saber adaptarse a cada proyecto sin perder tu identidad como creador. A lo largo de mi trayectoria he trabajado tanto en proyectos personales como en colaboraciones con instituciones, festivales, artistas flamencos y empresas privadas, y siempre intento encontrar el equilibrio entre cumplir los objetivos del encargo y aportar mi propia visión creativa.

La verdad es que 2026 está siendo, probablemente, el año más creativo e intenso de toda mi vida. En apenas unos meses he escrito seis guiones cinematográficos, he terminado la novela de El Gato Negro, he comenzado una nueva etapa como docente impartiendo clases de cine y comunicación audiovisual en la misma escuela donde me formé, y al mismo tiempo he continuado desarrollando trabajos de grabación, edición, fotografía y creación de contenido.

A todo eso hay que sumarle la preparación de proyectos, la búsqueda de localizaciones, la planificación de rodajes, la preparación de las clases y muchas otras responsabilidades que forman parte del día a día de un profesional audiovisual. Son muchas tareas al mismo tiempo, pero me considero una persona organizada y acostumbrada a gestionar diferentes frentes de trabajo sin perder la motivación.

También creo que mi experiencia me ha enseñado a mantener la calma cuando aparecen dificultades. En una profesión tan cambiante como esta, constantemente surgen imprevistos y nuevos retos. En lugar de verlo como una carga, intento afrontarlo como parte del proceso creativo. Quizás por eso sigo disfrutando de cada proyecto con la misma ilusión que cuando empecé.

Al final, tanto los encargos profesionales como las obras personales forman parte de mi crecimiento. Unos me permiten seguir desarrollándome profesionalmente y otros me ayudan a explorar nuevas ideas y desafíos artísticos. Lo importante es encontrar el equilibrio para que ambos mundos se complementen y se enriquezcan mutuamente.

  • Usted también ha desarrollado proyectos internacionales en Japón, con videoblogs, colaboraciones artísticas y contenidos que fusionan cultura española y japonesa. ¿Qué le aportó esa experiencia?

Japón ha sido una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Mi padre reside actualmente en Tokio, y eso me ha permitido viajar al país de forma continuada durante varios años. Entre 2023 y 2025 tuve la oportunidad de vivir experiencias muy diversas que ampliaron enormemente mi visión como creador audiovisual.

Durante esos viajes desarrollé distintos proyectos, desde videoblogs y contenido para YouTube hasta trabajos audiovisuales relacionados con la cultura y el arte. Grabé reportajes sobre curiosidades del país, recorridos por localizaciones reales de películas y animes, y contenidos destinados a mostrar al público español aspectos de la cultura japonesa desde una perspectiva cercana y personal.

Pero más allá de la creación de contenido, también tuve la oportunidad de trabajar en proyectos relacionados con el flamenco, grabando piezas audiovisuales que posteriormente formaron parte de un documental. Esa experiencia me permitió unir dos mundos que han sido muy importantes en mi vida: la cultura española, especialmente el flamenco que forma parte de mis raíces familiares, y la cultura japonesa, por la que siempre he sentido una gran admiración.

Creo que Japón me aportó una nueva forma de observar el mundo. Es una sociedad con una sensibilidad estética muy particular, donde el respeto por la tradición convive con la innovación y la modernidad. Como cineasta, convivir con esa realidad me ayudó a prestar aún más atención a los detalles, a la composición visual y a la manera en que diferentes culturas pueden contar historias y transmitir emociones.

Además, me permitió comprender que el lenguaje audiovisual es universal. Aunque existan diferencias culturales o lingüísticas, una buena historia sigue siendo capaz de emocionar y conectar con las personas en cualquier parte del mundo. Esa es una enseñanza que sigo aplicando hoy en cada uno de mis proyectos.

  • ¿Qué diferencias encontró entre crear desde el contexto español y hacerlo en contacto con una cultura como la japonesa?

Una de las cosas que más me llamó la atención fue la manera tan diferente en la que ambas culturas entienden y expresan el arte. España es un país muy emocional, muy espontáneo y muy pasional a la hora de crear. Esa intensidad se percibe en disciplinas como el flamenco, el cine o incluso en la forma de relacionarnos con los demás. Japón, en cambio, suele transmitir las emociones de una manera más contenida, más sutil y basada en los detalles.

Como creador audiovisual, estar en contacto con ambas formas de entender la cultura me resultó muy enriquecedor. En Japón aprendí a observar con más atención los pequeños gestos, los silencios, la composición visual y el cuidado por la estética. Allí existe una enorme sensibilidad hacia los detalles y una búsqueda constante de la armonía que me hizo reflexionar sobre mi propia forma de narrar historias.

Por otro lado, vivir esa experiencia también me hizo valorar aún más mis raíces. Me di cuenta de la fuerza que tienen elementos tan característicos de nuestra cultura como el flamenco, la cercanía humana o la manera tan apasionada que tenemos de transmitir emociones. De hecho, una de las cosas más bonitas que viví fue comprobar cómo el arte español puede conectar con personas de una cultura tan diferente.

No creo que una forma de crear sea mejor que la otra. Más bien considero que ambas se complementan. España me ha aportado la pasión y la expresividad; Japón, la observación, la disciplina y la sensibilidad por los detalles. Como cineasta, haber podido conocer ambos mundos me ha ayudado a enriquecer mi mirada y a desarrollar una visión más amplia de cómo contar historias.

  • A partir de 2024 desarrolla El Hombre del Sombrero, un cortometraje de terror psicológico centrado en el duelo, la soledad y lo sobrenatural. ¿Qué le atrae del terror psicológico?

Lo que más me atrajo de El Hombre del Sombrero fue precisamente el misterio que rodea a esta figura. A lo largo de los años escuché a varias personas contar experiencias relacionadas con él, especialmente en episodios de parálisis del sueño. Me llamó mucho la atención comprobar que personas de diferentes lugares y contextos describían una presencia muy similar: una figura oscura con sombrero que aparecía en momentos de vulnerabilidad. Esa coincidencia despertó mi curiosidad y me llevó a investigar más sobre el fenómeno.

Sin embargo, más que reproducir las historias que ya existían, quise llevar el personaje a mi propio terreno y construir una interpretación personal. Me interesaba explorar no solo el aspecto sobrenatural del ente, sino también el impacto psicológico y emocional que podía tener sobre una persona que atraviesa una situación límite.

Por eso nació el personaje de Eva. Desde el comienzo de la historia vemos cómo se enfrenta a una importante pérdida familiar y a una profunda sensación de soledad. Mi intención era plantear la pregunta de si este tipo de entidades se acercan precisamente a personas que atraviesan momentos de fragilidad emocional o si, por el contrario, son una manifestación de los propios miedos y traumas que arrastramos.

Eso es lo que más me atrae del terror psicológico: la posibilidad de explorar la mente humana. Más allá de los sustos o de los elementos sobrenaturales, me interesa utilizar el terror como una herramienta para hablar del duelo, la pérdida, el miedo y los conflictos internos. Cuando el espectador no sabe si lo que está viendo es real o forma parte de la psicología del personaje, el miedo se vuelve mucho más inquietante y duradero.

En El Hombre del Sombrero intenté precisamente combinar ambas dimensiones: la leyenda de una figura que ha inquietado a muchas personas y una historia profundamente humana sobre cómo enfrentamos nuestros propios fantasmas, tanto reales como emocionales.

  • En sus proyectos suele aparecer una estética elegante, oscura y perturbadora. ¿De dónde nace esa inclinación hacia las sombras, el suspense y los ambientes cargados de misterio?

Creo que esa inclinación nace de muy atrás, prácticamente de mi infancia. Desde pequeño me fascinaban las historias de terror, misterio y fenómenos sobrenaturales. Recuerdo especialmente un libro que encontré en el colegio llamado Una historia de miedo… o casi, de la editorial Camaleón. En la portada aparecían personajes tan icónicos como Drácula, el Hombre Lobo, un fantasma, la Momia, Frankenstein o el Jinete sin Cabeza. Aquella imagen despertó mi imaginación y me abrió la puerta a un universo que me acompañaría durante toda mi vida.

A partir de ahí empecé a interesarme cada vez más por este tipo de relatos. Leía historias de misterio, como las de Geronimo Stilton, escribía mis propios cuentos y pasaba horas dibujando criaturas y personajes. Siempre sentí una atracción especial por lo desconocido, por aquello que genera preguntas y alimenta la imaginación.

Con el paso de los años esa fascinación evolucionó hacia el cine. Me convertí en un gran admirador del terror y, especialmente, de sagas como Scream, además del cine slasher, las historias de zombis, los extraterrestres y la ciencia ficción. Más adelante descubrí obras más adultas que ampliaron mi manera de entender la narrativa cinematográfica, como Seven, El Padrino, Pulp Fiction, Joker, Los Intocables de Eliot Ness, Eyes Wide Shut o Goodfellas. Todas ellas me enseñaron que la oscuridad, el suspense y los conflictos humanos pueden convertirse en herramientas muy poderosas para contar historias.

Creo que de esa mezcla nace mi estilo. Por un lado, está la fascinación infantil por los monstruos, los misterios y lo sobrenatural; por otro, el interés por personajes complejos, atmósferas elegantes y relatos cargados de tensión psicológica. Cuando dirijo, me gusta construir mundos que resulten visualmente atractivos, pero que al mismo tiempo escondan algo inquietante bajo la superficie.

Curiosamente, también soy un gran aficionado a los superhéroes. Batman, Spider-Man, Superman o Hulk han formado parte de mi imaginario desde niño. Quizá por eso me atraen tanto los personajes que viven entre la luz y la oscuridad, entre la fortaleza y la vulnerabilidad. A día de hoy me encantaría dirigir una película de ciencia ficción sobre platillos volantes, una nueva historia de Scream o un thriller psicológico de crímenes. Al final, todos esos géneros comparten algo que siempre me ha acompañado: la capacidad de despertar la imaginación y de explorar los rincones más fascinantes de la condición humana.

  • Sus trabajos han sido seleccionados y nominados en los Premios Lorca de Granada. ¿Qué valor tiene para usted el reconocimiento dentro de su propia tierra?

Tiene un valor muy especial porque, al final, Granada es mi tierra, el lugar donde me he formado como persona y como cineasta. Que tus trabajos sean reconocidos por profesionales, festivales e instituciones de tu propia ciudad tiene un componente emocional difícil de explicar. Es como sentir que las historias en las que has invertido tanto esfuerzo han conseguido conectar con las personas que mejor conocen tu recorrido.

Cuando La Infidelidad, Bailaora, El Hombre del Sombrero o El Gato Negro fueron seleccionadas y posteriormente nominadas en los Premios Lorca de Granada, lo viví con una enorme ilusión. Para cualquier creador, recibir reconocimiento siempre es importante, pero cuando llega de tu propia tierra adquiere un significado diferente. Es una sensación de orgullo y de agradecimiento hacia una ciudad que ha influido profundamente en mi manera de entender el arte y la cultura.

Además, Granada posee una gran riqueza cultural y una importante comunidad artística. Formar parte de ese tejido creativo y compartir espacio con otros profesionales a los que admiro es algo que valoro enormemente. Más allá de los premios, lo que realmente me emociona es comprobar que el trabajo realizado tiene repercusión y que las historias que cuento encuentran un lugar dentro del panorama cultural granadino.

También lo considero una responsabilidad. Cada reconocimiento me impulsa a seguir creciendo, aprendiendo y desarrollando proyectos más ambiciosos. De alguna manera, siento que represento no solo mis propias inquietudes como cineasta, sino también a una nueva generación de creadores que está apostando por hacer cine desde Granada y llevar sus historias cada vez más lejos.

  • El Gato Negro consiguió premios importantes en los Premios Lorca de Granada, entre ellos Mejor Cortometraje Granadino, Mejor Guión y Mejor Actor. ¿Qué sintió al ver que una obra tan ambiciosa era recibida de esa manera?

Sentí un orgullo enorme. Probablemente ha sido el reconocimiento que más me ha emocionado de toda mi trayectoria hasta la fecha. El Gato Negro fue un proyecto en el que depositamos una cantidad inmensa de trabajo, ilusión y esfuerzo durante mucho tiempo, por lo que ver cómo era recibido de esa manera en los Premios Lorca supuso una satisfacción difícil de describir.

Conseguir galardones tan importantes como Mejor Cortometraje Granadino, Mejor Guion y Mejor Actor fue una forma de confirmar que todas las decisiones que habíamos tomado durante el proceso habían sido las correctas. Desde la elección del reparto hasta el equipo técnico, las localizaciones, la dirección artística o la propia temática de la historia, cada detalle había sido cuidadosamente estudiado para construir una obra ambiciosa y con una identidad muy marcada.

Además, hubo un aspecto que hizo que estos reconocimientos fueran todavía más especiales. Tradicionalmente, muchos festivales suelen premiar con frecuencia obras de carácter social, algo que considero totalmente legítimo y necesario. Sin embargo, El Gato Negro apostaba por una propuesta diferente: un relato de misterio, crimen y estética noir ambientado en los años veinte. Ver que una historia de estas características lograba conectar con el jurado y obtener ese nivel de reconocimiento fue una enorme alegría para todo el equipo.

Más allá de los premios, lo que realmente significó para mí fue la sensación de que el esfuerzo colectivo había merecido la pena. Fueron meses de trabajo, preparación y dedicación para sacar adelante una producción muy compleja, y aquellos reconocimientos corroboraron que estábamos en el camino adecuado. De alguna manera, sentí que El Gato Negro demostraba que en Granada también se pueden crear proyectos ambiciosos, con personalidad propia y capaces de competir al más alto nivel.

Sin duda, es uno de esos momentos que recordaré siempre, no solo por los premios obtenidos, sino porque representó la culminación de años de aprendizaje y crecimiento como director, guionista y productor.

  • Centrándonos ya en El Gato Negro, ¿cómo nació la idea original de esta historia?

La idea de El Gato Negro nació de una necesidad creativa de dar un paso más allá de todo lo que había hecho hasta entonces. Después de varios cortometrajes a mis espaldas, sentía que había llegado el momento de afrontar un proyecto más ambicioso, diferente y con una identidad visual y narrativa muy marcada.

Quería alejarme de los escenarios contemporáneos y sumergirme en una época que siempre me había fascinado: los años veinte. Me atraía la elegancia de aquel periodo, la estética noir, los ambientes cargados de humo y secretos, los clubes nocturnos y las historias de crimen donde nadie parece ser completamente inocente. A partir de ahí comenzó a surgir la idea de un misterioso local llamado El Gato Negro, un lugar donde cada personaje ocultara algo y donde las apariencias engañaran constantemente al espectador.

Desde el principio también tuve claro que quería incorporar una voz en off que guiara la historia, como homenaje a los grandes clásicos del cine negro. Esa narración permitía introducir al público en un universo lleno de intrigas, sospechas y personajes complejos, aportando además una atmósfera muy particular al relato.

A medida que escribía, fui construyendo y entrelazando las diferentes tramas de los personajes. Cada uno tenía sus propios intereses, secretos y conflictos, y mi objetivo era que todas esas piezas acabaran encajando en una misma historia. Fue un proceso largo, en el que el guion evolucionó constantemente. De hecho, la versión definitiva llegó prácticamente al comienzo del rodaje, porque seguí puliendo detalles y mejorando aspectos de la trama hasta el último momento.

Creo que esa obsesión por perfeccionar la historia fue precisamente una de las claves del proyecto. El Gato Negro no nació de una única idea, sino de la suma de muchas influencias, muchas horas de escritura y un deseo constante de crear una obra diferente a todo lo que había realizado anteriormente. Y viendo el resultado final y la acogida que tuvo, siento que aquel riesgo mereció la pena.

  • La obra parte del universo del cine noir y se ambienta en el Nueva York de los años veinte. ¿Por qué eligió ese contexto histórico y estético?

La elección de los años veinte y de la estética noir no fue casual. Desde hace muchos años siento una gran admiración por el cine de gánsteres, las historias de detectives y los relatos de crimen llenos de personajes ambiguos y moralmente complejos. Películas como El Padrino, Los Intocables de Eliot Ness, Goodfellas o incluso obras más modernas como Joker me han influido enormemente en mi forma de entender la narrativa cinematográfica.

Cuando empecé a desarrollar El Gato Negro, sentí que necesitaba alejarme de todo lo que había realizado hasta entonces. Quería construir un universo propio, elegante y misterioso, donde la ambientación tuviera tanto peso como los propios personajes. Los años veinte me ofrecían precisamente eso: una época fascinante marcada por el auge de los clubes nocturnos, el jazz, la Ley Seca, la corrupción, las mafias y una sociedad llena de contrastes.

Además, la estética noir me permitía potenciar muchos de los elementos que más me gustan como director. Las sombras, los claroscuros, el humo, los secretos ocultos, las traiciones y los personajes que esconden más de lo que muestran son recursos con los que me siento especialmente cómodo a la hora de contar historias.

También me atraía el reto que suponía recrear una época tan alejada de nuestro tiempo. Sabía que implicaría un enorme trabajo de documentación, dirección artística, vestuario y localizaciones, pero precisamente por eso me parecía un desafío apasionante. Quería demostrar que desde una producción independiente también era posible construir una obra de época ambiciosa y visualmente atractiva.

En el fondo, El Gato Negro es el resultado de muchas de mis influencias cinematográficas reunidas en un mismo proyecto. Es un homenaje al cine negro clásico, a las historias de gánsteres y a los grandes relatos de misterio, pero también una obra que intenta aportar una personalidad propia y una visión contemporánea de ese universo tan fascinante.

  • En la nota de autor del libro usted explica que El Gato Negro no trata solo de resolver un crimen, sino de observar a un hombre enfrentado a sus propios fantasmas. ¿Quién es Jason Montgomery para usted?

Jason Montgomery no es una persona concreta, pero al mismo tiempo es un reflejo de muchas personas que han pasado por mi vida. A lo largo de los años he conocido a gente que ha sufrido pérdidas, decepciones, fracasos o conflictos internos que han dejado una huella profunda en ellos. De alguna manera, Jason recoge pequeñas partes de todas esas experiencias humanas.

Para mí, es un personaje que representa la lucha contra los propios demonios. Es alguien que intenta seguir adelante mientras carga con heridas emocionales que todavía no han cicatrizado. Aunque vive inmerso en una investigación criminal y en una trama de misterio, lo que realmente me interesaba era explorar su mundo interior, sus contradicciones y la forma en la que el pasado puede perseguirnos incluso cuando creemos haber escapado de él.

Creo que muchas personas pueden verse reflejadas en él porque todos, en algún momento de nuestra vida, hemos sentido dolor, decepción o dudas sobre nosotros mismos. Jason no es un héroe perfecto ni un detective invencible. Es un ser humano con defectos, con miedos y con cicatrices emocionales, y precisamente por eso resulta tan interesante para mí.

En el fondo, El Gato Negro habla de crímenes, secretos y conspiraciones, pero también habla de personas que intentan encontrar su lugar en el mundo mientras lidian con aquello que les atormenta. Jason Montgomery es el vehículo a través del cual quise explorar esa realidad. Más que un personaje, es una representación de las luchas internas que todos afrontamos en algún momento de nuestras vidas.

  • Jason Montgomery no es presentado como un héroe perfecto, sino como un hombre roto, orgulloso y marcado por el fracaso. ¿Le interesan más los personajes heridos que los personajes ejemplares?

Por el momento, sí. Me interesan mucho más los personajes heridos, imperfectos y emocionalmente complejos que aquellos que parecen tener siempre el control de la situación. Personajes como James Bond o Sherlock Holmes son fascinantes y han funcionado durante décadas porque representan figuras extraordinarias, capaces de resolver problemas que para la mayoría serían imposibles. Sin embargo, en esta etapa de mi carrera me atraen más los protagonistas que luchan contra sí mismos.

Jason Montgomery nace precisamente de esa inquietud. No quería escribir un detective brillante que tuviera respuesta para todo, sino un hombre marcado por sus errores, por sus pérdidas y por las consecuencias de sus propias decisiones. Me parecía mucho más interesante explorar cómo alguien roto intenta seguir adelante que presentar a un personaje prácticamente invulnerable.

Creo que los personajes heridos suelen resultar más humanos porque todos, en mayor o menor medida, cargamos con decepciones, fracasos o heridas emocionales. Es más fácil reconocerse en alguien que duda, que se equivoca y que tiene conflictos internos que en alguien que parece perfecto.

Además, dentro del universo de El Gato Negro, un protagonista así encajaba mucho mejor con la historia que quería contar. El misterio y el crimen son importantes, pero para mí lo verdaderamente interesante era observar cómo Jason se enfrenta a sus propios fantasmas mientras intenta resolver los que le rodean.

No significa que en el futuro no me interese escribir personajes más heroicos o aventureros. De hecho, soy un gran admirador de figuras como Batman, Spider-Man o incluso Superman. Pero actualmente me atraen más los protagonistas que están rotos por dentro, porque creo que ahí es donde se encuentran los conflictos más profundos y las historias más humanas.

  • El pub El Gato Negro funciona casi como un personaje más: un lugar de humo, jazz, secretos y mentiras. ¿Cómo construyó ese espacio narrativo?

Desde el principio tuve muy claro que el pub El Gato Negro no podía ser simplemente una localización más. Necesitaba convertirse en un personaje dentro de la historia, un lugar con identidad propia, capaz de transmitir misterio, elegancia y peligro con solo aparecer en pantalla.

De hecho, siempre digo que si no conseguíamos rodar en la Mae West de Granada, era prácticamente imposible hacer la película tal y como la había imaginado. Necesitaba un espacio que tuviera esa esencia oscura y sofisticada que asociamos al cine negro clásico: madera, luces tenues, rincones llenos de sombras y una atmósfera que hiciera sentir al espectador que detrás de cada mesa se escondía un secreto.

Mi intención era que el local respirara vida propia. Quería que el público sintiera que aquel lugar había sido testigo de innumerables historias, conversaciones prohibidas, traiciones y acuerdos clandestinos mucho antes de que comenzara la película. Por eso el jazz, el humo, la iluminación y la decoración no eran simples elementos estéticos, sino herramientas narrativas que ayudaban a construir la personalidad del espacio.

Además, el pub funciona como un reflejo de los propios personajes. Todos esconden algo, todos tienen secretos y todos muestran una imagen diferente a la realidad. El local actúa de la misma manera: parece elegante y atractivo en la superficie, pero bajo esa apariencia se ocultan mentiras, ambiciones y conflictos que terminan impulsando toda la trama.

Por eso considero que El Gato Negro es mucho más que un escenario. Es el corazón de la historia, el lugar donde convergen todos los personajes y donde se desencadenan los acontecimientos que cambian sus vidas. Sin ese espacio y sin la atmósfera que transmite, la película no sería la misma.

  • Grace Parker, El Enigma Escarlata, Arthur Sins, Pola Negri y el propio gato negro forman parte de un universo muy visual. ¿Venían ya del cortometraje o crecieron especialmente al convertir la historia en novela?

La mayoría de esos personajes ya nacieron en el cortometraje y formaban parte de la historia desde sus primeras versiones. De hecho, figuras como Grace Parker, Arthur Sins o El Enigma Escarlata estaban concebidas desde el origen del proyecto y fueron fundamentales para construir la identidad de El Gato Negro.

Además, me interesaba que el universo de la obra mezclara personajes ficticios con figuras históricas reales. Por eso incorporé nombres como Pola Negri e Isadora Duncan, dos iconos de la época, así como mafiosos que realmente existieron, entre ellos Frank Costello, Vito Genovese y Carlo Gambino. Mi intención era que la historia se sintiera integrada dentro de un contexto histórico reconocible, permitiendo que personajes reales convivieran con los acontecimientos ficticios que se desarrollan en la trama.

Sin embargo, fue al convertir la historia en novela cuando este universo tuvo la oportunidad de expandirse de verdad. El formato literario me permitió profundizar mucho más en los personajes, explorar sus motivaciones y desarrollar aspectos que en el cortometraje apenas podían insinuarse por cuestiones de tiempo.

Algunos personajes que aparecían en la película tuvieron una importancia mucho mayor en la novela. Es el caso del capitán Reynolds, que adquiere más peso en la evolución de Jason Montgomery; Richard Montgomery, el padre del protagonista, cuya historia y pasado se desarrollan ampliamente; o Joseph Turner, el camarero del local, que pasa a tener una presencia más destacada dentro de la narración.

También pude profundizar en personajes como Frank Costello, Vito Genovese o Harold Whitmore, el agente de Pola Negri, ampliando sus relaciones, intereses y participación dentro de la trama. La novela me brindó la posibilidad de detenerme en detalles, recuerdos y conflictos que en el lenguaje cinematográfico debían resolverse de una forma mucho más rápida y visual.

Por eso diría que los personajes no nacieron con la novela, sino que crecieron gracias a ella. El cortometraje fue el punto de partida que dio vida a este universo, mientras que el libro me permitió abrir nuevas puertas y mostrar facetas de los personajes que el espectador apenas podía intuir en pantalla. En cierto modo, la novela ha servido para completar y enriquecer el mundo de El Gato Negro, ofreciendo una visión mucho más amplia de quienes habitan sus sombras.

  • El libro nace del cortometraje, pero se expande hacia una dimensión literaria más amplia. ¿Qué le permitió contar la novela que no podía desarrollar del mismo modo en la pantalla?

La novela me permitió contar prácticamente todo aquello que el lenguaje cinematográfico no podía desarrollar con la misma profundidad. Aunque el cortometraje tiene una duración considerable y logra construir un universo muy amplio, el tiempo en pantalla siempre impone límites. En cambio, la literatura te da la posibilidad de detenerte en los personajes, explorar sus pensamientos y ampliar la historia sin las restricciones propias de una producción audiovisual.

En cierto modo, escribir El Gato Negro ha sido como realizar una versión extendida de la película. La novela me ha permitido incorporar más personajes, desarrollar nuevas tramas, ampliar los interrogatorios y profundizar mucho más en la investigación que conduce a Jason Montgomery a través de los secretos del club.

Uno de los aspectos que más me interesaba explorar era el origen del propio Montgomery. En el cortometraje conocemos al personaje tal y como aparece en la historia, pero en la novela podemos descubrir mejor quién es, de dónde viene y cuáles son los acontecimientos que han marcado su personalidad. Esto permite comprender con mayor profundidad sus decisiones, sus debilidades y los conflictos que arrastra durante toda la trama.

También tuve la oportunidad de profundizar en personajes como Grace Parker y El Enigma Escarlata, ampliando sus motivaciones, su pasado y su papel dentro de la historia. Del mismo modo, pude dedicar más espacio al propio club El Gato Negro, incluyendo detalles y elementos que enriquecen la atmósfera del lugar, e incluso desarrollar la presencia simbólica del misterioso gato que habita entre sus sombras.

Además, la novela me permitió añadir nuevas sorpresas para quienes ya conocen el cortometraje, incluyendo escenas y situaciones inéditas que expanden el universo de la historia. Entre ellas se encuentra una escena postcréditos que abre nuevas posibilidades y deja al lector con la sensación de que todavía quedan muchos secretos por descubrir.

Por eso no considero la novela una simple adaptación del cortometraje. Más bien la veo como una expansión de ese universo, una oportunidad para profundizar en sus personajes, enriquecer su mundo y ofrecer una experiencia mucho más completa a quienes quieran adentrarse en las sombras de El Gato Negro.

  • En El Gato Negro aparecen temas como la culpa, la justicia, la venganza, la lealtad, las máscaras sociales y la obsesión por la verdad. ¿Cuál de ellos considera el corazón de la obra?

Creo que el corazón de El Gato Negro está en la culpa, concretamente en la culpa que arrastra Jason Montgomery por no haber podido resolver el caso de Ellen Brighton. Esa herida es la que define gran parte de su personalidad y de sus decisiones a lo largo de la historia. Más allá del detective, del investigador o del hombre duro que intenta aparentar ser, Jason es alguien que vive perseguido por un fracaso que nunca ha conseguido superar.

Sin embargo, sería injusto señalar únicamente ese tema, porque la obra está construida sobre varios pilares que se entrelazan constantemente. La obsesión por la verdad tiene una presencia fundamental, ya que prácticamente todos los personajes ocultan algo y la búsqueda de respuestas impulsa la trama desde elprincipio hasta el final. También la venganza juega un papel muy importante, ya que muchas de las acciones de los personajes nacen de heridas del pasado que todavía siguen abiertas.

Por otro lado, me interesa especialmente el concepto de las máscaras sociales. Hay una escena muy representativa con las máscaras venecianas que resume perfectamente una de las ideas centrales de la obra: todos los personajes interpretan un papel y muestran una versión de sí mismos que no siempre coincide con la realidad. Detrás de cada sonrisa, de cada gesto elegante y de cada apariencia respetable se esconden secretos, mentiras e intereses personales.

La lealtad también está constantemente puesta a prueba. A lo largo de la historia los personajes deben decidir a quién apoyan, qué están dispuestos a sacrificar y hasta dónde son capaces de llegar para proteger aquello que consideran importante.

Por eso diría que la culpa es el motor emocional de la historia, especialmente a través de Jason Montgomery, pero que El Gato Negro no podría entenderse sin todos esos otros elementos. La obra habla de personas que buscan la verdad mientras ocultan sus propias mentiras, de individuos que intentan escapar de sus errores y de seres humanos que se ven obligados a enfrentarse a las consecuencias de sus decisiones. En el fondo, todos los temas están conectados y forman parte de una misma reflexión sobre la condición humana.

  • Esta es su primera obra publicada como escritor. ¿Qué ha descubierto de sí mismo al pasar del lenguaje audiovisual al lenguaje literario?

Lo que más he descubierto es que, aunque el cine y la literatura comparten el objetivo de contar historias, son lenguajes muy diferentes. Como director estoy acostumbrado a narrar a través de imágenes, sonidos, interpretaciones, música y montaje. En el cine muchas cosas pueden insinuarse con una mirada, una iluminación o un silencio. En una novela, en cambio, debes construir ese mismo universo únicamente con palabras.

Escribir El Gato Negro me permitió profundizar mucho más en los personajes de lo que había podido hacer en el cortometraje. Pude entrar en sus pensamientos, explorar sus emociones y dedicar tiempo a aspectos de la historia que en pantalla habrían sido imposibles de desarrollar con la misma amplitud. Descubrí que disfruto enormemente construyendo el trasfondo de los personajes y explorando detalles que ayudan a comprender mejor quiénes son y por qué actúan de determinada manera.

También me di cuenta de que gran parte de mi forma de escribir sigue siendo muy cinematográfica. Mientras redactaba la novela, visualizaba constantemente las escenas en mi cabeza como si estuviera viendo una película. Creo que mi experiencia como director ha influido mucho en la manera en que describo ambientes, personajes y situaciones.

Pero, sobre todo, he descubierto que me apasiona escribir. Aunque llevaba años creando guiones e incluso escribiendo historias desde mi etapa en el instituto, esta ha sido mi primera obra publicada y ha supuesto un reto completamente nuevo. Me ha permitido comprobar que también puedo contar historias más allá de la cámara y que existen emociones, matices y reflexiones que encuentran en la literatura un espacio diferente para desarrollarse.

En cierto modo, esta experiencia me ha confirmado que, más allá del formato, lo que realmente me define es la necesidad de contar historias. Ya sea a través de una película, un cortometraje o una novela, sigo buscando lo mismo: crear personajes y universos capaces de emocionar, sorprender y permanecer en la memoria del público.

  • Para terminar, después de El Gato Negro, ¿le gustaría seguir ampliando este universo noir o prefiere abrir una nueva etapa con historias completamente distintas?

Sin duda me gustaría seguir ampliando el universo de El Gato Negro. De hecho, una de mis intenciones es desarrollar una segunda parte que no se limite a repetir la historia original, sino que expanda ese mundo noir con nuevos personajes, nuevos conflictos y una trama completamente inédita. Creo que todavía quedan muchos rincones por explorar dentro de ese universo y muchos secretos que pueden dar lugar a nuevas historias.

Además, este proyecto representa algo muy importante para mí porque mi gran objetivo es que esa continuación pueda convertirse en mi primer largometraje. Después de la experiencia del cortometraje y de la novela, siento que el universo de El Gato Negro tiene el potencial suficiente para crecer hacia una producción de mayor envergadura y ofrecer una experiencia aún más ambiciosa tanto a nivel narrativo como visual.

Sin embargo, eso no significa que quiera centrarme exclusivamente en este mundo. Siempre me ha gustado explorar diferentes géneros y desafíos creativos, y actualmente también estoy trabajando en nuevos proyectos audiovisuales de formatos más reducidos. Entre ellos se encuentra un documental centrado en el flamenco antiguo, una temática muy vinculada a mis raíces familiares y artísticas, así como un proyecto de videoarte inspirado en la figura de Federico García Lorca, uno de los grandes referentes culturales de Granada.

Creo que me encuentro en una etapa especialmente fértil a nivel creativo. Por un lado, tengo el deseo de seguir desarrollando el universo noir de El Gato Negro y llevarlo hasta donde sea posible; por otro, continúo investigando nuevas historias, nuevas formas de expresión y nuevos proyectos que me permitan seguir creciendo como cineasta y narrador.

Al final, lo que más me motiva es precisamente eso: no dejar de crear. Ya sea a través del cine negro, del documental, de la literatura o de cualquier otro formato, siempre habrá nuevas historias esperando ser contadas.


Con esta conversación, Mario Santiago Samaniego nos deja la imagen de un creador en plena evolución, fiel a sus raíces, a su sensibilidad visual y a esa necesidad constante de contar historias que atraviesa toda su trayectoria. Desde sus primeros cortometrajes hasta el universo oscuro y elegante de El Gato Negro, su camino demuestra que la pasión, la disciplina y la imaginación pueden abrir puertas incluso dentro del exigente mundo del cine independiente.

Nos despedimos de él con la certeza de que su obra aún tiene mucho que decir. En sus proyectos late Granada, el misterio, el flamenco, la literatura, la memoria audiovisual y una mirada joven que no teme enfrentarse a nuevos retos. Mario Santiago Samaniego no solo filma historias: las persigue, las transforma y las convierte en mundos propios donde el espectador siempre encuentra una sombra, una emoción y una pregunta pendiente.

José Segura
Presidente del proyecto de Cultura Granada Costa

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