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“CON EL ACORDEÓN A CUESTAS”, LA MEMORIA MUSICAL DE HORACIO GARRIDO CORTIJO

Horacio Garrido Cortijo, autor de Con el acordeón a cuestas, comparte unas memorias musicales llenas de vida, pueblos, esfuerzo y emoción popular, presentadas en la Casa de Castilla-La Mancha en Valencia.

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El pasado 25 de mayo, la Casa de Castilla-La Mancha en Valencia acogió la presentación del libro Con el acordeón a cuestas, de Horacio Garrido Cortijo, una obra publicada por Editorial Granada Club Selección que recoge, desde la vivencia personal y el pulso de la memoria, el recorrido vital de un hombre unido desde niño a la música, a los pueblos y a la emoción popular.

El acto fue organizado por el grupo A-Rimando, entidad que quiso arropar a Horacio en una jornada cargada de afecto, poesía, amistad y reconocimiento. Numerosos amigos del autor, así como representantes del mundo literario y poético, se dieron cita para acompañarlo en una presentación que tuvo mucho de homenaje y de celebración compartida.

Alfredo Pérez, Francisco Ponce, Horacio Garrido, Carmen Carrasco, Ricardo Collado

La mesa de presentación estuvo compuesta por Alfredo Pérez, presidente de A-Rimando; Ricardo Collado, secretario de dicha entidad y prologuista del libro; Carmen Carrasco, Delegada Nacional de Poesía de Granada Costa y Presidenta de Honor del Proyecto de Cultura Granada Costa; y Francisco Ponce, Presidente de Honor de A-Rimando, además de autor de las acuarelas que ilustran la obra. Todos ellos coincidieron en destacar la importancia humana y literaria de un libro que no solo habla de música, sino también de esfuerzo, disciplina, caminos recorridos, pueblos vividos y amistades sembradas a lo largo de toda una existencia.

Durante su intervención, Carmen Carrasco ofreció una emotiva semblanza literaria sobre la figura de Horacio Garrido Cortijo, texto que reproducimos íntegramente:

CON EL ACORDEÓN A CUESTAS

Hace un tiempo me contaron una historia y hoy, a mi vez, y yo os la voy a contar a vosotros.

Situémonos primero. Existe un pequeño pueblo rodeado de viñedos, que cambian de color cual arco iris, según la estación del año, cuyos campos de cereales ondulan suavemente como si bailasen al son el viento. Es un auténtico paisaje manchego. No es de extrañar, ya que este pueblecito se encuentra situado en el mismo corazón conquense de la Manchuela, perteneciendo a su comarca y formando asimismo parte de la Ruta del Vino.

Los habitantes adoran a una Virgen llamada de la Asunción, que desde su iglesia vela por todos ellos.

Es un idílico lugar llamado El Peral.

Pues bien, en este lugar nació un niño que ya, desde pequeño, soñaba con ser músico y hacerse famoso algún día. Pero, ¿cómo sería esto posible viviendo en aquel rincón desconocido, de crudos inviernos y tórridos veranos bajo un sol abrasador? Amén de las dificultades que rodeaban el entorno y la infancia de este niño, nada propicios para alcanzar sus sueños.

Necesitaba un milagro, un hada madrina sabedora de su gran deseo de aprender a tocar un instrumento musical y llevar sus melodías por todas partes, alegrando con su música los pueblos y aldeas de aquel contorno.

Y este deseo llegó a oídos de la musa de la música, Euterpe que, desde el Olimpo, se propuso acoger a aquel niño soñador y guiarlo bajo su protección hasta hacer de él, a través de los años, el gran músico con que soñaba ser desde pequeño.

Él no sabía, ni supo nunca, que aquella musa estaba guiando sus manos prodigiosas cuando tocaba el instrumento musical que él escogió desde muy temprana edad: el acordeón.

Y desde entonces, el acordeón, abriendo y cerrando su amplio abanico, se convirtió en su amigo más fiel. El que lo acompañaba a todas partes, formando parte de su ser como una prolongación de su cuerpo, semejante a unas alas que llevaba a su espalda, como si fuese un ángel de la guarda que lo protegía donde quiera que fuese: caminos, campos, aldeas, con frío, con sol, año tras año.

Hasta que fue pasando el tiempo y aquel niño soñador, hecho ya un hombre, comenzó a hacerse famoso, a triunfar y a gozar de la gloria que la fama conlleva. A disfrutar de lo bueno que la vida merecidamente le ofrecía.

Su música recorría lugares, pueblos, ciudades, alegrando a todos aquellos que tenían la suerte de oír las melodías que salían de su acordeón en forma de notas que, esparcidas por el aire, eran semejantes a una lluvia armónica que llegaba a los corazones de aquellas buenas gentes, olvidando sus preocupaciones por el espacio de tiempo que duraban sus conciertos.

Pero hay aún más, al tiempo que tocaba, él cantaba sus propias melodías con bonita voz y buen gusto. Melódicos boleros, alegres pasables, románticos valses, tangos, escogidos popurrís, repertorio que enardecía al público al oírlo.

Y él, con su acordeón, tocaba y cantaba sintiéndose feliz y haciendo felices a los demás, con la complacencia de su musa, Euterpe, que desde el Olimpo sonreía satisfecha de su obra.

Pero tampoco queda aquí la cosa. Otra musa, la de la literatura y la poesía, Calíope, algo celosilla, quiso también concederle otro don a nuestro protagonista. Así que le despertó el deseo de escribir y durante años fue plasmando sobre el papel todas las vivencias que desde niño había ido acumulando a lo largo de su vida: historias, viajes, conciertos, amigos, alegrías, decepciones, triunfos. Todo ello escrito con auténtica sinceridad, sin omitir nada, en un gran libro en el cual, aparte de él mismo, el protagonista era su querido acordeón.

Juntos siempre, fiel compañero recorriendo incansables los caminos, o, parafraseando el título que él eligió para su libro, con el acordeón a cuestas en las alegrías o penas, en los triunfos y las decepciones, en las ilusiones y desencantos… Juntos, hasta llegar al momento glorioso de alcanzar la cúspide de la montaña que durante toda su vida hubo de ir subiendo y que, felizmente, él coronó.

Y al llegar al pico de la montaña, abrazado a su acordeón, lanzó sus notas al aire y esas notas resonaron a triunfo por toda la Manchuela.

Y esta es la historia que me contaron hace mucho tiempo. Pero el caso es que ahora no logro recordar el nombre de aquel niño soñador. Dejadme pensar. ¡Ah! Sí. ¡Aquel niño se llamaba Horacio!

Carmen Carrasco, delegada nacional de Poesía Granada Costa y Presidenta de Honor

Tras esta intervención, se volvió a poner de relieve el valor testimonial de Con el acordeón a cuestas, una obra profundamente autobiográfica, basada en las vivencias reales de Horacio Garrido Cortijo. En sus páginas, el lector encuentra el testimonio de una época en la que la música era una de las grandes formas de encuentro social. Los bailes, las fiestas patronales, los viajes difíciles, los escenarios humildes y las gentes sencillas forman parte de un universo narrativo donde el acordeón se convierte en símbolo de sacrificio, pero también de alegría y superación.

Durante la presentación, se destacó que Horacio no se limita a contar su vida como músico, sino que rescata una parte importante de la memoria rural y festiva de Castilla-La Mancha. Sus recuerdos devuelven al presente aquellos años en los que los pueblos esperaban la llegada del músico como quien espera una ventana abierta al júbilo, al baile, al noviazgo y a la convivencia.

La intervención de los presentadores sirvió también para subrayar la calidad humana del autor. Horacio Garrido Cortijo aparece en esta obra como un hombre hecho a sí mismo, formado en la constancia, en el respeto a sus mayores y en el amor por la música. Su acordeón no fue únicamente un instrumento, sino una forma de entender la vida y de comunicarse con los demás.

Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó al finalizar el acto, cuando el propio Horacio quiso agradecer el cariño recibido ofreciendo a los asistentes un mini concierto con su acordeón. Aquellas notas, interpretadas por quien ha dedicado buena parte de su vida a llevar la música allí donde era necesaria, llenaron la sala de emoción y dieron al encuentro un cierre especialmente entrañable.

Tras la presentación, el autor ofreció un aperitivo a los asistentes, prolongando así el ambiente de amistad y cercanía que presidió toda la jornada. Más que una simple presentación literaria, el acto se convirtió en una reunión de afectos, en un reconocimiento público a una trayectoria vital y artística, y en una celebración de la cultura compartida.

Con Con el acordeón a cuestas, Horacio Garrido Cortijo entrega al lector mucho más que unas memorias musicales. Ofrece un testimonio de vida, una crónica de caminos y escenarios, y una declaración de amor a la música popular, esa que nace del pueblo y vuelve siempre al corazón de quienes la escuchan.

Autora de las fotografías: Himelda Sánchez

Redacción Granada Costa Valencia.

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