AROMA QUE PERDURA
Aroma que perdura, de Francisco Luque Bonilla, es un poema sobre la memoria, las ofrendas y la huella invisible de quienes partieron. Entre flores, incienso y velas, sus versos nos recuerdan que nada desaparece mientras exista un corazón capaz de recordar.

Francisco Luque Bonilla
¿Con qué he de irme?
con el polvo que sube,
con la copa que bebe mi sombra.
¿Nada dejaré en pos de mí sobre la tierra?
dejo el rumor de mis pasos en la sal,
el vértigo de la flor que no se abre del todo,
un hilo de agua entre dos luces.
¿Cómo ha de actuar mi corazón?
como el incienso que gira
y no sabe a quién nombra.
¿Acaso en vano venimos a vivir,
a brotar sobre la tierra?
No en vano:
porque el aire guarda el gesto,
porque el miedo se hace ofrenda
y el silencio se viste de rosas blancas.
Dejemos al menos flores
no las que miran,
las que huelen a tiempo detenido.
Dejemos al menos cantos.
no los que vuelven,
los que se queman en la lengua del viento
y vuelven a ser polen.
Dejamos el aroma,
ese hilo invisible que ata lo que fuimos
a lo que aún somos,
y lo que seremos
cuando otros, en otra noche de velas,
pregunten también
con qué han de irse.
Que el altar sea un espejo roto
donde los muertos
se miren sin fecha.
Que el recuerdo germine en la grieta,
y el olvido, por una noche,
sea apenas la sombra de una vela.
Aroma que perdura.
Y entonces, como ahora,
alzarán una ofrenda,
encenderán una luz,
y sabrán, como yo sé,
que nada se pierde
mientras haya un recuerdo
que lo abrace.
