A GARCÍA LORCA
Ana Martínez Parra rinde homenaje a Federico García Lorca en un poema que recuerda su trágica muerte y reivindica la fuerza de su legado, su creatividad y una obra que continúa viva en la memoria y la literatura.

A GARCÍA LORCA
Nadie supo qué pensabas
cuando te iban a ejecutar,
el miedo y la esperanza,
como espinas y dulce azahar
es posible que lucharan
para tu mente lograr.
¿Qué sentiste, Federico,
en aquel paseo mortal?
¿Cuál fue, poeta querido,
el último sentimiento
que pensaste en versar?
¿A quién debemos culpar
por la atroz y cruel acción
que truncó tu creatividad
y nos privó, sin escrúpulos,
de tu alma y tu verdad?
Una flor crece en el campo,
diferente a las demás,
con su prestancia finita,
que la lleva a destacar.
Y por celos o por envidia,
¿qué pecado de los dos?,
hace que una mano indigna,
la estirpe sin compasión.
El campo se desarbola,
ante tan pérfida acción
y pierde su identidad,
porque es muy raro, poeta,
que nazca otra nueva flor
que, de hecho, sea
idéntica a la anterior.
La vida hace justicia,
y lo bello no se olvida:
porque el recuerdo pervive,
pese a la brutal felonía,
de que tuvo la osadía
de arrancarla aquel día.
Como ella eres tú :
un universo creador,
una mente prodigiosa,
un recuerdo singular,
un mago de la palabra
que llegas al corazón.
Y pervives, aunque les pese,
en tu obra y con tu acción
y esa capacidad tan tuya
de mostrar mil sentimientos
que bruñiste con ardor.
Ahí quedan como muestra
el Camborio en su clamor,
el llanto por el torero,
los gitanos y su canción,
la sangre en una boda
o los ficticios dolores
de un parto que no llegó.
Federico, cénit vivo,
de un vigor desbordante
que pobló de mil fantasmas
y negro luto agobiante,
una casa de mujeres,
de sensualidad delirante.
Un poeta como otro,
tan igual y tan distinto
que puso voz al silencio,
marcando así su destino.
