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Cervantes gloria

Cuando pensamos en Cervantes, casi siempre nos viene a la mente Don Quijote. Pero Cervantes se consideraba a sí mismo poeta antes que novelista. De hecho, pasó toda su vida escribiendo versos y quejándose de que el público no los valoraba tanto como a sus prosas.  Se podría decir que fue un poeta de formación clásica. Cervantes nació en 1547 y se educó en el humanismo del Siglo de Oro. Sus maestros fueron:  Garcilaso, Boscán, Petrarca, Ludovico Ariosto, Torquato Tasso, Goivanni Boccaccio, Baldassare  Castiglione…Su poesía bebe de dos corrientes principales:

1-La tradición petrarquista: sonetos amorosos, temas de desamor, la dama idealizada, el paisaje como espejo del alma.

2-La tradición popular y satírica: romances, letrillas, décimas, entremeses en verso. Aquí Cervantes se burla, cuenta chismes y retrata la calle.

Él mismo lo resumió en Viaje del Parnaso: quería ser «el primero en España» en poesía épica.

Cervantes no publicó poemarios independientes. Sus versos aparecen incrustados en sus otras obras:

-En el Quijote: más de 50 poemas. Hay sonetos preliminares que se burlan de los prólogos, romances de Cardenio y Lucinda, canciones de pastores, epitafios. El más famoso: «Canción de Grisóstomo». Ahí usa la poesía para dar voz a personajes y para parodiar los tópicos pastoriles. Esta canción aparece en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, Parte I, Capítulo XIV. Crisóstomo era un estudiante rico que se hizo pastor por amor a Marcela. Cuando muere por desamor, sus amigos leen esta canción en su entierro. A continuación, les muestro sus versos que se encuentran en Don Quijote de la Mancha, I, 14.

Vuela, pensamiento, y alcanza /aquella ingrata, que huyes, /que, aunque la sigues, no huyes, /antes la huyes y la alcanzas. /Y dile que el alma mía, /de contemplarla apartada, /ni un punto está reposada, /ni un momento en alegría.

Dile que muero, y que muera /conmigo la esperanza vana /de que en mi alma tirana /

pueda tener primavera. /Dile que ya mis sentidos /son centinelas perdidos, /y que a la razón rendida /tengo entregada la vida.

Dile que muero contento, /pues he comprado mi muerte / con no querer ver mi suerte  /

mudada en mejor tormento.  /Y en la última hora mía, /cuando el alma mía se aparte, / 

llevaráse en el estandarte/el nombre de Marcela mía.

La canción es una queja de amor no correspondido. Mezcla lo pastoril con lo trágico. Crisóstomo prefiere morir antes que seguir esperando a alguien que lo desprecia. Cervantes usa el poema para criticar los libros de pastores de moda en su época, pero también para hablar de libertad. Justo después Marcela aparece y defiende que cada uno es dueño de elegir. Marca el tono: amor, locura y libertad.

-La Galatea en cambio, es una novela pastoril llena de églogas y canciones. Es su obra más «poética» en sentido tradicional, nos encontramos el Canto de Calíope. Su gran poema épico Viaje del Parnaso (1614), donde hace una crítica literaria de todos los poetas de su época.

-En las Novelas ejemplares: intercala letrillas y romances que avanzan la trama.

-Obras teatrales: El trato de Argel, La Numancia y los entremeses tienen coros y romances.

Cuenta a su vez con poemas sueltos, sonetos dedicatorios, décimas.

Cervantes no inventó un lenguaje nuevo como Góngora. Su obra tiene otras características:

-Ironía y autocrítica: Se ríe de sí mismo. En el prólogo del Quijote dice que no es poeta y acto seguido incluye 10 sonetos.

-Realismo: Aunque usa pastores y ninfas, siempre mete un detalle cotidiano, un refrán, un giro coloquial. Baja la poesía del pedestal.

-Variedad métrica: Dominaba el soneto endecasílabo, pero también la redondilla, la décima, el romance octosílabo y la canción a la italiana.

-Temas diversos: amor, desengaño, libertad, la guerra, la pobreza, la fama literaria. Después de 5 años como cautivo en Argel, la libertad aparece mucho en sus versos.

En la distancia muchos nos preguntamos ¿Fue buen poeta?

Aquí está el debate. Sus contemporáneos como Lope lo admiraban, pero la crítica de los siglos XIX y XX lo puso por debajo de Garcilaso o Quevedo. 

Lo justo es decir que Cervantes no buscaba la perfección formal a toda costa. Usaba la poesía como herramienta narrativa. Le servía para caracterizar personajes, para hacer sátira y para reflexionar. En Viaje del Parnaso él mismo se defiende: no quería ser un poeta de «palabras huecas», sino de «verdad y experiencia».

Por eso hoy lo leemos distinto. No buscamos en Cervantes la musicalidad extrema de Góngora. Buscamos inteligencia, humor y humanidad. Un soneto suyo puede ser imperfecto, pero te hace reflexionar.

La suya es una poesía que conversa con el lector, que duda, que se burla y que al final siempre vuelve a lo humano.

Soneto a Dulcinea es uno de los poemas más famosos que Cervantes metió dentro de Don Quijote de la Mancha, Parte II, capítulo 32. 

Lo recita Don Quijote cuando Sancho le pide «versos» para que Dulcinea los pueda leer, aunque en realidad Sancho nunca le entregó ninguna carta porque Dulcinea no sabía leer y ni siquiera existía como tal.

Así lo dice Don Quijote:

Soberana y alta señora:  / El que sin verte y adorarte muere, / y por verte y adorarte suspira, / Dulcinea del Toboso, te envía / la salud que de ti no tiene.  / Si tu fermosura me desprecia, / si tu valor no es en mi provecho, / si es que tus desdenes son mi pena,  / aunque de ella me queje, no me quejo. / Que, si el desdén más desdenes trajera, / y el tormento más tormentos diera, / y la muerte más muertes enviara, / con todo eso te amara, adorara / y en más servirá y más sufriera, / hasta ver si tu rigor se ablara.

Podría decirse que es una parodia perfecta del soneto petrarquista.  Tiene todos los ingredientes: la «alta señora», el suspiro, el desdén, el tormento, el amor que no muere. Pero Cervantes lo lleva al extremo. En vez de sutileza, hay hipérbole: «más desdenes, más tormentos, más muertes». Se ríe del tópico sin destruirlo.

Juega a su vez con el lenguaje. Fíjate en «fermosura». Cervantes usa una forma arcaica a propósito para sonar caballeresco. También el verso «aunque de ella me queje, no me quejo» es un retruécano típico del Siglo de Oro. Juega con las palabras como si fuera un juego de ingenio.

¿Quién es Dulcinea aquí?No es una mujer real. Es una idea. Don Quijote la convierte en «soberana y alta señora» para justificar sus locuras. El soneto muestra lo absurdo y lo noble a la vez: es ridículo adorar a alguien que no existe, pero también es admirable esa fidelidad ciega.

 Se aprecia la ironía cervantina. El propio Don Quijote duda de si está bien hecho. Después de recitarlo dice que no sabe si tiene «sentido» o «concierto». Cervantes mete al personaje criticando su propio poema. Esa es la marca de la casa.

Porque resume toda la locura cuerda de Don Quijote en 14 versos. Habla de un amor imposible, de orgullo, de terquedad. Y lo hace con humor. No es un soneto para llorar como los de Garcilaso. Es para sonreír y a la vez emocionarte. La poesía cervantina me inspira para crear mi poema y dedicárselo a un genio español de las de las letras español:

¡Gloria eterna a ti, Cervantes!

La Fama, que tu ilustre nombre aclama,

corona con laurel tus nobles metas;

las Musas, ya rendidas y sujetas

veneran tu clamor anacoreta.

Por los caminos de España

va galopando un lucero;

lleva en la diestra una pluma,

lleva en el alma un anhelo.

En la pobreza encontraste

la riqueza del ingenio;

en el dolor, la música del lenguaje;

en la prisión, el horizonte infinito

de una imaginación

capaz de vencer al tiempo.

Porque Cervantes no muere,

vive en el libro y el verso;

mientras exista un soñador,

seguirá vivo su ejemplo.

Que su memoria perdure

como perdura el romero,

con perfume de justicia,

de libertad y de ingenio.

Nació un hidalgo manchego

con su rocín polvoriento,

persiguiendo los gigantes

que eran molinos al viento.

Dulcinea, una esperanza

que iluminó el universo.

Y Sancho, fiel compañero,

con refrán noble y discreto,

enseñó que la cordura

también florece en los pueblos.

Soldado fuiste de Lepanto,

cautivo miraste el destierro;

diste nombre a un libro

que recorre mil senderos.

El escritor más leído

de nuestro país certero.

Por los caminos de España

va galopando un lucero;

lleva en la diestra una pluma,

lleva en el alma un anhelo.

Ana María López Expósito

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