DUO DE ORFEBRES
Ana María López Expósito dedica “Dúo de orfebres” a Hilario Martínez Nebrada, en un emotivo homenaje marcado por la amistad, la ausencia, la memoria y el legado de un poeta cuya voz permanece viva en sus versos.

A Hilario Martínez Nebrada
No lloraré cuando escuche
la campana triste,
anunciando tu fuga del cosmos cruel
hacia la oruga inicua.
Ojalá yo tuviera la fuerza y la palabra
para estar junto a tu Ángel.
Poeta caminante del amor,
tierras burgalesas y muerte.
Tu agonía es sueño y tu alma
un ave que remonta el vuelo.
Dichoso tú que escuchas el murmullo de la luna,
alojado en las ondas de su esfera silente.
Ya llegó el día de tu último viaje,
la pluma y el talento están de luto;
¡a lo lejos un rosario de cirios encendidos!
Tus huesos ahora polvo.
Igual que Prometeo quisiste atisbar
los fulgores de la felicidad.
Te recordamos ahora que tu vida es
la tierra silenciosa
y no podemos sostener tu mano.
Te recordamos con plegarias y ausencia
de lágrimas en la tumba.
Te recordamos con el rostro entre las estrellas,
cantando canciones alegres. Seremos
La hierba verde, sobre ti, rocío y gotas.
Al pie de un precipicio, dónde el viento sopla
Y horada la piedra, inmolaste el cuerpo
Y te has ido para siempre con tu llama.
Ahora en la morada sin par
velas nuestros sueños.
Sonreímos por lo que has vivido.
Abrimos los ojos ante tu hermoso
y profundo legado de versos sin par.
En la distancia y nube
nadie podrá violarte la pureza.
Acopiamos dolor en las horas felices
Junto a ti.
¡Oh Ángel confidente, ven a nosotros
con tizón encendido de palabras y acentos. Purifícanos.
En nuestros corazones eres la esperanza:
De un niño eterno obediente a la voz
que insinúa reptante los destellos del alba,
junto a la fuente Ariel, jugando al trompo
en una plaza alegre…
Y en la lejanía, el eco de tu voz, llega del cielo
en la madrugada.

