LA PALMERA
Desde mis años jóvenes, cuando inicié mis viajes a tantos países de zonas cálidas, tropicales y subtropicales, tenía una fijación obsesiva por la palmera, porque sin ser un árbol, emergía como aquellos de cualquier suelo, elevando su recto tronco a las alturas y lanzando al viento sus enormes y duras hojas largas con una poderosa majestuosidad.
Recuerdo que me gustaba dibujarlas y no dudé en situar dos palmeras entrecruzadas como icono de mi primera empresa, en un cuadro de bronce que me preparó el escultor Santiago de Santiago, cuya imagen situé en el vestíbulo de la oficina y fueron receptoras de las visitas durante muchos años; dicho cuadro representaba a dos hermosas mujeres negras del norte brasileño, portando cocos, papayas, y piñas tropicales, frutos todos procedentes de las palmas y palmeras que tanto abundan en las playas de Salvador de Bahía y Recife. Dicho cuadro hoy, decora el jardín de mi casa malagueña.
La palmera es una especie que emerge en la orilla de las inmensas playas caribeñas de enloquecidos vientos, capaces de tumbar sus fuertes troncos que, medio caídos siguen peinando el aire con las potentes hojas de su corona, logrando supervivir a pesar de los escasos cepellones radiculares que la sostiene en las arenas del suelo donde nacieron.
Se trata de una planta que, además de su belleza ornamental, es una fuente inestimable que proporciona recursos a los habitantes de Oriente Medio, a los países del este asiático, y a tantos otros pueblos de Centro y Sudamérica como Costa Rica, Brasil, Colombia etc. La Amazonia peruana es un lugar muy representativo, donde se localizan diferentes especies silvestres de gran valor económico, que proporcionan trabajo a las tribus de las numerosas localidades que las producen.
Merece destacar las palmeras más conocidas en el comercio internacional donde se consumen sus frutos, que son las siguientes: el cocotero; la palmera datilera; la palma que reproduce el palmito, y una serie importante de plantas salvajes de las que se extraen diferentes aceites comestibles e industriales.
La palmera cocotera propia de los países asiáticos y sudamericanos, que suministran los cocos a todos los países del mundo, y de manera especial a los mercados de Europa; en épocas festivas muy señaladas también a España, donde el fruto es protagonista en las ferias y fiestas populares de todas las regiones. En los países productores disponen de fábricas de copra que abastecen a la industria pastelera y repostera del mundo.
La palmera datilera, de la que en Elche tenemos una modesta pero atractiva representación, nos lleva a El Valle del Jordán en Israel y los alrededores del Mar Muerto, donde producen la famosa variedad Medjoul, que exportan desde hace muchas décadas a Europa. El dátil, representa una fuente económica muy importante en la industria agrícola israelí, toda vez que disponen de ocho cultivares diferentes, además de la variedad estrella mencionada.
El palmito se obtiene entresacando entre los mejores ramajes, el cogollo tierno y jugoso que se cobija en el interior de cierto tipo de palma silvestre en principio, y de las especies cultivadas más tarde, o bien, de las palmas salvajes protegidas, que clandestinamente suelen destrozar los pandilleros para robar el “oro blanco” que es el palmito. Las mejores calidades se comercializan envasadas en tarros de cristal, después de un proceso de selección diferenciando los distintos calibres al gusto del consumidor, pero siempre con precios excelentes que hace muy rentable este fruto prohibido que llaman los contrabandistas en su argot ”bebé o bebito” como apelativo a un niño pequeño recién nacido; suelen envolverlos en ropa recién cogidos, como si se tratara de un bebé, para disimular el contenido de lo que se llevan ilegalmente.
En general, los frutos de la palmera se identifican como bayas o drupas, pero diversas especies de palma de baja talla, (piña y salak como ejemplo) tienen identificada su producción como fruta. Las palmeras son plantas leñosas de tronco recto y cimbreante movidos por sus inquietas coronas de hojas desde su máxima altura; la planta adulta es de una belleza indiscutible, que suelen aprovechar los decoradores de parques y jardines para instalarlas en la mayoría de las ciudades donde el clima lo permite. Hay especies de valor económico y alimenticio muy importantes, y otras no menos importantes de valor ornamental.
En Andalucía conviven numerosos tipos de palmera adornando el centro de las ciudades y de carreteras urbanas. Muy cerca de Málaga (capital), tenemos el Jardín Botánico de la Concepción, donde se pueden contemplar numerosas especies diferentes, perfectamente identificadas con su nombre científico, su origen, y con los datos precisos de cada una. Un Jardín que merece la pena visitar y que no se publicita como merece.
Hace doce años que apareció en la costa malagueña, una plaga denominada “picudo rojo” que pudo terminar con los miles de palmeras que adornaban los pueblos de la costa. La movilización de ayuntamientos y el empeño de técnicos lograron detener la terrible plaga y actualmente, sin haber terminado con ella, la tienen controlada, y con nuevas plantaciones y diferentes variedades podemos seguir disfrutando de su presencia y esplendor en las tierras andaluzas.
Julián Díaz Robledo
