UN LIBRO ENTRE MIS MANOS: EL ROMÁNTICO VIAJE VITAL DE ANITA Y APOLONIO
Un libro entre mis manos, de Ana Ávila González, es una emotiva obra de memoria, amor y vida compartida, donde la autora convierte sus recuerdos, viajes, raíces y su historia junto a Apolonio en un legado profundamente humano.

Un libro entre mis manos, de Ana Ávila González, es una obra de memoria, vida y sentimiento que puede leerse, en su fondo más íntimo, como un gran poema romántico en prosa. No se trata únicamente de unas memorias personales, ni de una sucesión de recuerdos ordenados por capítulos, sino de un testimonio profundamente humano donde la autora convierte su propia existencia en materia literaria: la infancia, la familia, el trabajo, la fe, los viajes, la amistad, el dolor y, sobre todo, el amor compartido con su marido Apolonio, su querido Apolo.
El libro ha sido editado por Editorial Granada Club Selección, en su primera edición de 2025, y cuenta con un prólogo escrito por Ildefonso Durán, quien abre la obra con una mirada serena y admirativa hacia la protagonista. En ese prólogo, Durán define a Ana como una mujer intrépida, trabajadora, creativa y profundamente entregada a cuanto emprendió. Subraya su curiosidad, su madurez, su capacidad de esfuerzo y su dimensión empresarial junto a Apolo, especialmente en el impulso de la industria del congelado, que con los años llegó a convertirse en un referente. También destaca los viajes, los cruceros, las escapadas por España, la vida social compartida, la religiosidad, la solidaridad y el museo que lleva su nombre como legado artístico y cultural.
Uno de los grandes aciertos del prólogo es que no se limita a presentar la obra, sino que ofrece una clave de lectura: Ana no escribe solo para recordar, sino para dejar constancia de una vida vivida con intensidad. Ildefonso Durán capta bien esa mezcla de energía, ternura y fortaleza que atraviesa el libro. Su texto funciona como pórtico emocional, como antesala de una historia donde la protagonista aparece ligada a sus raíces, a Loja, a su familia, a su trabajo y a una vocación constante de superación.
Desde el punto de vista literario, Un libro entre mis manos posee la estructura de unas memorias, pero su alma pertenece al territorio del romanticismo vital. La autora no escribe desde la frialdad documental, sino desde la emoción del recuerdo. Cada viaje junto a Apolonio, cada crucero, cada escapada, cada fotografía y cada anécdota aparecen impregnados por una mirada amorosa. La vida de Anita y Apolo se presenta como una travesía común, casi como un largo poema de fidelidad donde el amor no se declara solamente con palabras, sino con actos, compañía, esfuerzo y permanencia.
La dimensión viajera del libro tiene una importancia especial. Los viajes no son simples desplazamientos geográficos; son estaciones sentimentales. En ellos, Ana y Apolo celebran la vida, comparten amistades, participan en concursos, disfrutan de cruceros y convierten el ocio en una prolongación de su unión. El libro recuerda, por ejemplo, sus cruceros importantes, las cenas con el capitán, las fotografías de rigor y esos momentos de alegría donde Ana participa en actividades, bailes y concursos con natural desparpajo.
Por eso la obra puede catalogarse como un poema romántico de una vida entera. No porque esté escrita en verso, sino porque todo en ella gira alrededor de una sensibilidad amorosa: el amor a la familia, el amor al trabajo, el amor a Loja, el amor a la fe, el amor a la amistad y, de manera central, el amor a Apolonio. Ana convierte su memoria en una ofrenda. Escribe para rescatar del tiempo aquello que no quiere perder: los gestos cotidianos, los lugares recorridos, las fotografías antiguas, las alegrías compartidas y también las sombras que marcaron su camino.
La parte más conmovedora de la obra llega cuando aparece la enfermedad de Apolo. Ahí el libro abandona cualquier tono puramente evocador y se adentra en una hondura emocional muy intensa. Las estancias en hospitales, la UCI, la esperanza puesta en un gesto mínimo, la canción “Granada”, la oración silenciosa y la mano sostenida junto al enfermo convierten estas páginas en uno de los testimonios más sinceros del libro. Ana no disimula el dolor, pero tampoco se deja vencer por él. Transforma la angustia en fortaleza y la pérdida en memoria amorosa.
Esa es, quizá, la mayor virtud de Un libro entre mis manos: su autenticidad. Ana Ávila González no pretende construir una literatura artificiosa, sino entregar una vida. Su voz tiene la claridad de quien recuerda desde la verdad y desde el agradecimiento. El lector encuentra en estas páginas una existencia marcada por el trabajo, la creatividad, la fe, el compromiso social y la capacidad de amar hasta el final.
En definitiva, Un libro entre mis manos es mucho más que unas memorias. Es el relato de una mujer que ha sabido convertir su vida en legado. Es un homenaje a sus raíces, a su familia, a su ciudad y a su museo; pero, sobre todo, es una carta de amor prolongada a Apolonio. Un libro donde los viajes de Anita y Apolo no terminan en los puertos ni en las carreteras, sino que continúan en la memoria, en la palabra escrita y en ese lugar íntimo donde el amor verdadero permanece incluso después de la ausencia.

Ciudadano del Mundo
