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ENTRE VERSOS Y PINCELES, DE MARÍA PAULA DE LA ROSA PÉREZ

Entre versos y pinceles, de María Paula de la Rosa Pérez, es un libro de poemas y pinturas donde memoria, amor, nostalgia y vida humilde se transforman en una obra sincera, emotiva y llena de verdad humana.

Entre versos y Pinceles 3d

Hay libros que se leen con los ojos y otros que, sin pedir permiso, entran directamente en la memoria sentimental del lector. Entre versos y pinceles, de María Paula de la Rosa Pérez, pertenece a esta segunda clase de obras: aquellas que no buscan impresionar desde el artificio, sino conmover desde la verdad. Tras adentrarme en sus páginas, he sentido que no estaba solamente ante un libro de poemas y pinturas, sino ante el testimonio íntimo de una vida largamente guardada, una vida que por fin encuentra cauce en la palabra y en el color.

La autora, nacida en Rute en 1952 y criada en un entorno humilde, apenas contó con estudios básicos, pero mantuvo viva desde muy temprano una sensibilidad creativa que la acompañó en la escritura y la pintura. Su biografía nos habla de una mujer trabajadora, madre, abuela, vinculada al campo y a la vida sencilla, que publica este primer libro en el ocaso de su vida, cumpliendo así un sueño largamente esperado.

Esa circunstancia biográfica no es un dato menor: es la raíz misma del libro. Entre versos y pinceles no nace de una voluntad de lucimiento literario, sino de una necesidad profunda de expresión. María Paula escribe porque necesita decir; pinta porque necesita liberar imágenes que durante años han vivido dentro de ella. Por eso la obra posee una cualidad que hoy resulta especialmente valiosa: autenticidad.

Sus poemas se mueven entre la memoria, el amor, la nostalgia, la pérdida, la soledad, la familia, la tierra natal y la reflexión sobre el paso del tiempo. Hay en ellos una voz directa, popular, sincera, a veces desgarrada, que no se esconde detrás de grandes estructuras retóricas. La autora habla desde la experiencia vivida, desde las heridas y desde los afectos. En composiciones como La espera, aparece una de las claves emocionales del libro: la sensación de haber vivido pendiente de los demás, de haber postergado deseos, sueños y aprendizajes, y de sentir todavía dentro del alma una vida que pide ser cumplida.

Ese conflicto entre lo vivido y lo deseado atraviesa muchas páginas. En Mi vida, por ejemplo, la autora contrapone el cuerpo cansado y el alma joven, como si dentro de ella convivieran dos fuerzas opuestas: una que pide reposo y otra que todavía ansía volar. Esa tensión da al libro una hondura humana muy reconocible. No estamos ante una autora que escribe desde la comodidad, sino desde la lucha interior de quien ha tenido que sostener demasiadas cargas y, aun así, no ha renunciado a la belleza.

Uno de los grandes aciertos de la obra es su dimensión memorial. En A mi pueblo y mi cortijo, la autora convierte el recuerdo de la infancia y del lugar perdido en una verdadera elegía. El cortijo, los olivares, la Virgen de la Sierra, el traslado a Andújar y el sentimiento de desarraigo forman parte de una geografía emocional que explica buena parte de su escritura. María Paula no recuerda de manera fría: recuerda con dolor, con gratitud, con rabia contenida y con una ternura que vuelve sagrados los espacios humildes de la infancia.

También resultan especialmente conmovedores los poemas dedicados a personas concretas: familiares, figuras admiradas, seres queridos e incluso animales, como ocurre con los textos dedicados a Panchita. En ellos aparece una autora de mirada generosa, capaz de detenerse en los demás y elevarlos mediante la palabra. Su poesía tiene algo de retrato afectivo: no describe solo rostros o situaciones, sino la emoción que esas presencias dejaron en ella.

La segunda gran columna del libro es la pintura. Las imágenes incluidas no funcionan como un simple acompañamiento decorativo, sino como una prolongación natural de la poesía. El propio título, Entre versos y pinceles, define con claridad esa doble vocación. En sus cuadros se advierte una sensibilidad intuitiva, un gusto por el color, por los rostros expresivos, por los paisajes y por ciertas escenas cargadas de simbolismo. La autora no separa la palabra de la imagen: ambas nacen del mismo lugar interior.

Desde el punto de vista estrictamente literario, el libro no debe leerse buscando perfección académica ni rigidez formal. Su valor está en otra parte. Está en la frescura de una voz que no pretende disfrazarse, en la emoción desnuda, en la capacidad de transformar una vida humilde en materia artística. Precisamente ahí reside su fuerza: en que cada poema parece escrito sin cálculo, con la urgencia de quien necesita dejar constancia de lo que ha amado, sufrido, perdido y esperado.

Entre versos y pinceles es, en definitiva, una obra de verdad humana. Un libro que demuestra que la creación no tiene edad, que los sueños pueden demorarse sin morir y que toda vida, incluso la más silenciosa, guarda dentro una reserva de belleza. María Paula de la Rosa Pérez nos entrega sus recuerdos, sus heridas, sus nostalgias y sus colores. Y lo hace con una sinceridad que desarma.

Al cerrar el libro, queda la sensación de haber acompañado a una mujer en el acto valiente de abrir su mundo interior. Esa es, para mí, la mayor virtud de esta obra: no busca aparentar más de lo que es, pero precisamente por eso consigue ser mucho más. Es un libro sencillo, sí, pero no menor; humilde, pero lleno de alma; tardío en su llegada, pero profundamente necesario para quien lo ha escrito y valioso para quien se atreva a leerlo con sensibilidad.

José Escriba
Ciudadano del Mundo

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