RECUERDOS
Marcelino Arellano Alabarces homenajea a Federico García Lorca en Recuerdos, un poema de dolor y memoria que evoca su muerte en Granada y proclama que su voz y su Romancero continúan vivos entre los poetas y las generaciones posteriores.

Marcelino Arellano Alabarces Palma de Mallorca
RECUERDOS
IA Federico García Lorca
lo mataron de madrugada…
Lloraron las campanas.
Las campanas enmudecieron.
Un tabletear de muerte
rompió el silencio.
Enmudeció. Enmudecieron
las escarchas en los olivos
se durmieron.
En Víznar…
Me lo dijeron
junto al puente,
en medio…
Lo hirieron y bebieron su sangre,
las rosas de los vientos.
A lo lejos,
dos ángeles llevaban a Federico
al cielo.
I IEn Granada
lloran los cipreses
en los huertos.
En los huertos
de mis recuerdos.
Llora la luna
de madrugada
su sangre caliente
derramada.
Tapad la herida,
tapadla,
que se está escapando
el romancero.
Y lloran y gritan
los cipreses en los huertos.
Tintinea en el vaso
la risa
de tu hiedra carcomida.
¡Esta es, ni más ni menos,
la bala, cantinero,
con que he matado el romancero!
¡Muerto! ¿Está muerto!
¿Dónde está enterrado?
En mi corazón lamento.
Alberti, Aleixandre, Arellano,
Gerardo Diego, Damián, Neruda,
Altolaguirre, Celaya…Poetas todos,
en vosotros y en mí…
¡Vive el romancero!
I I IQue callen,
que callen todas
las campanas de mi pueblo.
Que saquen
las viejas sus pañuelos,
que lloren… que lloren
su muerte, nuestra muerte.
Por la vega lo llevan,
lo llevan a Granada.
Su Granada de guitarras,
de canciones y de zambras.
Callad. Y si callamos
morirá de nuevo
y brotará la sangre
de su herida amarga.
Y se truncó mi llanto,
y mi alegría, sin quererlo,
se volvió pena.
Y no puedo olvidar.
Debo maldecir,
no debo silenciar
su pena su muerte.
(1985)
