LA SILLA VACÍA
“La silla vacía”, de Lola García Jaramillo, es un poema que retrata la soledad no elegida y el anhelo de compañía y reconocimiento.

Yo no elegí a esta compañera
que se sienta cada tarde a mi lado.
No es la soledad del que se encierra
para escribir o para estar callado.
Es la soledad que llega si aviso,
como llega el invierno a la ventana.
La que vacía el cuarto y el postigo,
la que apaga la voz de la mañana.
Antes había ruido de pasos cortos
de tazas que chocaban en la mesa.
Antes había nombres en mis soportes
y una mano que remendaba las piezas.
Ahora el reloj es el único que habla
y habla bajito para no asustar.
Me va contando las horas que me faltan
mientras aprende a no preguntar.
Las calles ya no dicen mi nombre,
los días pasan como trenes sin paradas,
y yo guardo en el cajón de la cómoda
fotografías que se van volviendo “nada”.
No quiero lástima, quiero un momento
un “¿Cómo estás? que no sea rutina,
un dedo que me ajuste el abrigo al viento
o una mirada que no mire de esquina.
Porque lo más duro no es que duela el cuerpo
ni que la memoria se vaya borrando,
es sentir que ya no le importo al tiempo,
o que mi historia se quedó soñando.
Pero aun me queda el cielo por la tarde.
ese color naranja que no se apaga.
y si alguien pasa y mi nombre arde,
que se detenga, que se quede, que me hable.

