Portada » La memoria de la piel
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Con solo pronunciar tu nombre
mi piel se eriza y palpita.
Se reaviva la memoria
y el recuerdo cobra vida.

Un trémulo cosquilleo
recorre suave mi cuerpo.
Cada poro gime extasiado
y de repente, me pierdo.

Entre caricias infinitas,
entre pétalos y cielo;
entre aquel áspero adiós,
entre tus espinas me pierdo.

Grabaste tu impronta en mí
tatuando a fuego tu esencia
y aun sin tenerte a mi lado
puedo sentir tu presencia.

Mis dedos invocan los tuyos
que aparecen cual fantasmas
y en una danza invisible,
ávidos de ti, te claman.

La carne te evoca en silencio,
rea de tu embriagador tacto
porque el amor que es eterno
vive en el alma y en las manos.

Inmaculada González Mancera

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3 pensamientos sobre “La memoria de la piel

  1. Ehorabuena Inmaculada, pues reflejas muy bien como la esencia de una persona puede quedar tatuada en nuestra piel para siempre. Precioso poema.

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