La memoria de la piel
“La memoria de la piel”, de Inmaculada González, es un poema sensual y emotivo sobre la huella imborrable que dejan el amor, las caricias y una presencia que continúa viva pese a la ausencia.

Con solo pronunciar tu nombre
mi piel se eriza y palpita.
Se reaviva la memoria
y el recuerdo cobra vida.
Un trémulo cosquilleo
recorre suave mi cuerpo.
Cada poro gime extasiado
y de repente, me pierdo.
Entre caricias infinitas,
entre pétalos y cielo;
entre aquel áspero adiós,
entre tus espinas me pierdo.
Grabaste tu impronta en mí
tatuando a fuego tu esencia
y aun sin tenerte a mi lado
puedo sentir tu presencia.
Mis dedos invocan los tuyos
que aparecen cual fantasmas
y en una danza invisible,
ávidos de ti, te claman.
La carne te evoca en silencio,
rea de tu embriagador tacto
porque el amor que es eterno
vive en el alma y en las manos.

