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ENTREVISTA A CARMEN ISASI MARTÍNEZ

1.- Carmen Isasi Martínez web

Carmen Isasi, que se define como bilbaína de nacimiento y vocación, es doctora en Filología Hispánica y titulada superior de Música. Ha desarrollado su actividad como docente e investigadora en la Universidad de Deusto. Experta en el estudio del castellano norteño, cuenta también con una amplia bibliografía concerniente a la edición de textos, tanto en lo relativo al patrimonio documental castellano como a la literatura didáctica del Siglo de Oro. En esta faceta académica, sus últimas publicaciones se vinculan a su participación en el grupo de investigación GHEN del Centro de ciencias humanas y sociales del CSIC de Madrid, así como con la red internacional CHARTA.

Se inició en la literatura de creación en el ámbito de la narrativa infantil y juvenil en el año 2018 con la edición (en colaboración con la diseñadora Maika Prado) de El gato que era muy gato,libro de cuentos dirigidos a niños prelectores o lectores de primaria. En 2019 publicó Cuando Irene Mira. Cuentos para mamás y papás (Editorial CCS), que se inscribe en el ámbito de la literatura didáctica.

Mujer en siete pronombres, su primer poemario, editado por Literarte editorial. De temática variada, sus versos muestran las diferentes emociones que visten al ser humano. En la cercanía, se muestra una mujer luchadora, superviviente, con carácter, con entusiasmo, con honestidad y mucha coherencia –algo difícil de encontrar en los tiempos que corren–. Su palabra está siempre aderezada de un gran sentido del humor, ironía e inteligencia.

¿Por qué eligió la carrera de Filología Hispánica?

Por circunstancias. Mis primeras opciones eran Ciencias exactas o Medicina, pero en Bilbao no se podían cursar aún, cuando tuve que elegir. Así que, como la literatura siempre me había interesado también, acabé siendo una estudiante de letras.

Usted ha desarrollado su actividad profesional como docente e investigadora. ¿Cómo describiría la labor de investigación?

Imprescindible en la universidad, no solo por lo que se aporte al progreso de cualquier campo, sino porque también impregna la perspectiva docente. Digamos, por ejemplo, que parece difícil que un investigador sea dogmático.

Y después de su experiencia –de pasar tantos años en las aulas–: ¿cree que se cuida el lenguaje?

No conviene generalizar. Se debería cuidar en ciertas situaciones comunicativas y, desde luego, en los medios escritos. Pero la oralidad siempre ha seguido sus propios derroteros. Es el abono de las innovaciones.

Ha presentado hace poco, su primer poemario Mujer en siete pronombres. ¿Qué le llevó a escribir poesía?

He escrito poesía desde hace décadas, muy esporádicamente. Pero cuando, ya jubilada, decidí interrumpir mi actividad investigadora, la escritura de creación reclamó su espacio.

Usted es titulada superior en Música. ¿Considera que quienes tenemos conocimientos musicales, estos afectan a nuestra obra literaria y por ello, tienen los textos una musicalidad que el lector detecta?

Parece razonable pensar que, al menos, tengamos en buen uso el sentido del ritmo, sí.

Cuáles son los poetas, clásicos y actuales que más han influido en usted?

Difícil respuesta. Puedo señalar algunos por los que tengo una admiración consciente. Quevedo, San Juan de la Cruz, Brines.

¿Cómo ve el panorama literario lírico en la actualidad?

Fructífero, y con una destacadísima presencia de voces jóvenes que contradicen la idea de que la escritura no interesa. Interesa, y convive muy bien con los medios digitales.

Es además experta en el estudio del castellano norteño. Coméntenos algunas de las características que tiene.

Dados los márgenes de la respuesta, señalaré por encima de todo su pluralidad, en el tiempo y en el espacio, y las diversas fuerzas que convergen en su evolución: modelos notariales, contacto con otras variedades o con lenguas –como el euskera, en algunas de sus áreas–, entre otros muchos factores.

¿Cómo ha sido la experiencia con su primer poemario?

Ha sido muy gratificante, sobre todo, llevarlo a término y darlo a la luz. Diríamos que reclamaba lectores.

¿Qué le resultó más arduo en la elaboración del mismo: los temas, la estructura, el título o las galeradas?

Dado que su gestación fue fragmentada, debo decir que lo más trabajoso fue darle una estructura coherente e incluso un título. En cambio, corregir ‘galeradas’, o sus equivalentes actuales, es tedioso, pero, en esa fase, un buen diálogo con la parte editorial, como sucedió en mi caso, alivia el esfuerzo.

Mujer en siete pronombres, es un poemario escrito con un lenguaje exquisito, de temática muy variada, donde la mujer está representada a través de esos siete pronombres. ¿Fue algo aleatorio o preconcebido, antes de escribirlo?

Como acabo de señalar, el poemario fue surgiendo de forma discontinua, sin premeditación. Por eso resultó tan interesante, a posteriori, darle una estructura unitaria. En esa fase descubrí yo misma la presencia de recurrencias, de esas temáticas que lo vertebran.

El poemario trata de esas emociones que visten al ser humano: el amor, la entrega, la espera, los sueños, los momentos de caídas, de dudas, en definitiva, nos muestra momentos de debilidad y momentos de supervivencia –es la vida–. ¿Cree que el artista, por el hecho de serlo, tiene una visión diferente de las cosas?

No me atrevería a afirmarlo. Lo que tiene, desde luego, es una manera propia de expresarla.

También en el poemario, tiene una gran presencia la risa, la esperanza. ¿Es necesario el humor para sobrevivir?

Sin duda, al menos para mí. Probablemente, esa risa que aparece en varios poemas es, en cierto modo, la voz de la resiliencia.

Además, hay poemas dedicados a otros poetas como, por ejemplo, Rubén Darío, Gloria Fuertes, o el propio poeta vasco Sergio Oiarzabal. ¿Qué le hizo elegirlos para que fueran estos los destinatarios de sus dedicatorias?

En la mayor parte de los casos, como los del propio Darío o Sergio Oiarzabal, el hecho de que sus textos funcionaron como inspiradores de algún poema. En otros, como Gloria Fuertes, que también se ha mencionado, más bien por una coincidencia temática o de tono.

Pero no solo ha escrito obra ensayística, de investigación y poesía, sino que también ha escrito obra infantil y juvenil: muestra de ello son sus dos libros El gato que era muy gato (2018) y Cuando Irene mira. Cuentos para mamás y papás (2019). ¿Por qué incursionó en la literatura infantil?

Esa faceta surgió de una experiencia vital muy concreta: mi actividad de abuela inventora de historias.

¿Son más exigentes los lectores infantiles que los adultos?

Desde luego, de manera indirecta. El destinatario condiciona con mayor fuerza la elección temática, el desarrollo y, sobre todo, el modo de expresión.

Y usted, ¿en qué registro se encuentra más cómoda al escribir: en la poesía, en la narrativa o en la literatura infantil?

Depende de la inspiración, pero la poesía me produce una gratificación especial.

¿Es una escritora disciplinada?

En absoluto. Escribo por impulsos. Al dictado de las musas, vamos, como hubiera dicho un clásico.

¿Hay épocas más inspiradoras que otras?

Diría que hay momentos más inspiradores. Los del silencio mental, sobre todo. Por eso, en mi caso, la actividad académica interfería fuertemente con esta otra faceta.

¿Opina que “el poeta es un fingidor” como decía Pessoa?

Síííí. Ya lo he expresado alguna vez. Incluso en la poesía de apariencia más intimista cabe una mentira. Una transformación, se podría decir mejor.

Creo, corríjame si me equivoco, que también tiene relatos escritos. ¿Es este un género, el del relato y microrrelato, más sencillo o más complicado?

Según mi experiencia, un microrrelato es un texto de escritura fácil: nace ya formado en la mente antes de pasar a los dedos. Un relato breve, en cambio, es en su origen la invención de un germen que necesita desarrollo.

Su experiencia como docente e investigadora ¿ha aportado e influido en su escritura?

Tal vez por el contacto con tantas personas a lo largo de los años.

¿Qué le gustaría encontrar En el mundo de Alicia?

Esa libertad imaginativa creadora de otros mundos.

¿Qué salvaría de Los días oscuros que, a veces, nos toca vivir?

La empatía de quienes están ahí para apoyarnos.

En esa Futuridad Dorada, Carmen Isasi ¿ha logrado encontrarse a sí misma?

Ojalá. Pero ya hemos hablado antes de las mentiras… dejemos que la futuridad lo siga siendo. Convertirla en un logro sería destruirla.

¿Qué Himno deberíamos tener siempre presente? (metafóricamente hablando)
Un himno… suena muy solemne. Dejémoslo en una melodía romántica, Greensleeves, preferiblemente con una de sus letras modernas: Home in the Meadow. Es una buena compañía.

No puedo cerrar esta entrevista sin especificar que el año pasado ha editado, igualmente con Literarte, el libro de relatos MUJERES EN EL BORDE, recopilación de relatos donde ellas –las mujeres– son las auténticas protagonistas. Un libro de temática heterogénea, muy real, también futurista y que ha tenido muy buena acogida en el mercado y por los lectores-as.

María José Mielgo Busturia

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