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DIARIO DE UN POETA – EL DÍA QUE CONOCÍ A LA POETA Y PROFESORA DOÑA MARÍA FRANCISCA MOSCARDÓ RAMIS DE AYREFLOR

Marcelino Arellano Alabarces recuerda a María Francisca Moscardó Ramis de Ayreflor, poeta y catedrática de Filosofía mallorquina, destacando su cultura, elegancia, generosidad y decisiva colaboración en la vida literaria y cultural de Mallorca.

MARÍA FRANCISCA MOSCARDÓ  web

Gran señora y magnífica persona, María Francisca tenía un carácter amigable, siempre disponía de una cierta sonrisa casi evangélica. Alta y de figura fina, su porte era siempre distinguido y aristócrata, no en balde ella descendía de una familia ilustre de Mallorca. Debo reconocer que me encantaba escucharla hablar, en donde se comprobaba su inmensa cultura.

        María Francisca Moscardó Ramis de Ayreflor nació en la población de Artá (Mallorca) en 1930, y falleció en Palma en 2007. Vivía en una zona privilegiada de Palma, cerca a la plaza de Santa Eulalia, casco antiguo de Palma, en donde suelen vivir la mayoría de las antiguas familias nobles y de más poder adquisitivo de Mallorca. Hoy, desgraciadamente, esas antiguas casas señoriales las van comprando extranjeros que nunca llegarán a saber la historia de esa casa. Pero así es la vida. Todo está bajo el paradigma de la oferta y la demanda.

        María Francisca, además de una gran poeta, era catedrática de Filosofía. Debí conocerla sobre el año 1980, posiblemente en uno de los actos poéticos que organizaba -por entonces- el poeta y amigo Esteban Pisón. Por aquellas fechas se suscribió a la Agrupación Hispana de Escritores, un servidor era en aquellos momentos el presidente-delegado para las Islas Baleares. Fue un miembro destacado con sus colaboraciones en la revista Sa Roqueta.

        Al fundar un servidor la revista Arboleda, ella llegó a ser un miembro imprescindible, recuerdo todavía el escrito que escribió como editorial para un número de dicha revista, concretamente el número 40 (marzo de 1996). Para esta envidiable efeméride no precisa atavíos de gala, ¡son tan bellas sus vestiduras naturales! Diez años ya rotando como una noria por las cuatro estaciones; sorbiendo el oro viejo y el incendio de cobre del otoño

        Publicó unos cuantos libros de poesía, el día 28 de marzo del 1988 presentó -quizás, para mí- su libro más importante, en donde se descubre una poesía más madura y llena de recursos literarios. Es un libro que muy bien podemos enmarcarlo dentro del cofre de oro de la mejor poesía femenina de las últimas décadas del siglo XX. Ese libro fue presentando por un gran poeta como lo es Alfonso Monteagudo y el gran escritor mallorquín Gabriel Janer Manila. Acto al que acudieron infinidad de personas. La ocasión lo requería.

        Como ya he escrito, siempre que recurrí a María Francisca para que participara en algún acto cultural que organizábamos y le pedía su colaboración, ella aceptaba, por ello un año fue la presentadora de la cena y entrega de la A de plata a distintas personalidades de la cultura, la política, el mundo de la empresa y de los Servicios Sociales. Hizo una presentación impecable con estilo y señorío.

        Algunas veces -como es costumbre-, los que la conocíamos hablábamos de su soledad, ya que ella vivía sola, acompañada según me comentaron de sus inseparables gatos. Le gustaba bañarse en el mar cada día, tanto si era invierno como verano, en eso se le parecía al poeta Esteban Pisón, que, según me dijeron personas que lo conocían muy bien, lo hacía cada mañana, delante de la casa que tenía junto al mar, en el término de Calvià, de nombre la Ínsula.

        Gracias, María Francisca, por tu ayuda, tus consejos y tus indicaciones para que la revista Arboleda tuviese una trayectoria segura y llena de éxitos.

Marcelino Arellano

A C.J. CELA, POETA

Pisaste “La dudosa luz del día”

en Iría Flavia. Pronto en tu alma inquieta

revelase la musa del poeta

paisano de la insigne Rosalía.

La del alba aun no era ni sería

y partiste; la Alcarria como meta.

Hoy con la alforja de su miel repleta

pisas firme la luz del mediodía.

Y prosigues tu vida laboriosa;

más novelas nos brindas, “Nuevo viaje…”

El verbo es para ti, gema preciosa.

Gracias por trabajar así el lenguaje

hasta lograr su talla más hermosa.

¡Gracias por aceptar este homenaje!

María Francisca Moscardó Ramis de Ayreflor

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