DESPERTAR DE UN SUEÑO

Javier Serra
Hoy les digo a ustedes, amigos míos, que a pesar de las dificultades del momento, yo aún tengo un sueño…
El eco de las famosas palabras de Martin Luther King no se ha apagado, y yo sueño con que se retire de la cartelera este remake que estamos presenciando hoy en día de lo acontecido con Adolf Hitler cuando llegó al poder en Alemania el 30 de enero de 1933.
Sueño con que el líder mundial que dispone a su cargo del mayor poder militar del mundo no se apropie del término Lebensraum (“espacio vital”) que utilizara aquel Führer para justificar la invasión de sus países vecinos, ni ponga en marcha políticas imperialistas y expansionistas como hiciera su homólogo alemán en el pasado. Sueño con que ese líder mundial no utilice la misma excusa con Canadá, Panamá, México y Groenlandia. Sueño con que Gaza no sea una Riviera a costa de un genocidio, y con que Ucrania vuelva a ser un país libre y soberano.
Sueño con que cierto líder mundial no busque enemigos interiores para justificar purgas, deportaciones sin proceso judicial y campos de concentración donde se encarcele indiscriminadamente a “criminales” y “enemigos del sistema” y “comedores de mascotas”, como hizo Hitler ya a partir de 1933 (creo que lo de las mascotas no se le ocurrió), nada más tocar poder y mucho antes de que los campos de concentración se hicieran tristemente famosos durante el Holocausto. Sueño con que no se utilice a los migrantes como chivo expiatorio, o a cualquier otra minoría, para idéntico fin, ni a Guantánamo como el primero de estos campos.
Sueño con que no se repita la puesta en marcha de la Gleichschaltung («sincronización»), que constituyó el mecanismo principal para alinear todas las instituciones sociales, económicas y culturales con los objetivos nazis. Este proceso de coordinación forzosa se implementó mediante varias estrategias paralelas, que incluían la Ley para la Restauración del Servicio Civil Profesional de abril de 1933, que permitió la purga de funcionarios no adeptos al nuevo régimen, y que permitió el reemplazo del 85 % de jueces y fiscales por miembros o simpatizantes del partido. Y el control cultural con la Ley de prensa del Reich, que sometió a los medios de comunicación a censura previa. La Cámara de Cultura del Reich, dirigida por Joseph Goebbels, centralizó todas las actividades artísticas bajo supervisión nazi. Sueño que un nuevo líder mundial que no lance comunicados en redes sociales asegurando que nombrará como “embajadores especiales” a actores afines a su ideología en Hollywood, la fábrica de sueños, sí, a la que califica de “grandiosa, pero muy conflictiva”. Sueño con que no impida la entrada a los medios de comunicación no afines a sus ruedas de prensa, ni que el control que ejerce sobre las cámaras le permita manejar a su antojo el poder judicial.
Sueño con que no se vuelvan a utilizar lemas básicos, simplistas y torticeros para desencadenar el furor popular acrítico, como el “¡Alemania, despierta!” utilizado por los nazis y que incentivaban a reportar comportamientos “antipatrióticos”. Sueño con que un líder mundial, amparado en el Let’s make America (que “bonita” forma de tomar la parte por el todo) Great again!, no clasifique a todos quienes no piensan como él bajo una misma etiqueta, por ejemplo woke, que sirva para señalarlos, como la estrella de David fue utilizada con los judíos durante el nazismo.
Sueño con que no llegue un nuevo y blanqueado —como los sepulcros— Goebbels, el profeta de los influencers, que, además de querer controlar todos los datos de los funcionarios del Estado (forma nada velada de amenaza y coerción para que nadie proteste o se oponga a los designios del jefe), acapare el control del medio de comunicación de masas por excelencia entre los jóvenes, las redes sociales. Sueño con que no se permita la dispersión de bulos, fake news, desinformación y mensajes de odio para alinear a la población joven con sus tesis. Es una “X”, una gran incógnita, si eso se está produciendo ya. Sería un gran Elon. Perdón, “error”. Pobre exministro de Propaganda, debe revolverse de envidia en su tumba pensando “¡Yo solo contaba con la radio, pero estos tipos poseen algoritmos e inteligencia artificial!”
Sueño con que el nuevo líder mundial no llegue a imitar por completo los comportamientos que causaron la devastación nazi. Que no se legalice lo ilegal, ni se normalicen las aberraciones, ni se destruya internamente las instituciones, ni se pervierta la democracia para transformarla no demasiado sibilinamente en una dictadura, ni que se adoctrine masivamente a la población. Pero me temo que vamos en la dirección contraria.
Goebbels desarrolló un aparato de comunicación basado en siete principios: simplificación, repetición, transfusión emocional, unanimidad, orquestación, saturación y contagio. Sueño con que eso no se repita hoy, pero al reflexionar sobre el significado de estos conceptos y mirar a mi alrededor, compruebo lo rápido que puede desvanecerse un sueño y lo duro que puede ser el despertar.