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Ardiente Secreto (Burning Secret) Stefan Zweig

Diego Nieto nos acerca a *Ardiente Secreto*, de Stefan Zweig, una intensa novela psicológica sobre el deseo, los celos y el descubrimiento del mundo adulto a través de la mirada de un niño.

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Stefan Zweig es de esos autores que de pequeño ya oía elogiar en mi casa, sobre todo a mi padre, que dicho sea de paso me recomendó varias lecturas, todas ellas acertadas a mi gusto (la genética, quizás). Así, temprano (tal vez doce, tal vez trece años) abrí las páginas de un viejo libro ajado y deshojado que habría leído algún perro atrevido y rebelde: Momentos Estelares de la Humanidad. Una joya. Y quedó Stefan Zweig ya catalogado como uno de mis escritores favoritos. Con los años aprendería que ese autor no era sólo ese libro. Leí varias de sus obras, si bien unas más que otras, todas a mi gusto. Recientemente volví a una de ellas, bajada de Project Gutenberg  http://www.gutenberg.org/ebooks/45755: Burning Secret (Ardiente Secreto) que quizás te suene como El secreto en llamas (1988), un excelente remake del original austro-alemán de 1933, con Klaus María Brandauer, Faye Dunaway y David Eberts.

La novela trata, básicamente, del descubrimiento del secreto de la vida a una temprana edad (12 años). Para ello Zweig recurre a un mujeriego de éxito y a una insatisfecha mujer casada. Y en medio: el niño. Él (el mujeriego) es descrito como «… un joven bien parecido siempre preparado para una nueva experiencia. Era el tipo de hombre que está siempre ojo avizor a la oportunidad de lanzarse a una aventura por el simple hecho de su novedad» (traducción libre de este autor); en tanto que ella «Se encontraba en esa edad decisiva en la que una mujer empieza a lamentar el hecho de haberse mantenido fiel a un marido al que al fin y al cabo nunca ha querido, y en la que el purpúreo crepúsculo de su belleza le concede una última y apremiante elección entre lo maternal y lo femenino»(de la versión española en Acantilado); y el niño, Edgar, simplemente como «un niño pequeño, pálido en un traje de terciopelo negro».

Esos tres personajes bastan a Zweig para desarrollar la acción durante unas 60 páginas (depende edición, claro). Los personajes se mueven, se buscan, se encuentran, esquivan, en un lugar reducido: un hotel de montaña, un sanatorium, que se ha prescrito al niño para su cura (recuérdese la posterior novela de Thomas Mann La Montaña Mágica de 1924). La novela puede ser definida como ficción psicológica. Los personajes pasan de la atracción a la necesidad, de la indiferencia al amor, de la admiración a los celos y el odio.   

La aparición de los personajes en escena (sí, entran en escena como en el teatro) es magistral. Él, el seductor, llega en tren. Enclavado en las montañas está el hotel (el escenario) en el que «There was no partner for a game here—that the baron’s experienced eye instantly detected. (No había compañera de juegos aquí –eso, la mirada experimentada del barón lo detectó enseguida» –traducción libre mía): nueve párrafos; ella, en cambio, es presentada a través de ese personaje como un sonido: «Suddenly he heard the rustling of a dress and a woman’s voice… (De repente oyó el frufrú de un vestido y una voz de mujer…)» para pasar a la imagen visual «A tall voluptuous figure in silk crackled by his table,… (Una figura alta y voluptuosa vestida de seda pasó crujiendo junto a su mesa)». Ahí arranca.

Stefan Zweig nacio en Viena en 1881 y murió en Petrópolis (Brasil)  en 1942.

Versión española en la red https://www.elejandria.com/libro/ardiente-secreto/zweig-stefan/2295

Diego Nieto Marcó

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