El día 11 de febrero, con motivo de la exposición del pintor valenciano Rafael Valero en Valencia, fui invitada a participar en una “mesa redonda” como poetisa, para opinar sobre aspectos relativos a la obra del citado pintor, en dicho debate tomábamos parte: Un catedrático de Bellas Artes, una catedrática de Historia del Arte, un matemático, un escultor, un pintor musical, una farmacéutica, un torero, y como integrante del mundo poético-literario, me eligieron a mí. Cada cual, desde su perspectiva, efectuaba las apreciaciones y valoraciones que consideraba oportunas. Don Lorenzo Berenguer, periodista, crítico de arte, autor de obras enciclopédicas sobre pintores de la Comunidad Valenciana y director de una revista de arte, era el moderador del debate, procediendo a la apertura del acto y a organizar el turno de palabra de los que tenían que intervenir en el mismo.
Desde mi punto de vista, procedí a la lectura de un extenso poema sobre la obra pictórica del señor Valero, poema elaborado el día anterior a partir de visualizar y fotografiar todos los cuadros de la exposición, teniendo en cuenta las preferencias del artista, el tema arquitectónico, los rasgos de carácter geométrico en su pintura, la luminosidad, la superposición de planos, el sombreado, etc., en definitiva el perfeccionismo atribuible a su obra, reconociendo su gran capacidad para dar vida a monumentos relevantes de la arquitectura de nuestra ciudad, que constituyen un gran capital emblemático de carácter histórico-artístico y han sido erigidos en el transcurso de los siglos. También, como susceptibles de valoración, aparecen sus obras relativas a jardinería y arbolado, bodegones y las que se refieren a pequeñas entidades de población, en donde el blanco es el elemento a destacar por su viveza y realismo. Por lo tanto, se trata de una obra pictórica capaz de transmitir sensaciones, emociones y sentimientos. Por eso es por lo que, desde la sencillez de estas líneas, le transmito al pintor mi más expresiva y afectuosa felicitación.

