MIRADA AL PASADO – La tragedia de Hiroshima y Nagasaki
Artículo histórico de José María Escribano Muñoz sobre Hiroshima y Nagasaki, una mirada al pasado que recuerda la tragedia nuclear, sus víctimas, los hibakusha y las secuelas humanas de los bombardeos atómicos.

Panorámica del desastre
Aprovechando la visita a Japón de Juanan y Arantza, colaboradores en trabajos anteriores, como los de Egipto entre otros, y teniendo en cuenta que en esta sección no habíamos tratado el tema de los bombardeos atómicos sobre Hiroshima y Nagasaki, creo conveniente y necesario, ante los tiempos tan convulsos que vivimos, traer a la memoria, uno de los intentos más importantes, que el ser humano ha llevado a cabo contra la humanidad.
Loa bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, al igual que ocurrió con el bombardeo de Guernica, fue un ensayo militar para medir las consecuencias sobre la población, de un arma nueva y por lo tanto desconocidos sus efectos. En el caso que nos ocupa, solo se tenían mediciones potenciales sobre el territorio, en una zona desértica, pero no sobre la población civil, que era lo que faltaba; como suele ocurrir normalmente, concurrieron varias circunstancia, la principal sin duda el ámbito de decisión, en este caso un presidente como Truman, con escasos conocimientos para afrontar los destinos, de una de las potencias económicas más importantes a nivel mundial; lo que da consistencia a la teoría del ensayo, es precisamente tener en cuenta, como en ese momento la guerra no estaba siendo favorable para Japón, lo que hacía que el cuerpo diplomático nipón, ya tenía abiertas negociaciones, para llegar a una firma de finalización de la guerra.

El efecto sobre la población de los bombardeos, en una primera fase, se puede considerar terrible por su crueldad, pero quizá lo más terrorífico, estaría por llegar para los sobrevivientes, con una carga de enfermedades de diferente tipos de canceres, a las que se les unió la estigmatización, como grupo, creándose un calificativo que fueron arrastrando como una pesada losa, a lo largo de su vida, los “hibakuska”, con este nombre eran conocidos los sobrevivientes, unos apestados a los que por desconocimiento se les temía, como posible foco de contagio. No fue hasta finales delo siglo XX y principios del XXI, cuando una vez comprobadas las consecuencias y como tratarlas, cuando se les comenzó a prestar ayuda por parte del gobierno nipón, pero debemos tener en cuenta, que nunca recibieron la menor ayuda ni consideración por parte de los Estados Unidos, sobre los que sin duda recae toda la responsabilidad, de semejante atentado. A lo largo del presente artículo, trataremos de hacer un repaso tanto a los efectos inmediatos del bombardeo, como a sus secuelas, culminando con una reflexión sobre el peligro de la amenaza nuclear.

Antecedentes:
El 16 de julio de 1945 en el desierto de Arizona, Nuevo México; por vez primera en la historia de la humanidad, se llevó a cabo la explosión de una bomba atómica, como parte de las pruebas que contemplaba el proyecto Manhattan, este primer ensayo fue para medir la capacidad de destrucción, pero faltaba por comprobar los efectos sobre la población civil.
El proyecto Manhattan hasta aquel momento, era el más ambicioso de todos cuantos había llevado a cabo la administración estadounidense, como objetivo primordial, estaba experimentar la bomba nuclear, midiendo sus efectos entre la población civil. Dicho plan se pone en marcha el 17 de septiembre de 1942; su director era el general Leslie Groves, que el 4 de marzo del año 1945, recibe el encargo del jefe del Estado Mayor estadounidense, James C. Marshall, de buscar posible objetivos, con el fin de experimentar la bomba nuclear. En principio fueron seleccionadas cuatro ciudades, entre las que estaban, Hiroshima, Kokura, Kioto y Niigata, pero el secretario de guerra Henry L. Stimson, protesto por la inclusión de Kioto entre las seleccionadas, su principal argumento fue que era el centro religioso y cultural más importante de Japón, lo que crearía un problema difícil de asumir, entre la población japonesa, fue entonces cuando, se quita a Kioto y se le sustituye por Nagasaki.
El 9 de marzo de 1945 la aviación estadounidense, en un bombardeo con napalm M69, destruyó una gran parte de Tokio, con un saldo entre la población civil de más de 80.000 muertos y cerca de 200.000 heridos de diversa consideración. Esto que incluso en la legislación de guerra, no está permitido, siendo considerado como crímenes de guerra; sin embargo entre los aliados, para ninguno de ellos supuso la más mínima repulsa, todos a una, miraron a otro lado, lo que sin duda dio carta blanca a Estados Unidos, para lo que vendría después.
La situación convulsa que siempre origina una guerra; proporcionaba el mejor de los climas para cometer atrocidades, sin recibir a cambio, ningún tipo de protesta entre la población, por lo general dentro de un escenario bélico, donde la propaganda ocupa el lugar de la información, el relato es muy ambiguo, cualquier atrocidad se considera, normalizado en la población, como efectos lógicos de la guerra, situación que suele ser aprovechada por los contendientes, para llevar a cabo actuaciones que en tiempos de paz le sería imposible realizar.
El momento elegido por Estados Unidos, para llevar a cabo los bombardeos no fue casual, las defensas aéreas niponas muy diezmadas, lo que propiciaban una cierta libertad de movimientos para los aviones estadounidenses; sin duda fue fundamental para asegurarse el éxito de la operación, prevista de forma minuciosa dentro del Plan Manhattan, operación vendida entre los aliados, como una acción más para lograr la rendición de Japón.

Hiroshima:
Aquel 6 de agosto de 1945, la ciudad de Hiroshima acababa de despertarse, eran la 8,15 horas (año 20 de la era Showa), cuando un avión estadounidense, sobrevolaba la ciudad nipona, los servicios de detección aérea brillaron por su ausencia, con esta ventaja en cuanto a su seguridad, el B-29 con el nombre de Enola Gay, lanza la bomba cuyo nombre era la Little Boy, con su carga de 4,4 toneladas de peso y 64 kilos de uranio, su detonación supuso una potencia aproximada de 16 kilotones de trinitrolueno (TNT) y con una intensidad mayor al equivalente a mil relámpagos, en un instante acabo con la vida de más de 70.000 personas, con una cifra aproximada de 150.000 heridos de “diversa gravedad” y esto lo entrecomillo, porque las secuelas fueron una constante durante décadas. La tripulación del B-29 estaba compuesta por; al mando el coronel Paul Tibbets, que lo pilotaba, el también coronel Thomas W. Ferebee, experto en bombardeos, el capitán Theodore J. Van Kink, copiloto, y el capitán Rober Lewis, oficial de tripulación.
En cuanto al hongo de la muerte, se alzó sobre el cielo de Japón, los autores del lanzamiento, informaron al presidente Truman, que en esos momentos se encontraba viajando de Potsuam a Estados Unidos a bordo del Augusta; la primera reacción del presidente fue…
“Esto es lo más grande de la historia, es tiempo de volver a casa”.

Nagasaki:
Esta población como señalamos con anterioridad, entró en los planes de Estados Unidos, como consecuencia del descarte de Kioto, ya que no entraba dentro de los objetivos iníciales, donde se habían seleccionado cuatro ciudades, entre las que no aparecía Nagasaki, pero incluso de no ser por complicaciones meteorológicas, tampoco había sido la ciudad elegida, ya que la población elegida ese día era la ciudad de Kokura y no Nagasaki, se puede decir que fue un cumulo de circunstancias la que hizo, que Nagasaki entrara en los planes de lanzamiento de la bomba nuclear.
En principio este segundo lanzamiento, estaba previsto para el 11 de agosto; sin embargo se adelanto al 9 de agosto, a las 2,56 horas de la madrugada, despegó de la isla de Tinian, el B-29, bautizado como “Bocks Car”, durante el vuelo el mecánico de la nave informa de una avería en una de las bombas de combustible, por lo que la operación estuvo a punto de ser cancelada, pero sobre la marcha, en una labor de improvisación, fue activada la segunda bomba, que en este caso era de plutonio.
Eran las 11 horas de ese 9 de agosto, cuando el avión estaba sobre Nagasaki, la ciudad elegida para el castigo, el lanzamiento de esta bomba, ocasionó una liberación de energía equivalente a 20 kilotones de trinitrotolueno.

La rendición:
El 15 de agosto de 1945 el emperador Hirohito II, leyó por radio el Parte Imperial, sobre la terminación de la guerra. El 1 de septiembre Harry S. Truman anunció al mundo la rendición japonesa y el fin del conflicto bélico.
El 2 de septiembre el ministro de asuntos exteriores Mamoru Shigemitsu, firma el acta de rendición, en dicho documento se acompañan las firmas de los presidentes de las naciones aliadas, Estados Unidos, Unión Soviética, Reino Unido, Francia, Países Bajos, China, Australia, Nueva Zelanda y Canadá. (Este documento ponía fin a la Segunda Guerra Mundial).
Primeros testimonios:
Son innumerables los testimonios, de lo que fueron aquellos primeros instantes tras las explosiones tanto de Hiroshima como de Nagasaki; es cierto que los sobrevivientes, no estuvieron por la labor del relato, las causas son múltiples, desde la necesidad de dejar atrás el horror, hasta ocultar lo ocurrido por la estigmatización, que arrastraron después; sin embargo creo que uno de los muchos recogidos en la Asamblea General de los Derechos Humanos, que se celebró en París, el 10 de diciembre del año 1948, es de interés traerlo aquí, por la veracidad que aporta lo vivido en primera persona, y de cómo vivió la población aquellos primeros momentos tras las explosiones.
El testimonio del sobreviviente:
El testimonio procede de una víctima de Nagasaki; según relata en aquel momento con tan solo 16 años, para él era un día de descanso en la fábrica, por lo que aprovecho para visitar a su madre enferma, que estaba hospitalizada. “Decide tomar el tranvía que me acercaría hasta el hospital, nada más iniciar el recorrido, fuimos sorprendidos por un gran resplandor, que lo inundo todo, en principio pensé que podía deberse a una descarga eléctrica; en un acto reflejo salté desde el tranvía a la acera, justo en ese momento se produjo la onda expansiva, tras unos momentos de confusión, me di cuenta que respiraba, abrí los ojos, pero no vi nada, todo permanecía en la más absoluta oscuridad. No fui capaz de cuantificar el tiempo transcurrido, hasta que por fin pude recuperar la visión, el panorama a mi alrededor, era dantesco, rodeado de montañas de escombros”.
Este testigo en su relato cuenta, “el epicentro de la explosión, estaba situado a unos dos kilómetros de donde se encontraba, los pasajeros del tranvía, sufrieron enormes heridas, tras la explosión, el estallido de los cristales de las ventanillas del tranvía, habían impactado en los cuerpos de los pasajeros a modo de metralla, el maquinista murió en el acto, yo me salve por haber saltado al suelo, a consecuencia de la caída me lastime el pie, a pesar de lo cual, fui en busca de mi madre, la encontré y la cargue sobre mis espaldas, trasladándola a un lugar abierto”.
-El mismo testigo continua con su relato-, “una gran marcha de personas huían del fuego, era imposible distinguir el sexo ni la edad de ellas, parecían fantasmas que marchaban agonizantes; entre los continuos lamentos, palabras que reclamaban ayuda, ¡me duele! ¡Por favor ayudarme, me quemo!”,- tengo que reconocer que tuve que hacer un alto en la transcripción, por lo brutal del relato, tanto es así que creo conveniente, no profundizar en más testimonios, huyendo de cualquier atisbo de morbo que se pudiese generar. Los testimonios de sobrevivientes de Hiroshima, son igual de terribles, pero siendo esto horrible, lo peor estaba por venir…

La estigmatización:
Aquí los relatos también son reveladores, el principal motivo en ambos casos radicaba en el desconocimiento de los efectos de las personas irradiadas, como posible fuente de contagio; uno de los informantes cuenta como se les consideraba apestados, a estas víctimas conocidas como los “Hibakuska”, a estas personas se les negaba el trabajo y cuando lo conseguían, tenían que ocultar su pasado, si adquirían cualquier enfermedad, por nimia que fuese, era causa de despido automático. Una situación que nos retrotrae a la Edad Media, lo que ocurría con los leprosos, viéndose obligados a vagar sin rumbo y anunciando su presencia mediante una campanilla.
Una gran mayoría de aquellos sobrevivientes de las bombas atómicas; tomó la vía del suicidio, otros los que pudieron, emigraron por distintos continentes, la mayoría opto por la soltería, por el temor a transmitir las secuelas a sus descendientes. Es cierto que la mayor parte de los relatos de los que disponemos, son fruto de la información de nietos de aquellos sobrevivientes, ya que las propias víctimas querían dejar atrás aquellas horribles paginas de sus vidas.
Las cifras oficiales nos hablan de 200.000 personas muertas, 328.620 sobrevivientes, la mayoría de ellos padeciendo diferentes tipos de canceres o deterioro genético, pero lo más lamentable fue, el abandono de las administraciones, tanto de los Estados Unidos, como el propio gobierno nipón, que hasta el año 1990 no implantó un susidio para las víctimas, pero aquí no acaba el calvario para los afectados, ya que los trámites para conseguir el mencionado susidio, fueron tremendamente dificultosos, teniendo que demostrar que el día de la explosión te encontrabas en el lugar de la explosión, con testigos que lo acreditasen, sin tener en cuenta las secuelas patológicas.
Según la “Fundación para la Investigación de Efectos de la Radiación”, con sede en Hiroshima, la mayoría de los afectados con cáncer, han sufrido una –redistribución cromosómica- es decir que desarrollaron un gen propenso al cáncer, el cual han transmitido a sus descendientes. El medio físico resulto contaminado, sin ninguna posibilidad de descontaminación, el aire, el agua, la tierra en su conjunto, fueron elementos con los que tuvieron que convivir, obligados a alimentarse con los productos de la zona contaminada.
Conclusiones:
Tras las comprobaciones de los efectos de la radiación; tras los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki, así como de los accidentes en centrales nucleares, para uso civil, por cierto poco aireadas, el primero de estos accidentes fue en Estados Unidos, más tarde la tremenda de Chernóbil y últimamente la de Fukushima en 2011, tras estos ejemplos, no entiendo como a día de hoy se mantiene opiniones favorables a este tipo de energía, anteponiendo el resultado económico, a la seguridad de la población, una energía que como vemos hoy por hoy, imposible de controlar, con una capacidad destructiva que hace que se tenga en cuenta, sobre todo a la hora de apostar por este tipo de energía, sobre todo cuando tenemos resultados probados con las llamadas limpias, como son las procedentes de la fuerza hidráulica, la eólica y la solar, la población debería estar atenta a la hora de optar por posiciones políticas, que optan por diferentes tipo de energías. Es curioso como el principal país que en su día aporto por la energía nuclear, Francia, en este momento este apostando por las renovables , con ayudas a comunidades y vecinos en particular, financiando incluso costos para la instalación de paneles solares…
Fotografía: Arantza y Juanan

