Sabina Berman y los atunes autistas en el Día del Libro
Artículo de Mª Teresa Ayllón sobre “Sabina Berman novela”, una obra fascinante que explora el autismo, el mar y la ética empresarial a través de una historia original y profundamente humana.

Cerca está el Día del Libro. Ya he hecho mi encargo en la librería de mi barrio: el último libro de Tania Ballo sobre Las Sinsombrero. Paro de rellenar fichas sobre mujeres de la Generación del 27 que cada vez me va haciendo más voluminoso el fichero –metafóricamente hablando pues hago “fichas” en un programa informático, en mi PC– Este mes deseaba haberles ofrecido un artículo sobre las intelectuales vanguardistas del primer cuarto de siglo pero se me ha echado encima la semana del Libro, cuando todas las escritoras vivas tenemos compromisos sobrados.
Les voy a hablar en cambio de uno de los libros más originales, bien escritos y necesarios de los que he leído en los últimos meses. Se trata de la novela “La mujer que buceó dentro del corazón del mundo” escrita por la mexicana Sabina Berman (Ediciones Destino, editorial Planeta 2022) que ya va por la tercera edición. La historia se sitúa en México, costa del Pacífico, y nos hace sentir el mar y el sol desde el principio; primero desde la playa en Mazatlán (Sinaloa) y en una fábrica de conservas de atún donde se destripa, despieza y enlata el animalito, no obstante la fábrica se denomina Consuelo. Una chicana, Isabelle, mexicana afincada en el sur de Estados Unidos recibe en herencia la conservera familiar y la hacienda ruinosa; Isabelle pasa la noche en la casa familiar con sus recuerdos nada placenteros y al despertar encuentra junto a su hamaca a una niña pequeña despeinada, sucia y casi harapienta que tras contemplarse mutuamente huye por los intrincados muros y pasillos de una vetusta construcción ruinosa. Isabelle la busca hasta encontrarla en la playa cercana y comprende que no será fácil comunicarse con ella… ni con los demás. Reflexiona sobre su vida y decide aceptar el reto y dirigir la conservera, la hacienda y a aquel pequeño ser que parece mirar el mundo desde algún lugar ignoto. En total el patrimonio heredado asciende a varios millones por lo que Isabelle decide quedárselo… y a la niña enclaustrada en él, la cual supone que será una sobrina, seguramente bastarda, hija de su difunta hermana; escondida, sin nombre, sin más cuidado que el sustento ofrecido por una cocinera, libre en su indisciplinada vida salvaje de náufraga familiar. Isabelle, sola y sin hijos, establece con sus supuesta sobrina un vínculo bellísimo y especular. La nombra Karem y al hacerlo le da un lugar en el mundo.
Este arranque permite a la autora mostrarnos lo que es una mirada autista, no ausente del mundo sino situada en otro punto de observación. Al llevarnos de la mano de Karem por el mar, donde persistente logra nadar entre los atunes, como un atún más, por la conservera y la almadraba, donde Karem llega a hacer innovaciones sorprendentes, derivadas del conocimiento del animal y de su deseo de ahorrar sufrimientos innecesarios a todos los seres. Karem, como suele ser común en personas del espectro autista, tienen además de otra percepción del mundo, otras habilidades mentales impensables para quienes pertenecemos a otras diversidades humanas. La habilidad para captar detalles y cuantificar sus réditos como inventos la llevan a multiplicar beneficios, llegando a ganarse la admiración de uno de los más grandes inversores del mercado que se presenta como un colaborador altruista. Karen e Isabelle llegan a conocer los límites de la filantropía de los magnates.
Una magnífica historia, original y bien contada -¡bella, bella, bellamente contada!- a través de la cual he aprendido mucho sobre la cría del atún, las almadrabas, las conserveras y la psicología humana. La interacción de personajes diversos tan bien retratados y desarrollados, en su forma de vivir y de pensar. En suma un libro muy recomendable que les dejará mucho en qué pensar. Disfrútenlo y ¡me la deben!

Escritora. PhD Geografía e Historia. Madrid (España)
