OTROS PUEBLOS, OTRAS CULTURAS 

La novela de Gastón Leroux, sobre las costumbres y tradiciones del Perú, me cautivó durante varias semanas por su temática, sus protagonistas y personajes indígenas: intriga y emoción, aventuras, rituales, fiestas, etc. de los indios quechua; relatados con gran maestría. Unos parecen casi reales y otros de una imaginación desbordante. Realidad y ficción se funden en uno solo. El misterio se hace presente en las descripciones de las necrópolis, cementerios, evocación del pasado, subterráneos del periodo inca, conventos habitados por Vírgenes del Sol, etc.  Todo presidido por Atahualpa, el hijo del Sol, sentado en su trono de oro.

En uno de sus pasajes podemos leer: “Mi Dios vive aún en los cielos, desde los cuales contempla a sus hijos”, refiriéndose a la cordillera andina.

 EL INTERAYMI (INTI RAYMI)

Significa la Fiesta del Sol, una celebración ancestral de los pueblos andinos en honor al dios Sol. Una de las fiestas más importantes y tradicionales del Perú. Hoy todavía se celebra cada 23 de junio, una representación teatral cargada de misticismo y espiritualidad: bailes, cantos y ofrendas al dios Sol.  Comienza el ritual con la noche más larga del año y el comienzo del solsticio de invierno del hemisferio sur.

 Los indios quechuá celebraban el Interaymi de la siguiente manera: la víspera  desaparecen ocultándose en la sierra o en cuevas. Tenían reuniones secretas. Bastaba una orden enviada desde el rincón más escondido de los Andes para que desvanezcan como sombras. Según parece en esta fiesta llevaban a cabo numerosos sacrificios humanos y arrojaban las cenizas de las víctimas a los arroyos porque así arrastraban los pecados de toda la nación.

Cada diez años los indios quechuá ofrecen una esposa al Sol, le sacrifican una muchacha en secreto en templos que datan de aquella época con mucha solemnidad. En esta ceremonia decenal del Interaymi ofrecen al Sol una virgen enemiga, la más bella que puedan encontrar y la más noble de la raza enemiga, y “la emparedaban vivas en el Templo del Sol”.

LAS VÍRGENES DEL SOL.-  Las elegidas” como las llamaban, eran doncellas consagradas al servicio de la divinidad, jóvenes a las que separaban de sus familias para recluirlas en conventos, bajo la dirección de ciertas matronas o “mamaconas”, ya de edad, envejecidas entre los muros de aquellos monasterios. Las instruían en sus deberes religiosos. Sobre todo, en cuidar de la conservación del fuego sagrado para la fiesta del Raymi. Desde el momento que entraban en el convento renunciaban a toda clase de relaciones de familia y amigos. Vivían completamente aisladas. Sólo el Inca o la “Coya” o Reina podían entrar en el recinto sagrado.

    En las obras, notas y documentos, el historiador, hispanista y jurista, William Hickling Prescott, de la Universidad de Harvard y miembro de la Academia estadounidense de las Artes y las Ciencias.  nos confirma lo anteriormente expuesto en la novela de Leroux, en su obra más importantes sobre el imperio de los incas, La Historia de la conquista de México, (1843), y La Historia del Perú, (1847)

Prescott nos dice, apoyándose  en testimonios dignos de fe, que “más de mil servidores, esposas y esclavos, eran  sacrificados de esta suerte sobre la tumba del monarca. Y las esposas legítimas eran las que daban el ejemplo, hiriéndose ellas…en las excavaciones de Ancón al inca le enterraban con sus útiles más preciosos y con sus mujeres que debían seguirle a sus encantados palacios del Sol”.

     Su obra y trabajos sobreviven gracias a su aliento narrativo, su imparcialidad documental y al vigor y plasticidad de un excelente estilo, y se considera por ello uno de los mejores historiadores norteamericanos.

 Toda la novela  de Leroux se desarrolla en varios pueblos de Perú y en los  Andes. Hace referencia en muchos pasajes a la época del Perú de Pizarro y sus habitantes nativos; así como a Hernán Cortés.  Vemos que al cabo de tantos siglos siguen festejando y recordando sus costumbres, ¡han conservado la tradición!, Estas gentes no conocían la escritura ni la literatura, contaban el tiempo con nudos hechos en una cuerda llamados “quinos”.

En este año 2021 se han cumplido 500 de la conquista o mejor dicho de la civilización del imperio azteca. Para conmemorarlo se han escrito cientos de libros, casi todos de ellos politizados y polémicos para contar “su versión” de la Historia que cada autor pone en duda el relato oficial de la caída del imperio. Como por ejemplo las cartas y documentos oficiales de Hernán cortés, Bartolomé de las Casas, entre otros.

En México y otras partes de América se vuelve a cuestionar la credibilidad de los narradores que vieron equivocadamente 1521 como la victoria de los españoles sobre los indígenas mesoamericanos. Por ejemplo, el historiador de la universidad de Veracruz, Luis Fernando Granados, sobre el que fue considerado el gran narrador de la civilización Hernán cortés. También otros como Martín ríos, Fernando Cervantes, Esteban Mira, Matew Restall, Enrique Semo, Pedro Salmerón o Camilla Townsend.

Ahora bien, nos preguntamos quién fundó las principales universidades donde estos historiadores, profesores, periodistas, etc. dan clase y han realizado sus estudios. Quién construyó las catedrales, quién introdujo el idioma, la cultura en general…en fin toda la civilización que allí hay. Sin duda España.

No creen a quienes realizaron las hazañas, a los clérigos y a quienes vivieron la historia o a los documentos oficiales, y, después de 500 años quieren imponer su criterio e inventar otra HISTORIA.

En definitiva, volviendo a la novela de Leroux, él  nos ha mostrado dos mundos distintos: el de los pueblos indígenas de los indios   frente al nuestro occidental, moderno y civilizado.

AURORA FERNÁNDEZ 

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