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Cálido sol africano

que iluminaste mi niñez y adolescencia.

El sol.

Globo inmenso de fuego incandescente.

Febo que sale cada día,

poderoso tótem, a darnos su calor,

iluminando con sus rayos generosos

nuestras vidas.

El sol.

Benefactor eterno de las flores,

que como amante y viejo padre

las besa cariñoso en las mañanas

y, a modo de un pintor primitivista,

con su pincel las pinta de colores.

El sol.

Que dora y grana las espigas

formando un mar inmenso y ondulante

de olas doradas siempre en movimiento,

trigo en sazón, alimento ancestral,

pan de nuestra vida.

El sol.

Eterno enamorado de la luna,

diosa nocturna infiel y casquivana,

que en las noches azules y serenas

le hace sufrir de amores y desdenes

ocultándose entre piélagos de estrellas.

El sol.

Y yo, que adoré siempre el sol

de mi amada tierra africana,

en  tus brazos, bajo ese mismo sol

un día en el ayer yo te juré:

No hay más sol en mi vida que tu amor.

      Hoy, de buena mañana, me asomé a mi terraza y contemplé un Sol radiante, astro rey del firmamento, que, como buen padre, nos enviaba un día más su luz y calor, con sus poderosos rayos extendidos, acariciando nuestro planeta Tierra y a sus habitantes. ¡Qué sensación de bienestar y agradecimiento sentí al recibir también sobre mi rostro su tibia caricia mañanera! Con él, un nuevo día comenzaba pleno de energía solar para enfrentarte a la vida y sus avatares.

Estoy convencida de que si yo hubiese nacido en épocas remotas, habría sido una adoradora del Sol como lo fueron los pueblos de la antigüedad, para los cuales era su dios, el que cuidaba de ellos. Quien salía todas las mañanas, sin faltar jamás a la cita, venciendo la oscuridad de la noche.

     Sol, Helios, Febo, Ra, Tanatiuh, Apolo, Sol Invictus… Nombres que a través de la historia, y según los pueblos, ha recibido esta estrella, perdida en el universo entre millones de astros, girando en la Vía Láctea desde hace 4.600 millones de años y surgido de una nube giratoria compuesta de gas y polvo solar.

     Adorado como a un dios por cada pueblo de la remota antigüedad.

 Para los sumerios, Utu o Shamas, fue creado de dos piedras, de cuya chispa surgió su fuego. Símbolo de la belleza y la justicia, cobijo contra los peligros que se ocultaban en la oscuridad, su emblema era un poderoso toro.

     Para los egipcios, Ra u Horus, era considerado una divinidad con fuerza creadora que, tras superar los peligros que se ocultaban en las tinieblas, reaparecía triunfante. Famoso fue el faraón que adorando al Sol como único dios, tomó el nombre del mismo, Akenatón, cambiando el nombre del dios Amón por el de Atón.

     Los aztecas, en América, le llamaban al Sol Tanatiuh y le ofrecían sacrificios humanos para que repusiera la sangre que había perdido en las noches matando a la Luna. Les era tan necesario el Sol que tenían que alimentarlo para asegurar la supervivencia del universo con sangre y corazones humanos o de animales, ofreciendo diariamente sacrificios en el Templo Mayor.

     Los incas del Perú, en cada territorio le erigían un templo a Inti, llamado Templo del Sol, cuyas paredes estaban recubiertas de láminas de oro, servido por sacerdotes y sacerdotisas. Era su protector de la vida y de los campos, aunque, asimismo, también adoraban a Viracocha y a la Pachamama, diosa de la Tierra.

     Los vikingos adoraban a Sunna, el cual conducía a diario el carro solar por el firmamento tirado por dos caballos. También le ofrecían sacrificios humanos y de animales. Asimismo, adoraban a otros dioses, tales como Thor y Odín, y en su paraíso o Valhalla, las valkirias le ofrecían el hidromiel, bebida sagrada compuesta por agua y miel, como premio a los guerreros.

     Finalmente, para los antiguos griegos, el Sol era una deidad viviente, hermoso y coronado, fuente de vida y luz. El Sol era personificado por el titán Helios, el cual recorría el cielo diariamente en un carro de fuego tirado por caballos solares. Era el ojo que todo lo ve y su luz representaba la vitalidad.

     Son innumerables los pueblos de la antigüedad que adoraban al Sol. Pero ahora, pasemos a los tiempos actuales, eligiendo a algunos poetas que, a su vez, han rendido culto al Sol con sus odas.

GABRIELA MISTRAL

     Poeta, diplomática, profesora, pedagoga, diplomática, embajadora. Nace en Chile en el año 1889 y fallece en 1957. Premio Nobel de Literatura en 1945. Su libro más importante es Desolación.

SOL DEL TRÓPICO

(fragmento)
Sol de los Incas, sol de los Mayas,
maduro sol americano,
sol en que mayas y quichés
reconocieron y adoraron,
y en el que viejos aimaraes
como el ámbar fueron quemados.
Faisán rojo cuando levantas
y cuando medias, faisán blanco,
sol pintador y tatuador
de casta de hombre y de leopardo.

 Sol de los Andes, cifra nuestra,
veedor de hombres americanos,
pastor ardiendo de grey ardiendo
y tierra ardiendo en su milagro,
que ni se funde ni nos funde,
que no devora ni es devorado;
quetzal de fuego emblanquecido
que cría y nutre pueblos mágicos;
llama pasmado en rutas blancas
guiando llamas alucinados…

 ¡Como el maguey, como la yuca,
como el cántaro del peruano,
como la jícara de Uruápan,
como la quena de mil años,
a ti me vuelvo, a ti me entrego,
en ti me abro, en ti me baño!
Tómame como los tomaste,
el poro al poro, el gajo al gajo,
y ponme entre ellos a vivir,
pasmada dentro de tu pasmo.

ANTONIO MACHADO

 Nace en Sevilla, en 1875, y muere en Colliure, Francia, en 1939.Poeta, escritor, dramaturgo, profesor, intelectual. Miembro de la Real Academia de la Lengua Española y perteneciente a la Generación del 98.

EL SOL ES UN GLOBO DE FUEGO

El sol es un globo de fuego,
la luna es un disco morado.
Una blanca paloma se posa
en el alto ciprés centenario.
Los cuadros de mirtos parecen
de marchito velludo empolvado.
¡El jardín y la tarde tranquila!…
Suena el agua en la fuente de mármol.

GLORIA FUERTES

Nace en Madrid, 1917 y muere en 1998. Escritora, poeta, hispanista, editora, defensora de la mujer, la infancia, la naturaleza y la paz. Perteneciente a la Generación del 50, alcanzó gran popularidad en TV con sus programas infantiles. Premio Cervantes en 1995.

A MI AMIGO EL SOL

El Sol mueve la cabeza,
bosteza y se despereza;
se acaba de levantar
de su cama azul de mar.

Y va a lavarse la cara
con agua de lluvia clara.
Lava su melena rubia
con agua clara de lluvia.

El Sol, con un arrebol,

se seca el pelo al resol.

Hasta el cielo  sube y sube

por un abrigo de nube.

Con una pintura de alegría

pinta de color el día.

Con encajes de bolillo

vuelve lo gris amarillo.

Pasea sin parasol,

enamora a un girasol.

Se cuela por la ventana,
viste de luz la mañana.

Bota como una pelota,
juega con una gaviota.
Se bebe el agua de un charco,
dibuja en el cielo un arco.

Y tiñe todo de rojo,
por capricho y por antojo,
con tintura de carmín;
¡qué cansancio y qué trajín!

Después de un día tan loco,
para descansar un poco,
el Sol se vuelve a acostar
en su cama azul de mar.

JUAN RAMÓN JIMÉNEZ

     Nace en Moguer, Huelva, 1881, y muere en Puerto Rico en 1958. Poeta, prosista, siempre en busca de la poesía pura. Premio Nobel de Literatura en 1956, su libro más famoso es Platero y yo.

SOL

Allá en el fondo

de mi biblioteca,

el sol de última hora, que confunde

mis colores en luz clara y divina,

acaricia mis libros, dulcemente.

¡Qué clara compañía

la suya; cómo agranda

la estancia, y la convierte, llena,

en valle, en cielo —¡Andalucía!—,

en infancia, en amor!

Igual que un niño, como un perro,

anda de libro en libro,

haciendo lo que quiere…

Cuando, de pronto, yo lo miro,

se para, y me contempla largamente,

con música divina, con ladrido amistoso, con fresco balbuceo

Luego, se va apagando…

La luz divina y pura

es color otra vez, y solo, y mío.

Y lo que siento oscuro

es mi alma, igual que

si se hubiera quedado nuevamente

sin su valle y su cielo —¡Andalucía!—,

sin su infancia y su amor…

RAFAEL ALBERTI

Nace en El Puerto de Santa María, Cádiz, 1902, y muere en 1983. Poeta, pintor, matemático y diputado, perteneciente a la Generación del 27. Premio Cervantes en 1983 y Premio Nacional de Literatura en 1925. Su poemario más famoso es Marinero en tierra. Vivió exiliado en Francia, Argentina e Italia.

¡VIVA EL SOL!

¡Viva el sol de la mañana!

¡Viva el sol!

Le grita el pájaro en la rama:

¡Viva el sol!

Y el campesino le canta:

¡Viva el sol!

Y el naranjito agobiado:

 Agobiado de naranjas

 ¡Viva el sol!

Y el tejado de la casa:

¡Viva el sol!

Y el caballo que lo siente,

tibia yerba en la garganta:

¡Viva el sol!

Le sube el río,

y la bandera que pasa

¡Viva el sol!

Toda la tierra es un ¡Viva!

El mundo todo, una salva.

¡Viva el sol!

¡Viva, viva, viva el sol!

¡Viva, viva el sol!

GARCÍA LORCA

Nace en Fuente Vaqueros, Granada, en 1898 y muere en 1936. Perteneciente a la Generación del 27, fue poeta, prosista y dramaturgo. Su libro más popular es el Romancero gitano, en el cual retrata la vida de su Andalucía.

SE HA QUEBRADO EL SOL

Se ha quebrado el sol
entre nubes de cobre.
De los montes azules llega un aire suave.
En el prado del cielo,
entre flores de estrellas,
va la luna en creciente
como un garfio de oro.

Por el campo, (que espera los tropeles de almas),
voy cargado de pena.
Por él camino solo.
Pero el corazón mío
un raro sueño canta
de una pasión oculta

en distancia sin fondo.

Ecos de manos blancas
sobre mi frente fría,
¡pasión que madurará
con llanto de mis ojos!

     Embebida y escribiendo sobre el Sol, está atardeciendo y pronto llegará la noche. Así que, dejemos a nuestro querido astro rey que descanse, recostado sobre una nube, ya que mañana tendrá que alzarse de nuevo al amanecer y, como es tan anciano, necesita reponer fuerzas. Parafraseando a Alberti, termino este artículo con el grito de ¡Viva el Sol!

 Vuestra amiga Carmen Carrasco.

Carmen Carrasco Ramos, Delegada Nacional Granada Costa

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