LA NOCHE EN QUE BOABDIL ESCUCHÓ A ANTONIO PRIMA
José Escriba homenajea a Antonio Prima Manzano con una exaltación poética donde Boabdil, la Alhambra y Granada se funden en una noche de emoción, memoria y belleza eterna.

Tras leer los poemas de Antonio Prima Manzano dedicados a la Alhambra, sentí una emoción profunda y difícil de explicar. En sus versos encontré una mirada limpia, espiritual y enamorada hacia ese monumento que no solo pertenece a Granada, sino al alma universal de la belleza. Antonio no contempla la Alhambra como simple piedra antigua, sino como sultana viva, como mujer delicada, como templo del alma y como recuerdo eterno de una historia que sigue respirando entre sus muros.
Al leer sus palabras, imaginé a Antonio caminando por las estancias nazaríes, deteniéndose ante los versos árabes grabados en las paredes y encontrándose, en un sueño poético, con el rey Boabdil. De esa visión nació en mí el deseo de escribir esta exaltación, como homenaje a su sensibilidad, a su amor por Granada y a esa Alhambra eterna que tantos poetas han soñado, cantado y venerado.
LA NOCHE EN QUE BOABDIL ESCUCHÓ A ANTONIO PRIMA
Iba Antonio por la Alhambra,
con el alma iluminada,
leyendo versos antiguos
en la piedra musulmana.
La tarde caía despacio,
dorando muros y arcadas,
y el agua, como una copla,
por las fuentes suspiraba.
Miraba Antonio en silencio
las yeserías sagradas,
los azulejos dormidos
y las letras cinceladas.
Cada palabra en los muros
parecía voz callada,
oración hecha belleza,
pensamiento hecho morada.
Entonces cruzó la sombra
un rey de triste mirada;
era Boabdil, silencioso,
memoria viva de Granada.
No traía ya la derrota,
ni la pena doblegada,
sino aquel amor profundo
de quien perdió lo que amaba.
Miró a Antonio dulcemente
junto a la piedra dorada,
y preguntó qué buscaba
en la voz de aquellas salas.
“Soy poeta —dijo Antonio—,
y al contemplar esta casa,
mis versos nacen del fondo
más verdadero del alma.
Yo la llamé en mis cantares
Alhambra de mis amores,
porque no hay mayor hechizo
que su luz sobre los hombres.
La vi como altiva sultana,
con música entre sus fuentes,
con corazón en sus piedras
y eternidad en la frente.
Quise volver a Granada
como vuelve el peregrino,
buscando paz en sus patios
y perdón en sus caminos.
Sus palabras esculpidas
me hablaron de Dios y el alma,
del amor y la belleza,
del cielo, la fe y la calma.
Y soñé que vos, mi rey,
me entregabais esta casa,
diciéndome: ‘Tú la amas,
guárdala como a una dama’”.
Boabdil bajó los ojos,
tembló la luz en el agua,
y en el silencio nocturno
pareció llorar la Alhambra.
“Bien hablas —dijo el monarca—,
poeta de voz honrada;
quien así canta a Granada
merece besar su alma.
Ven conmigo esta noche,
cuando la luna se alza;
recitarás tus poemas
donde mi reino aún habla.
Será en el Salón de Embajadores,
bajo Comares sagrada,
donde las viejas estrellas
velan la gloria pasada.
Allí vendrán los sultanes,
las sultanas de la Alhambra,
los sabios, músicos y poetas
de mi corte nazarí.
Bajo lámparas encendidas,
entre oro, arco y palabra,
recitarás tus poemas
ante el alma de Granada”.
Y aquella noche imposible
la Alhambra encendió sus lámparas;
la Torre de Comares
se coronó de esperanza.
Antonio alzó la mirada
con emoción contenida,
y en su voz se hizo Granada
más eterna y más querida.
Habló de muros hermosos,
de azulejos y yeserías,
de versos grabados al cielo,
de fuentes que dan poesía.
Nombró la Sala de Reyes,
la Barca y las Dos Hermanas,
los Mocárabes, Comares,
Lindaraja y la Alcazaba.
Las sultanas suspiraron,
los viejos reyes lloraban,
y Boabdil, profundamente,
apretó contra sí el alma.
“Alhambra —dijo el poeta—,
mi sultana enamorada,
déjame que yo te cante
mientras me quede garganta.
No quiero mayor tesoro,
ni más dicha, ni más fama,
que saber que en tu belleza
mi corazón se derrama.
Entonces Boabdil se alzó
con su sombra coronada:
“Quien te canta con amor
ya pertenece a tu casa”.
Desde entonces, cuando el viento
sube por torres y plazas,
dicen que se escucha un verso
entre las piedras doradas.
Es Antonio que recita,
es Boabdil quien lo acompaña,
son sultanes y sultanas
soñando eterna Granada.
¡Viva Antonio Prima, poeta de la Alhambra!
¡Viva Boabdil, memoria de Granada!
¡Viva el Salón de Embajadores!
¡Y viva por siempre la Alhambra!

Ciudadano del Mundo
