LA IMPOTENCIA O DISFUNCIÓN ERÉCTIL
“La impotencia o disfunción eréctil”, del Dr. Juan Gustavo Benítez Molina, explica de forma clara qué es la disfunción eréctil, sus causas, factores de riesgo, diagnóstico y principales tratamientos médicos.

La disfunción eréctil se define como la incapacidad persistente o recurrente para conseguir o mantener la suficiente rigidez del pene, que permita una relación sexual satisfactoria. Debe tener una duración mínima de tres meses.
En Estados Unidos, en un estudio en varones de entre 40 y 70 años, se estimó que la prevalencia global era del 52%. La prevalencia en España se estima en 1.500.000 a 2.000.000 varones, en torno al 12,1%.
Hay cuatro causas de disfunción eréctil: 1. Causas psicológicas: es la más frecuente en varones jóvenes. El pene no tiene ninguna alteración física, pero problemas psicológicos como la ansiedad (provocada con frecuencia por el miedo a no conseguir una erección o a defraudar a la mujer), la depresión, los problemas con la pareja e incluso el estrés pueden afectar al acto sexual. Igualmente, la preocupación excesiva por los problemas laborales, sociales o familiares implica que no se dedique la atención necesaria al acto sexual. El cansancio, la inapetencia, la no realización de ejercicio, el insomnio o un fracaso laboral también pueden dar lugar a esta alteración. 2. Causas vasculares: es la etiología más frecuente de todas en varones de mediana y avanzada edad. El pene no puede acumular la sangre necesaria para que se dé una erección, generalmente porque no llega en suficiente cantidad. 3. Causas neurológicas: en estos casos se produce una interrupción en la transferencia de mensajes del cerebro al pene porque existe una lesión en los nervios implicados. Esto puede darse en lesiones de la médula espinal, en la esclerosis múltiple o en intervenciones quirúrgicas de la pelvis. 4. Causas hormonales: son poco frecuentes. Generalmente, se deben a un déficit de hormonas sexuales masculinas. En la mayoría de los casos de etiología orgánica se añade un componente psicológico.
Los factores de riesgo, los cuales favorecerán la aparición de dicha disfunción, son los siguientes: 1. Edad: más frecuente en varones de 40 a 70 años. 2. Diabetes: es la enfermedad endocrina más frecuente asociada a disfunción eréctil. Están implicados mecanismos vasculares, neuropáticos y la disfunción gonadal. 3. Enfermedad cardiovascular: cardiopatía, hipertensión arterial, enfermedad vascular periférica y descenso del colesterol HDL se han relacionado de manera clara con esta alteración. 4. Tabaquismo. 5. Fármacos: aquellos que causan hiperprolactinemia (aumento de los niveles de la hormona prolactina en sangre), los que disminuyen los niveles de testosterona, determinados psicotropos (sustancias naturales o sintéticas, que intervienen modificando ciertas funciones psíquicas debido a la acción que ejercen sobre el sistema nervioso central) y los antihipertensivos. 6. Drogas: cocaína, heroína, etc. 7. Trastornos afectivos: depresión.
El diagnóstico debe basarse en los siguientes componentes: 1. Historia clínica y sexual: investigar los posibles factores de riesgo implicados. 2. Exploración física: encaminada a descartar enfermedad vascular, enfermedades neurológicas, trastornos genitales y endocrinopatías. En varones mayores de 50 años se incluirá un tacto rectal. 3. Determinaciones analíticas: glucemia basal, perfil lipídico, testosterona total y libre y prolactina. Además, es conveniente solicitar un hemograma y un estudio de la función renal y hepática. 4. Pruebas especializadas: únicamente se llevan a cabo en situaciones muy seleccionadas.
En lo que se refiere al tratamiento, éste se puede estructurar en tres escalones o etapas, que serán superadas en función de fracaso del escalón previo.
En primer lugar encontramos los fármacos orales. El más destacado es el citrato de sildenafilo, conocido popularmente como viagra®. Éste se considera actualmente como el tratamiento farmacológico de elección de la disfunción eréctil. Hoy en día existen nuevos fármacos basados en el sildenafilo, como el vardenafilo (cuyo nombre comercial es el de Levitra®) y el tadalafilo (Cialis ®). Precisan de deseo sexual y estimulación previa para su efecto. Las contraindicaciones absolutas para utilizar el sildenafilo son: 1. La administración concomitante con nitratos o fármacos donadores de óxido nítrico por el riesgo de sufrir hipotensión grave (dinitrato o mononitrato de isosorbide, molsidomina, nicorandil, nitroglicerina o nitroprusiato sódico). 2. Pacientes en los que esté desaconsejada la actividad sexual, como, por ejemplo, aquellos que presenten una angina inestable, una insuficiencia cardiaca o que hayan sufrido un infarto reciente (hace menos de seis meses).
Otro fármaco oral alternativo es la apomorfina, la cual está contraindicada en hombres que tengan desaconsejada la actividad sexual.
Ni que decir tiene que en ningún caso se debe empezar a tomar alguno de estos medicamentos sin antes acudir al médico. Éste, tras realizar un estudio exhaustivo, valorará si es necesario o no la toma de alguno de ellos, así como si existe algún tipo de contraindicación.
Si falla todo lo anterior, una segunda línea de tratamiento incluye la llamada terapia intracavernosa. Dentro de ésta encontramos los siguientes fármacos: el alprostadil, la papaverina y la fentolamina. La forma de administrar estos fármacos es inyectándolos directamente en los cuerpos cavernosos (ver imagen). Los cuerpos cavernosos son un par de columnas de tejido eréctil situadas en la parte superior del pene, que se llenan de sangre durante la erección.
Por último, si también resulta infructuosa la terapia intracavernosa, se puede optar por la cirugía de revascularización (venosa y arterial). O bien con el implante de prótesis de pene (ver imagen).

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