Granada, a los pies de su Patrona
La Virgen de las Angustias, Patrona de Granada, vuelve a reunir fe, tradición y sentimiento en las calles de la ciudad. Rafel Rodriguez Palma comparte su devoción y su poema «Exaltación a la Virgen de las Angustias», homenaje a la Madre de los granadinos.

Hay sentimientos que forman parte de uno desde la infancia y que, por muchos años que pasen, vuelven a emocionarnos con la misma intensidad. Como granadino, así vivo mi devoción por la Virgen de las Angustias, Patrona de Granada, cuya presencia está profundamente unida a la historia, a las tradiciones y al corazón de nuestra tierra.
Cada último domingo del mes de septiembre espero con especial emoción ese momento en el que la Virgen vuelve a salir a las calles y Granada entera parece detenerse para acompañarla. Es difícil expresar lo que se siente al verla avanzar entre una multitud de devotos, entre flores, oraciones, promesas y miradas emocionadas. Las calles se llenan de personas llegadas desde todos los rincones de la provincia de Granada y también desde muchos lugares de fuera de ella, porque la devoción a la Virgen de las Angustias sobrepasa fronteras y reúne, generación tras generación, a miles de personas bajo un mismo sentimiento.
Para mí no es solamente una procesión ni una tradición que se repite cada septiembre. Es reencontrarme con mis raíces, con mi tierra y con mi Granada. Es contemplar cómo balcones, plazas y calles se convierten por unas horas en un inmenso templo abierto, mientras el pueblo acompaña a su Patrona con ese respeto y ese fervor que solamente pueden comprenderse plenamente cuando se viven desde dentro.
De ese sentimiento nace «Exaltación a la Virgen de las Angustias». Estos versos son mi particular ofrenda a la Madre de los granadinos, un homenaje nacido desde la fe, el cariño y el orgullo de pertenecer a una tierra que cada septiembre vuelve a reunirse junto a Ella. Porque cuando la Virgen de las Angustias sale a las calles, no solamente procesiona una imagen: caminan con Ella la historia, la memoria, las esperanzas y el corazón de todo un pueblo.
A la Virgen de las Angustias
Granada te levanta sus campanas,
Madre de las Angustias coronada,
rosa de luz sobre la piedra antigua,
llanto de amor que salva la mañana.
Desde la ermita humilde de tu origen,
creció tu nombre junto al Darro claro;
la ciudad fue aprendiendo tus dolores
y halló en tu pecho maternal amparo.
Isabel dejó escrita una semilla,
y el pueblo la regó con fe constante;
de aquella tabla brotó tu ternura,
hecha oración, promesa y estandarte.
Carrera de la Virgen, cauce vivo,
donde Granada te pronuncia entera;
cada balcón se vuelve relicario,
cada flor, una lágrima sincera.
Tu basílica alza su silencio,
barroca flor de mármoles y altares;
allí reposa el peso de los siglos,
allí respiran todos los pesares.
En tu regazo duerme Cristo muerto,
y tú lo ofreces sin vencer la pena;
porque en tus brazos, Madre dolorosa,
la muerte sabe a redención serena.
Piedad de Granada, luz herida,
reina del llanto y de la fortaleza;
tus manos unen cielo, cruz y pueblo,
tus ojos vencen toda la tristeza.
Cuando tembló la tierra bajo el miedo,
Granada te invocó desde sus plazas;
y el Voto de la Ciudad, año tras año,
vuelve a poner su amor sobre tus aras.
El Ayuntamiento inclina su historia,
y la ciudad renueva su memoria;
porque tu nombre vive en sus entrañas,
como raíz de fe, dolor y gloria.
León trece escuchó la voz del pueblo,
y te llamó Patrona granadina;
mas ya Granada, mucho antes de Roma,
te proclamaba madre y luz divina.
Septiembre llega con olor de ofrenda,
con ramos blancos, nardos y plegarias;
la multitud avanza hasta tu puerta,
cargando vidas, júbilos y lágrimas.
La flor humilde sube hasta tu manto,
la fe se ordena en filas silenciosas;
y cada mano deja ante tus plantas
una verdad de espinas y de rosas.
Luego la tarde abre sus caminos,
y sales, Madre, al corazón urbano;
Granada entera se convierte en templo,
y el aire aprende a caminar despacio.
Puerta Real se llena de miradas,
la Gran Vía te ofrece su latido;
la Catedral aguarda tu presencia,
y el pueblo canta al verte en el camino.
No eres solo imagen de septiembre,
ni devoción guardada entre los muros;
eres Granada cuando llora y reza,
cuando recuerda tiempos inseguros.
Eres la madre que sostiene al hijo,
la que acompaña al pobre y al vencido;
la que transforma angustia en esperanza,
la que convierte el llanto en pan bendito.
También el barrio huele a fruta nueva,
a torta dulce, a otoño y alegría;
porque tu fiesta abraza lo sagrado
y vuelve hogar la calle cada día.
Granada sabe que tu pena enseña
a no rendirse nunca ante la herida;
por eso acude, firme, hasta tu trono,
a agradecerte el don de estar con vida.
Patrona fiel, Señora de Granada,
guarda sus calles, torres y jardines;
bendice el Albaicín y la Alhambra,
sus casas, sus campanas y jazmines.
Y cuando el sol se apague sobre el Genil,
cuando la noche cubra la montaña,
grite Granada con fervor eterno:
¡Viva la Virgen de las Angustias!
¡Viva la Patrona de Granada!
¡Viva la Madre de todos los granadinos!

