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ANTONIO SUEÑA LA ALHAMBRA

Poema de José Escriba, inspirado en el Patio de los Leones de la Alhambra y dedicado a Antonio Gutiérrez, poeta que mantiene viva en su corazón la memoria, la nostalgia y el amor por Granada.

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Este poema nació durante un paseo por el Patio de los Leones, en la Alhambra. Mientras caminaba entre el rumor del agua, la blancura del mármol y la belleza serena de los arcos nazaríes, vino a mi memoria una conversación mantenida con Antonio Gutiérrez en un acto cultural celebrado en Vélez de Benaudalla, de la mano del Proyecto de Cultura Granada Costa.

Aquel día, Antonio me habló con emoción de su amor por Granada, de la nostalgia que siente por su tierra y de esa magia de la Alhambra que nunca se borra del corazón. Sus palabras quedaron guardadas en mí como un eco sincero. Por eso, al contemplar de nuevo aquel lugar único, sentí la necesidad de transformar ese recuerdo en poesía. Así nació esta exaltación: desde la admiración, el respeto y el cariño hacia un poeta que, aun en la distancia, sigue llevando Granada dentro del alma.

ANTONIO SUEÑA LA ALHAMBRA

Por el Patio de los Leones iba,
cuando la tarde en mármol se dormía,
y el agua de la fuente repetía
un antiguo rumor de melodía.

La Alhambra, silenciosa y encendida,
alzaba su hermosura todavía,
y en cada arco de luz reconocía
la memoria de Antonio y su poesía.

Recordé aquella tarde en Benaudalla,
cuando Granada Costa convocaba,
y Antonio, con palabra emocionada,
de Granada y la Alhambra nos hablaba.

Decía que la ausencia no separa,
si el corazón conserva lo que ama,
y que Granada vive en quien la nombra
aunque el destino lejos lo llamara.

Antonio lleva dentro los jardines,
la campana que canta en la mañana,
la cuesta que conduce hasta la Alhambra,
y el aire del Genil entre jazmines.

Extraña la emoción de Plaza Nueva,
el Albaicín mirando hacia la tarde,
la Puerta de Justicia y su misterio,
y la Torre que nunca llega tarde.

Extraña el Generalife y sus aromas,
el agua que en la sombra se desgrana,
los patios donde el alma se serena,
y el cielo que corona la mañana.

Granada es para Antonio una promesa,
una raíz clavada en la memoria,
una luz que no muere con los años,
una verdad escrita en su historia.

Dejó su Sur buscando otro destino,
y en Lleida fue sembrando su jornada;
pero quedó su acento granadino
como una flor abierta en la mirada.

No hay distancia que apague lo vivido,
ni tiempo que destruya lo soñado;
quien ama a Granada desde niño
la lleva siempre al pecho regresando.

Y allí, junto a los leones de piedra,
sentí que Antonio hablaba con la Alhambra;
no con voz de tristeza ni derrota,
sino con fe encendida y esperanza.

La Alhambra le decía entre sus fuentes:
“Antonio, tu Granada no te olvida;
tu nombre está guardado entre mis muros,
tu voz sigue sonando todavía”.

Vélez de Benaudalla lo recuerda,
como recuerda el río su ribera;
porque quien dio a su pueblo tantos versos
merece gratitud de primavera.

Granada sabe bien cuánto la quiere,
cuánto la sueña cuando el día acaba,
cuánto le duele verla desde lejos,
cuánto su corazón por ella llama.

Por eso esta exaltación levanta
su canto entre columnas nazaríes,
para que el Patio de los Leones
guarde su amor bajo eternos perfiles.

Que repiquen campanas en la Vela,
que el agua cante clara en la mañana,
que lo proclamen Vélez y Granada
desde la Alhambra viva y soberana.

¡Viva Antonio, poeta de su tierra!
¡Viva su voz, sincera y granadina!
¡Viva Vélez, raíz de su memoria!
¡Viva Granada, eterna y peregrina!

¡Viva la Alhambra, sueño de los siglos!
¡Viva su luz, su embrujo y su palabra!
¡Viva el amor que nunca se termina!
¡Viva Granada y viva la Alhambra!

José Escriba
Ciudadano del Mundo

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