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AUTORIDAD Y PODER

María Vives Gomila, profesora emérita de Psicología y escritora, reflexiona sobre autoridad y poder, su evolución en la familia y la sociedad, y la importancia de ejercer la responsabilidad con justicia y respeto a la libertad.

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Bastantes años atrás la autoridad familiar era visible. El paterfamilias se dejaba oír y había que responder con la misma contundencia a su orden. A través de la palabra emitida y en un tono determinado se interpretaba el deseo paterno. La situación requería una respuesta inmediata. La familia continuaba al ritmo del estado imperante en cuyo desarrollo la práctica de la autoridad dependía del funcionamiento de este; si el estado era dictatorial se hacía aún más visible la autoridad familiar, aunque no todo paterfamilias se imponía con la misma contundencia. Se requiere pensar y actuar en consecuencia.

Un somero recorrido por la historia y en determinadas etapas nos acerca a las diferentes tendencias gubernamentales, a sus numerosos contrastes y a los estilos de cada época.

La palabra autoridad proviene del latín Auctoritas que, a su vez, se deriva de augere, promover o hacer crecer. La familia cuando actuaba y actúa en consecuencia favorece el desarrollo de sus miembros.

En la antigua Grecia (480-423) había diferentes formas de poder: la Asamblea de ciudadanos, la oligarquía militar, la aristocracia -o el gobierno de los mejores- y la tiranía -el gobierno de un líder individual que se apoyaba frecuentemente en las clases populares. En Atenas el poder era compartido, mientras que, en Esparta, ciudad del Peloponeso, había un poder jerárquico.

Desde la perspectiva de la filosofía, Platón (427-347) traslada el poder al área del conocimiento y no de la mayoría; el filósofo –el que ama la sabiduría, el que piensa- es el que puede dirigir al pueblo. Por su parte, Aristóteles (384-322) sostiene que el poder debe estar regulado por una clase media virtuosa. Vincula la ética con la política, indica que la felicidad individual se relaciona con la capacidad organizativa y la justicia social.

la Edad Media (476-1492), el poder se reparte entre el rey, la nobleza, la iglesia y más tarde se comparte con las ciudades. La autoridad recaía en una sola persona, el rey, que evolucionaría hacia el absolutismo.

La España de Cervantes (1547-1616), bajo el gobierno de la Casa de Austria, se enfrentaba a amenazas externas y a problemas de unificación interna, junto a una situación económica inestable. En el Quijote, Cervantes muestra en diferentes pasajes (cuando salva a los galeotes condenados a galeras, o aconseja a Sancho antes de gobernar la Ínsula Barataria) el valor de la libertad y el sentido de la justicia: “El temor de Dios te hará sabio”, “Conocerte te hará humilde”, “Sé justo y misericordioso cuando tengas que juzgar a un semejante”.

La Revolución francesa constituye el inicio de un cambio radical en la forma de gobierno de un país al evolucionar desde el poder absoluto a la soberanía popular y a la democracia. Durante la Revolución Francesa (1789-1799), se produjeron cambios significativos en la estructura política de Francia: se abolió el poder que se concentraba en la monarquía absoluta y en los privilegios de la nobleza y el clero y se instauró un sistema de gobierno basado en la representación y la participación ciudadana. La autoproclamación de la Asamblea Nacional marcó el inicio de la transición hacia un gobierno representativo. Significó el fin del absolutismo, la instauración de la república, la igualdad legal, la participación ciudadana y la soberanía popular; se sentaron las bases de la democracia moderna y de los sistemas parlamentarios contemporáneos.

La forma de gobierno que relata Galdós en Fortunata y Jacinta refleja la sociedad madrileña del siglo XIX caracterizada por la división entre la clase dominante y la clase obrera. En ella no solo retrata la tesitura social de una época convulsa, sino que penetra en la psicología femenina, las tensiones entre dichas clases y los conflictos morales de una sociedad en crisis. Mediante sus personajes, Galdós analiza la sociedad burguesa y efectúa una crítica del orden establecido.

En cada Repúblicas española, el gobierno tuvo que enfrentarse a numerosos enfrentamientos de orden político, económico y social para alcanzar la democracia y la igualdad social. La Segunda República puede considerarse un periodo de profunda transformación en todos los órdenes cuyos desafíos potenciaron su caída.  

En el periodo posterior a la Guerra Civil, Stanley G. Payne (1982) califica el franquismo de 1939 de “semifascista” y de “autoritarismo burocrático” a partir de 1945. En 1977, con la muerte de Franco, se prepara una transición planificada y pacífica, un proceso en el que intervienen numerosos y diferentes actores que facilitan, junto con el rey, el cambio político desde un régimen dictatorial a uno democrático con representación parlamentaria.

El poder puede envilecer a una persona cuando esta se sitúa por encima de otro ser humano para dominarlo. Las luchas de poder persiguen al hombre desde los orígenes de la humanidad. En cada época y situación, la actitud del paterfamilias, o sobre quien recae esta responsabilidad, ha sido en ocasiones un reflejo del estilo gubernamental dominante. La transformación gradual desde un estado dictatorial a una democracia y la formación creciente de gran parte de sus miembros repercuten en la forma de asumir su responsabilidad. Sin embargo, estos cambios, con todas sus características positivas, no impiden que determinadas personas usen su poder para imponerse a otras, sutilmente o por la fuerza, con cualquier finalidad. La libertad también genera la aparición de diferencias.

Maria Vives Gomila, Profesora emérita de Psicología. Universitat de Barcelona y escritora.

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