Crítica literaria de La dama y el pintor, de Isabel Pérez Fernández
José Escriba analiza «La dama y el pintor», de Isabel Pérez Fernández, una novela donde amor, arte, solidaridad y memoria cultural se unen en un homenaje literario a Vélez de Benaudalla y a la capacidad transformadora de la cultura.

La dama y el pintor, de Isabel Pérez Fernández, es una novela que entrelaza amor, arte, paisaje y memoria cultural, convirtiendo a Vélez de Benaudalla en mucho más que el escenario de la narración. La localidad granadina adquiere una presencia constante y termina funcionando casi como un personaje más, a través de sus calles, el río Guadalfeo, sus sierras, el castillo, las cuevas, sus tradiciones y las numerosas historias y leyendas que atraviesan la obra.

La novela, publicada por Editorial Granada Club Selección, obtuvo el Primer Premio del Certamen Literario «Vélez de Benaudalla en Letras» en honor a Antonio Gutiérrez Moreno. La propia autora explica que la obra es fundamentalmente ficticia, aunque encuentra parte de su inspiración en el pintor Chus Pineda Matamala y en su esposa, María del Mar Lopera. Esta combinación de realidad e imaginación constituye uno de los rasgos más particulares del libro.
El eje inicial lo forman Juanita Olivara de Guzmán y Jesús Fernández, un pintor viajero que llega al pueblo buscando nuevos paisajes que llevar a sus lienzos. Desde su primer encuentro se establece entre ambos una relación marcada por la atracción, la sensibilidad artística y una manera semejante de contemplar la belleza. Isabel Pérez desarrolla este vínculo desde una concepción romántica del amor, pero progresivamente amplía el argumento mediante numerosos personajes y relatos secundarios.
Precisamente ahí reside una de las características fundamentales de la novela: su voluntad de ir más allá de una simple historia sentimental. A lo largo de sus veinticinco capítulos, aparecen cuestiones relacionadas con la amistad, la superación personal, la enseñanza, la solidaridad y las segundas oportunidades. La recuperación de Antonio, su aprendizaje junto al pintor, la aparición de Daniela y otros personajes, y finalmente la creación de una fundación convierten el relato en una historia coral donde la ayuda a los demás adquiere especial importancia.
También destaca la convivencia de distintos géneros. La narración incorpora poemas, pinturas, fotografías, leyendas, episodios históricos y explicaciones sobre las costumbres locales, proporcionando al volumen un marcado carácter cultural. El estilo de Isabel Pérez es fundamentalmente directo y accesible, con abundancia de diálogos y descripciones que facilitan una lectura cercana.
El desenlace completa la evolución de sus personajes desde una perspectiva esperanzadora. Lo que comienza con la llegada solitaria de un pintor termina conformando una verdadera comunidad unida alrededor del arte, la educación y la solidaridad. Así, La dama y el pintor puede leerse tanto como una novela romántica como un homenaje literario a Vélez de Benaudalla, a la creación artística y a la capacidad de las personas para transformar sus vidas mediante el afecto, la cultura y la ayuda mutua.

Ciudadano del Mundo
