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voces silenciosas

Dra. Toñy Castillo

 Como investigadora y pedagoga, siempre he defendido que el análisis teórico debe ir de la mano de propuestas aplicables. Fruto de esta convicción escribí, junto con la Dra. Carme Tello Casany, Presidenta de Infancia Maltratada, la obra «Voces silenciosas. El acoso escolar: Responsabilidad compartida».

Necesitamos trabajar conjuntamente de manera interdisciplinar porque: La violencia prospera cuando existe silencio, por eso, necesitamos romper la ley del silencio.   Y el relato puede ser uno de los caminos.

Esta perspectiva dialoga directamente con la labor pedagógica, donde el trabajo nunca es aislado, sino una labor coordinada con pediatría, psicología, trabajo social, protección de menores, dependiendo de cada caso:

–  Romper la “ley del silencio”: La violencia y el acoso prosperan en la sombra. El cuento actúa como un detonante pedagógico para que tanto el grupo-clase como los adultos rompan la complicidad del silencio y se conviertan en agentes de protección.

–  Responsabilidad compartida: Demostramos que la culpa nunca es de quien padece la agresión. El grupo y la red institucional reescriben el relato para garantizar un espacio seguro.

–  Estrategias de Intervención Práctica:

1. La reescritura del desenlace: Invitar a rediseñar historias donde personajes excluidos o agredidos encuentran redes de apoyo reales.

2. El baúl de los recursos y la voz colectiva: Creación de historias colaborativas enfocadas en el asertividad y la petición de ayuda activa.

3. La pedagogía de la pregunta metafórica: Interrogar a través del relato («¿Qué necesita este personaje para dejar de sentirse solo? »), revelando necesidades emocionales no expresadas.

4. Casos de estudio y la resiliencia narrativa.

Permítanme ilustrar esto con

El caso del niño con espinas:

Recuerdo a Mateo, de siete años, derivado tras vivir situaciones severas de violencia. Etiquetado como «agresivo e inadaptado», rompía materiales y rechazaba el contacto. No forzamos la conducta. Leímos diariamente la historia de un pequeño lobo con espinas en lugar de pelo que alejaba a todos para no ser tocado. Tras dos semanas, Mateo dibujó una cueva alrededor del lobo y me dijo: «El lobo no pinchaba porque fuera malo, Toñy. Pinchaba porque si se quitaba las espinas, los cazadores le rompían el corazón». Cambiamos la etiqueta de «niño violento» por la de «niño que busca protección.

En ese instante había cambiado algo. No solamente en el dibujo. Había cambiado nuestra mirada sobre Mateo. Ya no estábamos ante:

Un niño violento». Estábamos ante:

Un niño que busca protección. Y esa diferencia puede cambiar una vida. Porque una etiqueta encierra. Pero una pregunta abre.

La Reconstrucción Pedagógica del Relato Interno en la Infancia Herida

En el ámbito de la pedagogía, abordar el relato interno no consiste en analizar un síntoma ni en aplicar un diagnóstico clínico. Consiste en escuchar el alma de la infancia a través de sus lenguajes expresivos y ofrecerle un andamiaje afectivo para reconstruir su propia historia.

Reescribir el desenlace. Podemos pedir al niño que imagine qué sucedería si el personaje encontrara ayuda.

¿Quién podría protegerlo?

¿A quién podría pedir ayuda?

¿Qué necesitaría?

¿Qué cambiaría?

1.El encierro de la palabra y el laberinto emocional

Cuando una niña o un niño atraviesa el umbral de la violencia o el trauma, lo primero que se quiebra es la confianza en el entorno y en la propia capacidad de comunicación. El sufrimiento no siempre se expresa con lágrimas o discursos; con frecuencia se traduce en conductas de repliegue, en miradas desconfiadas o en manifestaciones de rabia.

Desde una mirada pedagógica, comprendemos que la infancia no calla por falta de voluntad, sino porque las palabras directas se han vuelto inaccesibles.

 Exigirle a un niño o una niña que explique formalmente el dolor que ha vivido («¿Por qué te comportas así? » o «Cuenta qué te ha pasado») supone colocarle frente a un muro que genera más angustia. La pedagogía no interroga; la pedagogía abre caminos y ofrece alternativas.

2. La literatura y la metáfora como mediadoras del aprendizaje vital

En el aula hospitalaria o en un espacio educativo protegido, el relato no es un simple entretenimiento: es un recurso didáctico y humano de valor incalculable. Funciona como un puente que respeta los tiempos del menor y facilita la expresión simbólica:

– El valor del rodeo pedagógico: La metáfora permite al niño o a la niña aproximarse a su vivencia sin sentirse expuesto. Hablar de lo que le ocurre al personaje del cuento genera un espacio de protección desde el cual explorar emociones complejas como el miedo, la rabia o la culpa.

– Devolver el sentido de secuencia y posibilidad: La estructura narrativa (el viaje del personaje, los obstáculos que encuentra y la búsqueda de soluciones) enseña a la infancia que ningún momento oscuro es definitivo. Frente al caos del dolor, el cuento introduce una pedagogía de la esperanza: demuestra que las dificultades se pueden transitar y que siempre es posible construir un nuevo capítulo.

– La mirada que acoge y acompaña: La persona educadora no actúa como un observador distante. Su rol es el de mediadora sensible que, valida la emoción del menor, ofreciendo un entorno seguro donde la arcilla, el dibujo o la lectura compartida se convierten en los verdaderos canales de comunicación.

– Crear historias colectivas. Historias donde los personajes descubran recursos:

Donde aprendan a decir no.

Donde aprendan a pedir ayuda.

Donde descubran que no tienen que afrontar solos aquello que les sucede.

La pregunta metafórica. No preguntar:

¿Por qué tienes miedo? Sino:

¿Qué necesita este personaje para dejar de sentirse solo?

Y muchas veces, la respuesta que el niño ofrece para el personaje… es exactamente la respuesta que necesita él mismo.

What do you feel about this?

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