EL SOL
Carmen Carrasco firma “El sol”, un poema lleno de luz, recuerdos y naturaleza, donde el sol africano de su infancia se convierte también en símbolo de amor, vida y memoria.

Cálido sol africano
que iluminaste mi niñez y adolescencia.
El sol.
Globo inmenso de fuego incandescente.
Febo que sale cada día,
poderoso tótem, a darnos su calor,
iluminando con sus rayos generosos
nuestras vidas.
El sol.
Benefactor eterno de las flores,
que como amante y viejo padre
las besa cariñoso en las mañanas
y, a modo de un pintor primitivista,
con su pincel las pinta de colores.
El sol.
Que dora y grana las espigas
formando un mar inmenso y ondulante
de olas doradas siempre en movimiento,
trigo en sazón, alimento ancestral,
pan de nuestra vida.
El sol.
Eterno enamorado de la luna,
diosa nocturna infiel y casquivana,
que en las noches azules y serenas
le hace sufrir de amores y desdenes
ocultándose entre piélagos de estrellas.
Y yo, que adoré siempre el sol
de mi amada tierra africana,
en tus brazos, bajo ese mismo sol
un día en el ayer yo te juré:
No hay más sol en mi vida que tu amor.
Carmen Carrasco
