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LA HUERTA DE MI AMIGO

Marcelino Arellano Alabarces recuerda en «La huerta de mi amigo» un viaje, una amistad y los pequeños detalles que permanecen en la memoria. Un poema íntimo dedicado a Celestino Cócera Hernández.

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A Celestino Cócera Hernández

Esperé largo tiempo, amigo,

a que tú me llamaras. Silencio.

Recuerdo mi viaje a Valencia,

era en otoño. Tu huerta

era un oasis de verde exuberante,

los naranjos lucían como alhajas

sus coloradas naranjas redondas.

Y el limón que, según tú,

nació como un milagro

un día en que el invierno acababa.

Tu casa, la chimenea en donde

hacíais los contundentes asados.

La bodega con infinidad de botellas:

-¿Cuántas botellas tienes de vino?

-No lo sé -me contestaste con una sonrisa-,

nunca las he contado.

Después en tu coche automático

partimos rumbo a Cartagena,

me puse al volante mientras tú

dormías. La noche había sido larga.

Yo conducía y, mientras tanto,

los recuerdos se reflejaban

en el parabrisas del coche.

(31/05/2026)

Marcelino Arellano

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