Poema trágico a Conrado
“Poema trágico a Conrado”, de Ana Martínez Parra, es un poema de duelo y amor eterno, donde la ausencia se convierte en herida, memoria y diálogo íntimo con quien ya no está.

Se quebró la tarde
como un vaso que se cae sin aviso,
y tú estabas en ella,
vivo, tibio, respirando aún mi nombre.
Después, el mundo fue un derrumbe.
Un golpe seco.
Un ruido que no debió existir.
Un instante torcido
que me arrebató la mitad del alma.
Desde entonces camino
como quien ha perdido la llave de su casa
y busca, a tientas,
la puerta que ya no se abre.
Te hablo cada noche.
Digo tu nombre en voz baja
para que no duela tanto,
pero duele igual:
es un filo que no se apaga,
una herida que recuerda que exististe.
¿Dónde guardo ahora tus risas?
¿En qué bolsillo sobreviven tus manos?
¿Qué hago con los proyectos,
los desayunos compartidos,
las discusiones pequeñas,
nuestras rutinas del mundo?
La vida sigue, dicen.
Yo no.
Yo me quedé allí,
en el segundo en que el destino
te dobló la sombra
y me dejó desolada.
A veces sueño que vuelves,
que entras por la puerta
con esa calma tuya
–tan tuya–
y me dices que todo fue un mal sueño.
Pero despierto
y solo encuentro
la huella del silencio.
Te fuiste, amor,
y desde entonces soy mitad,
eco, grieta,
un cuerpo intentando aprender
cómo se vive con un corazón roto.
Si me escuchas,
si tus pasos aún recuerdan el camino,
quédate cerca.
No te pido regreso,
solo un soplo,
un roce leve
que me diga que, en algún lugar,
sigues siendo mío
como yo sigo siendo tuya.

