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FLORES A LOS VIVOS: LA LITERATURA COMO MEMORIA Y PATRIA

Flores a los vivos, de Lucía Guerrero, es una obra emotiva y culta que rinde homenaje a 164 autores universales, defendiendo la literatura como memoria, patria interior y forma de resistencia frente al olvido.

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José Antonio Díaz Flores, padre de Lucía Guerrero, autora del libro Flores a los vivos

El libro Flores a los vivos, de Lucía Guerrero, fue presentado el 26 de mayo en la Biblioteca Francisco Ayala, situada en la Plaza de la Hípica de Granada, en un acto marcado por la emoción, la cercanía y el cariño hacia la autora. La presentación reunió a amigos de Lucía, familiares y personas vinculadas al mundo de la cultura, convirtiéndose en un encuentro especialmente sentido en torno a la literatura y a la memoria.

En la mesa de presentación intervino José Segura, Presidente del Proyecto de Cultura Granada Costa, quien realizó un repaso por la trayectoria del Proyecto y por la labor desarrollada durante años por la Editorial Granada Costa, destacando su compromiso con los autores, la difusión cultural y la defensa de la palabra escrita. Seguidamente presentó a José Antonio Díaz Flores, padre de la autora, quien, lleno de emoción, fue el encargado de acercar al público la esencia del libro desde una mirada íntima, familiar y profundamente humana.

José Segura, presidente del proyecto de cultura Granada Costa y José Antonio Díaz flores, padre de la autora

El acto contó también con la presencia de Pedro Mejías, director de la Biblioteca Francisco Ayala, así como con numerosos amigos de Lucía Guerrero y del propio José Antonio Díaz Flores. Uno de los momentos más especiales de la presentación llegó cuando el padre de la autora leyó algunos poemas del libro, dando voz a una obra profundamente vinculada a la memoria, a la literatura y al amor por los autores que permanecen vivos a través de sus páginas.

Nacida en Granada en 1980, Lucía Guerrero es licenciada en Psicología, Premio Nacional de Fin de Carrera, especialista en Psicología Clínica y formada también en Estudios Lingüísticos, Literarios y Culturales. Esa doble mirada, psicológica y literaria, se percibe en una obra capaz de observar el dolor, la memoria y la fragilidad humana con una sensibilidad poco común.

Flores a los vivos es un libro nacido desde una profunda gratitud hacia la literatura y hacia todos aquellos autores que, a través de sus obras, continúan acompañando la vida de los lectores. No se trata de un poemario convencional, sino de una ofrenda literaria, íntima y culta, en la que la autora convierte la lectura en una forma de memoria, de fidelidad y de resistencia frente al olvido.

Desde el propio título se anuncia ya una intención hermosa: no llevar flores a los muertos, sino a los vivos. Pero los vivos, en este libro, no son solo quienes permanecen físicamente en el mundo, sino también aquellos escritores que siguen respirando en sus páginas, en sus personajes, en sus versos y en la conciencia de quienes los leen. Lucía Guerrero plantea así una idea central: los autores no mueren del todo mientras alguien conserve con ellos una conversación abierta a través de los libros.

La dedicatoria inicial marca el tono emocional de la obra: “Para mi abuela, que me prometió que no se iba a morir nunca. Y que ha cumplido su palabra”. En esas líneas se concentra buena parte del sentido del volumen. La muerte no es aquí una desaparición absoluta, porque el amor, la memoria y la palabra permiten una forma de permanencia. Esa dedicatoria familiar se convierte, por tanto, en una clave de lectura: este libro habla de quienes siguen vivos porque continúan siendo recordados.

Antes de iniciar el recorrido poético, la autora incorpora tres citas de Jorge Luis Borges, Alberto Caeiro y Luis Señor, que funcionan como pórtico espiritual de la obra. Borges reivindica el orgullo de las páginas leídas; Caeiro entiende la escritura como algo natural, casi inevitable; y Luis Señor afirma que “uno es de donde tiene los libros”. Estas tres ideas sostienen el corazón de Flores a los vivos: leer es pertenecer, escribir es respirar y los libros son una verdadera patria interior.

Por las páginas del libro desfilan numerosos nombres esenciales de la literatura universal: Cervantes, Cortázar, Dostoievski, Stendhal, Amos Oz, Kafka, Flaubert, Shakespeare, Whitman, Philip K. Dick, Agota Kristof, David Foster Wallace, Borges, Kundera, Dante, Calvino, Safo, Virginia Woolf, Proust, Robert Walser, Lorca, Pessoa, Chéjov, Rulfo, Bradbury, Bulgákov, Machado, Tolstói, Zweig, Nabokov, Balzac, Steinbeck, Flannery O’Connor y muchos otros. La contracubierta precisa que son ciento sesenta y cuatro autores, todos ellos “vivos” dentro del hogar de estas páginas. A todos ellos Lucía Guerrero les lleva sus flores.

La contracubierta explica con gran belleza el propósito de la obra: escribir para que aquellos a quienes amamos “se mueran una sola vez”, para que no queden, como dice Landero, “remuertos”, sepultados por la indiferencia y el olvido. Esa idea convierte el libro en algo más que un homenaje: lo transforma en un acto de justicia lectora. Recordar a los autores, volver a ellos, citarlos, leerlos y hacerlos presentes es impedir que la muerte tenga la última palabra.

Los poemas de Flores a los vivos son breves, intensos y de gran precisión expresiva. Algunos tienen forma de aforismo; otros, de elegía; otros, de guiño irónico o de confidencia. Lucía Guerrero sabe condensar en pocos versos una biografía, una tragedia, una admiración o una emoción. Su escritura combina inteligencia, sensibilidad y una fina ironía que evita cualquier solemnidad excesiva.

Especial relevancia adquiere la presencia de David Foster Wallace, uno de los nombres que atraviesan el volumen con mayor intensidad. También Cervantes y el Quijote ocupan un lugar simbólico fundamental, como representación de una belleza capaz de herir y salvar al mismo tiempo. Junto a ellos aparecen escritoras como Virginia Woolf, Sylvia Plath, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, Janet Frame, Lucia Joyce o Flannery O’Connor, tratadas con una mirada de respeto, lucidez y reparación.

Ganador de la rifa del libro Huella universal de Miguel de Cervantes junto a José Segura y Pedro Megías, director de la Biblioteca Francisco Ayala de Granada

Flores a los vivos es, en definitiva, un libro culto, emotivo y necesario. Una celebración de la literatura como patria, como consuelo y como forma de amor. Lucía Guerrero no deposita flores sobre una tumba, sino sobre la mesa de lectura, allí donde los libros siguen respirando y los autores continúan vivos.

La jornada concluyó con la firma de ejemplares por parte de José Antonio Díaz Flores, padre de Lucía Guerrero, y con un sorteo organizado por el Proyecto de Cultura Granada Costa entre todas las personas que adquirieron un ejemplar de la autora. El libro sorteado fue Huella Universal Miguel de Cervantes, una obra especialmente vinculada al espíritu cultural y literario del Proyecto.

Redacción Granada Costa

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