No me atrevo a decir tu nombre
La autora Inmaculada González escribe un poema íntimo y estremecedor sobre el miedo a la muerte, esa presencia inevitable cuyo nombre cuesta pronunciar y que despierta soledad, angustia y reflexión.

Intento escribir sobre ti
y hasta el bolígrafo me tiembla.
Trato de no pensar en ti
porque me acongoja tu calavera.
No me atrevo a decir tu nombre
porque si lo pronuncio, me hiela.
Amenazando mi sosiego
tu eco me ronda la cabeza
porque no consigo aceptar
que eres parte de la existencia.
No quiero enfrentarme a ti
porque engullirás todo lo que tengo.
A dónde me conducirás
cuando solo sea un recuerdo.
Tú eres nada y soledad.
Yo no quiero quedarme sola.
Sin ellos no sabría ser
y tu naturaleza los devora.
Aléjate, te lo suplico.
Deja de amedrentar al tiempo.
Saber que me llevarás algún día
instiga fuerte mi lamento.
Intento desdeñar tu presencia,
porque me estremece mirarte.
Vivir pensando que no existes,
un desafío inalcanzable.
No me atrevo a decir tu nombre,
para que el mío en tu lista no taches.


Real como la vida misma. El eterno temor a la muerte y nuestro arraigo a la vida. Nuestros miedos a la pérdida de un ser querido y hasta nuestro adiós a esta existencia. Ha sabido captar perfectamente nuestros infinitos temores a la muerte. Gracias
La muerte es nuestra compañera constante desde que nacemos. Porqué temerla? Ella nos abrirá la puerta, como una buena amiga, cuando sea el final del camino. Ella cuida que sea en ese momento y no en otro. Su nombre es PAZ y nos abrirá la puerta con una sonrisa dulce y apacible que nos reconfortará durante el viaje de regreso a nuestro verdadero hogar celestial.
Al final tememos a lo que se escapa de nuestra experiencia, la muerte propia. Y lo que sabemos de la muerte ajena es que es eterna. Supongo que lo único positivo que puede proporcionar la muerte es del deseo de apegarse a la vida el intentar tener consciencia de sí mismo y del mundo que te rodea, dejar una obra marcada por el amor desesperado a la vida.