LA SOLEDAD
Val Marchante Leganés nos invita, con su poema «La soledad», a reflexionar sobre el dolor del aislamiento, la angustia emocional y la importancia de descubrir nuestra propia luz para superar la oscuridad interior.

Hay una soledad que se apropia de los vacíos,
se esconde en un rincón del alma esperando con paciencia
una caída o dos para ganar terreno
y penetrar a través de los poros de la piel.
A veces desarrolla forma de parásito
y arroja un discurso categórico.
No hay marcas aparentes, pero duele
cuando sus látigos se incrustan en la sien
y secuestran la razón.
Se pasea por tus aposentos,
cierra las puertas para recrearse en tu angustia
y ríe mientras no encuentras lógica a tus lágrimas.
Cada minuto avanza despacio,
el tiempo se convierte en una sombra negra
que va oscureciendo la mente.
Sin embargo, la soledad no es siempre un enemigo.
En este ir y venir junto a ella
existen desvíos donde se aprende a dialogar,
a mirarla de frente, negociar la distancia
aunque el corazón contenga grietas,
la mente soporte el peso del desconsuelo
y las lágrimas acudan silenciosas al rostro.
Quizá toda persona deba hacer frente a su soledad
para que pueda descubrir su propia luz
y encontrar el modo de abrir las ventanas
para que la noche no se haga eterna.

