EN BUSCA DE LA PERSONALIDAD
Rogelio Bustos Almendros reflexiona sobre la personalidad y su influencia en la conducta humana, tomando como punto de partida la actualidad política y judicial para analizar carácter, ambición, moralidad y responsabilidad pública.

Cuando un plebeyo ocupa un palacio
no se convierte en noble ni en rey.
El palacio se convierte en ventorrillo.
(proverbio turco)
Casi todos los días suelo ir a dar un paseo a ese monumento artístico florido que son los jardines del parque García Lorca. El día 6 de mayo sentado en un banco disfrutaba viendo y oliendo el perfume blanco de los celindos. En esto estaba cuando tres mujeres de edades alrededor de los 60 años discutían acaloradamente, y vinieron a sentarse en otro banco próximo al mío. El tema era las declaraciones en el Tribunal Supremo de los señores Ábalos, Koldo y De Aldama. Cada uno de ellas tenía su propia opinión. Una de ellas observó que yo estaba muy atento a sus discusiones, y sin más me preguntó si yo había visto y oído en televisión las declaraciones de estos tres golfos, y le dije que sí. Entonces me preguntó qué me habían parecido. La pregunta me puso en un compromiso, pues no tenía ninguna gana de meterme en aquel lío, y para salir del paso simplemente le dije que cada uno se había portado y contestado a las preguntas de los magistrados y fiscales, según su personalidad. Hubo un largo silencio, y después las tres mujeres a coro preguntaron qué puñetas tenía que ver la personalidad para que hubieran robado a lo grande y se hubieran gastado el dinero de los contribuyentes en prostitutas, etc. etc. y otras lindezas que yo no puedo decir aquí.
Estuve a punto de salir corriendo, pero me enfrenté al reto porque hace unos días había asistido a una conferencia sobre la PERSONALIDAD y me había obligado a leer algunos textos sobre este tema. Dije mi parecer sobre cada uno de estos señores.
KOLDO: Sus contestaciones fueron rústicas, verdades, medias verdades y mentiras, y a veces, contradictorias, expresadas en tono y gestos vulgares y con una gran inseguridad.
ÁBALOS: Contestó como político ante un mitin o ante un consejo de ministros negando, justificando o mintiendo a pesar de las pruebas. Se declaraba inocente, utilizado. No parecía ser consciente que estaba ante un tribunal de Justicia y que le acusaban de graves delitos. Podríamos aplicarle las palabras del poeta americano Ralph W. Emerson: ¿Cómo voy a creer lo que me dice si lo que Vd. es me salta a la cara?
ALDAMA: Se le veía muy seguro en sus contestaciones, al menos lo aparentaba, comedido y contando la verdad o su verdad, pues en estos tiempos de hipocresía cualquier sinceridad suena a cinismo. Ha aportado pruebas y era consciente dónde estaba. Y lo más importante: Reconocer su culpa y colaboración con la Justicia para esclarecer la verdad, cosa que los otros no hicieron.
Por otra parte, si analizamos a estos personajes desde el punto de vista fisiognomónico, es decir, su morfología corporal y facial, especialmente, ésta última, la cara, daremos justificación a ese dicho popular que dice: “La cara es el espejo del alma”. Es más, habría que decir que es el espejo de todo nuestro ser, físico, mental, ético, moral, psíquico…
En este caso que nos ocupa, desde el punto de vista fisiognomónico, al Sr. ÁBALOS no dudaría en encuadrarlo en un ser materialista, sensual, incapaz de si no vencer, al menos frenar sus pasiones sexuales por el puesto de poder y dignidad del cargo. Además, se le nota un exagerado egoísmo sin el más mínimo escrúpulo. Se puede decir que ha envilecido aún más la política, y por el contrario, ha encumbrado o tal vez dignificado, la prostitución.
El Sr. KOLDO es una mezcolanza de caracteres. sin ser sentimental puede ser afectuoso, familiar, servicial, incluso aparentar generosidad. Se mueve entre el servilismo y la altanería, y siempre con el propósito de obtener algún provecho. en definitiva, eso que en leguaje popular se conoce con el nombre de “pillo”.
En cuanto al Sr. De ALDAMA sobresale la inteligencia práctica que capta las cosas materiales y concretas con gran instinto comercial y talento para la administración, y un saber especial como intermediario. Posee también una suerte de idealismo y sentimentalismo. Pero, como en este caso la ambición pudo más que el sentido común y ético.
Con todo lo dicho sobre estas tres personas ha sido mostrar que han puesto de manifiesto su PERSONALIDAD. ¿Y qué es la personalidad? En el diccionario de Psicología dice: “es el conjunto estructurado de las disposiciones innatas (herencia, constitución) y de las adquiridas (medio, educación y reacciones a estas influencias. Para el prestigioso científico andaluz José M. Rodríguez Delgado la personalidad la forman los siguientes elementos:
Iº- La herencia que aporta ciertas características y cualidades.
2º- El aprendizaje que se origina en la familia, en la escuela, con los amigos y en el medio en el que se desenvuelve su vida en relación con el prójimo.
3º- La inteligencia que puede modificar e influir en el aprendizaje e interpretar de modo original la conducta, controlando las emociones, los instintos, las pasiones, etc.
Las ideologías y las creencias forman también parte de la personalidad, y son tan poderosas que son ellas las que dirigen la política mundial y la conducta humana. No olvidemos la Guerra Civil Española, las creencias religiosas, no olvidemos las Cruzadas Cristianas y las luchas entre católicos y protestantes, las guerras entre musulmanes, judíos, y las tribus africanas, etc.
En definitiva, la personalidad está formada por un conjunto de factores, de cualidades que condicionan nuestra conducta. Son muchos los factores que originan y conducen nuestras acciones y todos nuestros comportamientos, pero son esenciales el temperamento, que es la suma de los estados de ánimo, y el carácter, que es la manera de ser, sentir o reaccionar de una persona, que puede ser positivo o negativo respecto a la honradez, la tolerancia, la sinceridad, la confianza, del entendimiento, la simpatía, el optimismo, el honor, la modestia, la fe y su perseverancia, la lealtad, el valor, la comprensión…
Las tres mujeres me escucharon muy atentas, una de ellas exclamó ¡Cuánta vileza hay hoy en la política, tanto en los gobiernos como en la oposición! Los tiempos cambian, pero para peor. El Quijote dijo: “No peleo por la hacienda, que peleo por la honra”. Ahora se dice y hacen lo contrario: no peleo por la honra, que peleo por la hacienda. Y dijo la verdad.

