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APRECIO POR SORPRESA

«Aprecio por sorpresa», de Antonia Pérez Bolaños, es un poema a la Virgen del Pilar que celebra la devoción mariana, la tradición aragonesa y el vínculo con la Guardia Civil. Una composición llena de fe, gratitud y amor a la patrona de la Hispanidad.

Virgen y Niño con aureola dorada

Un día, Santiago Apóstol
llegó a orillas del Ebro.
Allí vio una Virgen sobre un pilar.
Pensó: «¿Estaré soñando…?».
¡No, no!

¡Es la Virgen del Pilar,
del Pilar de Zaragoza!

Él, al ver a la Virgen tan bella,
con gran emoción dijo:
«Virgencita del Pilar,
¿quieres ser patrona de España
y de la Guardia Civil?».

La Virgen inclinó su cabeza.
Santiago cayó de rodillas,
adorando a aquella
Virgen pequeña.

Llegan todos los mañicos,
todos de rodillas rezan.
Al tiempo bailan la jota,
la jota aragonesa,
que dice:

«Tú no quieres ser francesa,
tú quieres ser capitana
de la Guardia Civil.

Quieres ser la patrona de España,
de esta gran nación,
de nuestra patria».

Te amamos, bendícenos con tu manto,
lleno de colores, de estrellas.
Llevas en el brazo a un Niño.

Dime, gran Señora,
¿es el Niño Jesús?
A Él también adoramos.

Te regalamos una corona
de perlas hermosas,
de diamantes y brillantes.

Podemos, si nos lo permites,
colocarla sobre tu cabeza.

Llenaremos tu vestido
y tu manto de luces, de estrellas,
todo del color del cielo,
azul y muy brillante,
para que la luna vea
que tú naciste Inmaculada,
sin mancha ni pecado alguno.

Todos te adoramos y te pedimos
que bendigas y protejas a España,
a todos los españoles,
también a todos los hispanos,
porque ellos te adoran
como nosotros.

Zaragoza tiene una Virgen mañica,
que ante ti cantan,
bailan la jota
y todos al unísono.

Con ellos te queremos decir:
«¡Te queremos!».

Siempre divulgaremos
tu imagen a otras tierras,
hasta el infinito.

Al amanecer el día,
con el sol radiante, brillante,
miraremos al cielo
para darte infinitas gracias
por haber elegido a España
y ser nuestra patrona.

¡Viva la Virgen del Pilar!
¡Viva la Guardia Civil!
¡Viva España!

Una vez más te damos gracias,
Señora y Madre nuestra.
Nunca nos abandones.

En la hora final,
cógenos de la mano,
súbenos junto a ti y tu Hijo,
para estar al lado
de Dios Padre,
el Hijo
y el Espíritu Santo.

Allí quedarnos
con vosotros
toda la eternidad.

Antonia Pérez Bolaños

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