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PROTAGONISTA: MELILLA

**«Protagonista: Melilla»**, de **Carmen Carrasco**, reúne poesía, memoria y crónica para expresar su profundo vínculo con Melilla y recordar distintos actos culturales, religiosos e institucionales vividos entre Melilla y Valencia.

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 SOY DE MELILLA

Soy de Melilla.

Tierra fenicia, púnica, romana…

Amalgama de razas que mezcladas,

a través de su historia milenaria,

con su esfuerzo forjaron entre todas

una ciudad leal, heroica y generosa.

Paraíso de eterna primavera

donde el sol en sus playas se recrea.

Perla africana, orgullosa y ufana

de sentirse española.

¡Bendita seas, hermosa Tierra!

Soy de Melilla.

Su bandera arrancada del cielo

va ondeando al viento bajo el sol.

Azul como el mar amoroso que la baña,

que besa sus playas de arena dorada.

Azul como sus noches estrelladas.

Como los lirios que adornan sus jardines.

Recorte celeste desprendido

que Dios generoso le envió.

Enseña venerada que los melillenses,

dondequiera que estemos,

llevamos prendida en nuestro corazón.

¡Bendito seas, glorioso blasón!

Soy de Melilla.

Y adoro a una Virgen milagrosa,

Virgen de la Victoria coronada.

Alcaldesa perpetua. Capitana.

Que bajó de los cielos para vivir aquí.

Imagen bendita que desde su altar santo,

y bajo su amparo generoso

protege a los hijos de esta tierra

velando por su paz, rezando por su unión.

Sin distinción de credos ni de razas.

¡Bendita seas, Patrona venerada!

Soy de Melilla.

Y al contemplar las pétreas murallas

de la antigua y gloriosa Ciudadela

que de sus héroes atesoran hazañas,

yo beso esas piedras centenarias

testigos de su historia y sus leyendas.

Y al recorrer los parques y jardines,

de frondosos árboles ornados,

de sus palmeras la sombra me cobija,

que altivas se elevan hasta el cielo

y sobre mí derraman como lluvia,

hermoso manto vegetal,

sus doradas lágrimas de miel.

Y en noches perfumadas de azahar,

Iluminadas por una luna llena,

se escucha el dulce canto de sirenas,

que de sus playas enamoradas,

arrullan su sueño desde el mar.

¡Bendita sea mi Tierra entera!

Soy de Melilla.

Y cuando llegue el día en que mi vida acabe

y a la fuerza me arranquen de ti,

quiero llevarme, como un tesoro al cielo,

un pedacito de su sagrado suelo

para poder besarlo desde allí.

¡Mi añorada ciudad! ¡Te quiero!

Y musito tu nombre cuando voy a rezar.

¡Bendita seas por siempre!

¡Heroica y vieja ciudad! Porque…

¡Yo soy de Melilla! ¡Y no necesito más!

     Este poema lo recité en el acto de mi nombramiento como Melillense Ejemplar del año 2026 celebrado el día 27 de junio en la ciudad de Melilla durante una cena de gala en el Hotel Melilla Puerto, con la asistencia de autoridades y presidentes de las distintas Casas Regionales de Melilla repartidas por toda la geografía española, destacando en especial a D. José Luis Caras Toledo, presidente de la Casa de Melilla en Valencia, a quien estoy muy agradecida.

Este nombramiento fue para mí muy emocionante, con el que había soñado durante tanto tiempo. Acompañada por todas las autoridades y presidentes, se me entregó un cuadro con el nombramiento y acto seguido de dar las gracias, recité mi poema Soy de Melilla, que fue muy aplaudido. Esa noche sentía como si mi ciudad me acogiese en sus brazos como una madre a su hija. Os confieso que cuando me dieron la noticia del nombramiento, me eché a llorar de la alegría que sentí. Hay que vivirlo. Eso pasa solo una vez en la vida y yo aún sigo viviéndolo día a día.

     Dejemos la ensoñación y pasemos a comentar, siquiera resumidos, algunos actos en los cuales los melillenses hemos sido los protagonistas, tales como la celebración del Día de Melilla en la Casa Regional de Melilla en Valencia. Tuvo lugar el pasado día 17 de septiembre pasado, fecha en que la ciudad, año 1497, perteneció a la corona de España, siendo un territorio abandonado en el norte de África y, por supuesto, sin que aún existiese el reino de Marruecos.

Fue D. Pedro de Estopiñán, comendador del duque de Medina Sidonia, quien arribó a las costas africanas y sobre un territorio en ruinas fundó la ciudad llamada Melilla la Vieja. Más tarde se fue ensanchando hasta convertirse en la actual Ciudad Autónoma que es hoy. Pequeña, pero entrañable y muy española, quizá más española que algunas de las situadas en la península.

 Con sus playas de arena dorada. Su arquitectura modernista siendo la ciudad con más edificios modernistas después de Barcelona. Sus hermosos parques, destacando el Parque Hernández con gran variedad de plantas autóctonas. Su puerto franco y sus antiguos faros. Pero, sobre todo, su histórica Ciudadela, llamada Melilla la Vieja, construida hace más de quinientos años, desde el siglo XVI al XVIII, y asentada sobre los restos fenicios de la antigua ciudad de Rusadir. Enorme fortaleza de piedra, cuyas murallas tienen doscientos metros, y situada en un peñón a sesenta metros sobre el mar, con hermosas vistas. Posee cuatro recintos fortificados, doce torreones principales y centenarios, fosos, túneles, cuevas, puentes levadizos, iglesia, aljibes, por lo cual fue declarada Conjunto Histórico-Artístico, en 1953, y Bien de Interés Cultural, en 1986.

Se me fue el santo al cielo hablando de mi tierra. Paso, pues, a comentar el acto de conmemoración del Día de Melilla en la Casa Regional de Melilla en Valencia. La celebración comenzó con una misa solemne oficiada por el párroco D. José Antonio Teodolí, acompañado de ocho ayudantes, en la Parroquia de Santa Teresa y en honor a la Virgen de la Victoria patrona de Melilla. A ella estaban invitados los distintos presidentes de las otras Casas Regionales con sus respectivas Reinas, luciendo los preciosos trajes de cada Comunidad, autoridades y diversas asociaciones literarias. El coro rociero de la Casa de Andalucía, ataviados todos con sus trajes regionales, nos deleitó con sus voces y guitarras, ya que la misa fue cantada. Emocionante fue escuchar la Salve rociera.

Yo, asimismo, fui vestida con el traje regional melillense y leí parte de la epístola junto a dos compañeras más. Durante el ofertorio, portamos cestas con ramos de flores  y comestibles destinados a los necesitados.

Finalizado el acto religioso, se hicieron las tradicionales fotos junto a la Virgen, las autoridades, presidentes, Reinas y público en general que lo deseó.

     A continuación, nos trasladamos a la Sede de la Casa de Melilla en Valencia, donde su presidente, Sr. Caras Toledo, pronunció unas palabras sobre el motivo de la celebración e hizo una breve historia de la conmemoración de la fundación de la ciudad, siendo española desde el 17 de septiembre de 1497. Se escucharon los himnos de Melilla, Entonemos un himno delante / de la ilustre Melilla con voz / que, arrancado del pecho, levante / de los labios un grito de amor /. Un pedazo de España, Melilla… El himno de Valencia y el himno Nacional y, acto seguido, pasamos a degustar un vino de honor, magnífico ágape, como la Casa nos tiene acostumbrados, seguido de una riquísima paella, todo ello preparado por el presidente y ayudantes. Y como broche de oro, un exquisito té moruno con pastas.

Emocionante conmemoración del Día de Melilla.

Días antes del acto anteriormente celebrado, la Alcaldesa de Valencia, doña María José Catalá, invitó a la Casa de Melilla a una visita en el Ayuntamiento en señal de solidaridad con las ciudades de Melilla y Ceuta, ciudad mártir por la invasión que ha sufrido y lo mal que lo están pasando sus buenas gentes. Así que a las 12.30 horas nos hicieron pasar al Ayuntamiento, enseñándonos sus distintas dependencias: hemiciclo, salón de los Espejos, museo, para a continuación, pasar a una sala donde la Alcaldesa nos esperaba, saludando uno a uno, besándonos afablemente.

      Nos sentamos en círculo, entablando un diálogo distendido, ya que esta señora es muy amable, sencilla y  comunicadora, interesándose durante toda la recepción por los problemas de las dos ciudades fronterizas y siempre amenazadas.

Varios de los presentes le regalamos unos libros como recuerdo de la visita y, asimismo, la Casa, en la persona de su presidente, la obsequió con otro libro sobre Melilla. Ella, a su vez, tuvo el detalle de regalarnos a cada uno una bolsa con un tarro de miel y un saquito de arroz, ambos productos especiales por su cultivo.

Las cámaras de TV grabaron todo el acto, así como los fotógrafos oficiales. Nosotros, con nuestra bandera desplegada luciendo su escudo sobre el azul del lienzo, también nos hicimos una foto de familia con la Alcaldesa. Fue una visita muy gratificante.

Al día siguiente a esta visita, cientos de miles de personas, valencianos y no valencianos, fuimos a la manifestación de solidaridad con Ceuta, ondeando nuestras banderas. La concentración tuvo lugar frente al Ayuntamiento, pero los miles de asistentes copaban las calles adyacentes en perfecto orden y comportamiento cívico.

Yo llevaba una bandera con los nombres de Melilla y Ceuta escritos con letras grandes y, sorprendida, al día siguiente vi que había salido en el periódico melillense El Faro.

La manifestación fue todo un éxito.

     Bueno, y hasta aquí, algunos actos con la ciudad de Melilla de protagonista y una nostalgia grande por su ausencia… tan lejos y tan cerca. Pero, a pesar del tiempo y la distancia, Melilla está siempre en mi corazón, ese trozo de España, desconocida Cenicienta esperando un príncipe que la descubra. O, como siempre digo: Donde esté Melilla, que se pare el sol.

Vuestra amiga Carmen Carrasco.

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