Portada » LATINTA DE LOS AÑOS
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El tiempo escribe con tinta de almendro en flor 

sobre mis manos, mapa de grietas y cosechas. 

Llevo en los párpados, el crepúsculo de mil inviernos 

y en la voz, un río que murmura canciones antiguas. 

La memoria deshoja sus cuadernos: 

aquí un fragmento de risa en la lluvia, 

allí la tormenta que dibujó cicatrices 

con aguja de luna. 

Aprendí a leer el silencio entre las palabras 

y a guardar esperanzas en frascos de cristal. 

Mi cuerpo es ahora un reloj de arena 

donde la luz se filtra sin prisa, 

pero en el pecho late un bosque 

que no entiende de calendarios. 

Las arrugas son versos escritos

al margen del espejo, 

poesía que nadie podrá borrar. 

Dejo semillas en los surcos del camino: 

historias tejidas con hilos de nostalgia, 

el aroma del pan recién horneado en la infancia, 

y ese amor que sobrevivió a todos los naufragios. 

La vejez es un faro que ilumina 

lo que realmente importa. 

Atravieso la tarde con pasos de mariposa, 

mientras una sombra femenina me susurra 

que cada arruga es un verso 

y cada pérdida, un papel en blanco. 

Escribo con el aliento que me queda: 

esta poesía sin relojes, solo latidos. 

Francisco Luque Bonilla

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