Réquiempor Gaza
Ana Martínez Parra denuncia en Réquiem por Gaza el sufrimiento de la población civil y convierte el dolor, la pérdida y la destrucción en un poema que culmina con una llamada a la paz.

Ya no tañen las campanas.
Ya no se escucha
la llamada
al rezo de la oración
Sólo sirenas ululantes
Sólo gritos de dolor
Y en ocasiones,
Sólo silencio de muerte
alza su sonora voz.
Caen los niños inocentes,
caen las casas de los viejos,
caen los nombres ,
bajo el terror
de la balas
que siembran desolación.
Caen, caen
Y nadie mitiga
Su desesperación.
Un padre alza los brazos:
no sostiene a su hijo ya muerto
sostiene tan
solo,
el vacío estremecedor
Una madre besa la tierra:
allí duerme su pequeña,
ya no sueña,
ya no ríe,
ya no vuelve.
Gaza sangra.
Gaza llora.
Gaza arde.
¡Qué tremenda
decepción!
Los hospitales ya no curan,
los hospitales son cementerios blancos.
Las calles ya no conducen a plazas,
conducen a tumbas sin nombre.
El aire ya no se respira,
se mastica en humo,
se traga en polvo,
se escupe en sangre.
Gaza grita.
Gaza suplica.
Gaza se rompe.
Pero el mundo gira la cabeza,
contando cadáveres como cifras,
olvidando que cada cifra
es un rostro,
es un sueño,
es un corazón arrancado.
Gaza recuerda.
Gaza resiste.
Gaza existe.
Y entre los muros caídos,
una vela encendida tiembla.
Una voz susurra:
“Seguimos aquí”.
Una mano busca otra mano,
un niño, aún vivo,
dibuja un sol en la arena.
Gaza no muere.
Gaza no calla.
Gaza aún late,
Gaza resiste buscando
la paz y la liberación.
POR UNA GAZA LIBRE.

