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LADY MARY WORTLEY MONTAGU: AVENTURERA Y AMANTE DEL DESIERTO

Aurora Fernández relata la vida de Lady Mary Wortley Montagu: sus viajes, sus escritos sobre la sociedad otomana y su papel en la difusión de la inoculación contra la viruela.

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                                  En el siglo XVIII el matrimonio tenía más que ver

                                  con las finanzas que con el romance.

       En el siglo XIX un buen número de aristócratas británicas, cultas y aventureras atraídas por las lecturas prohibidas de Las Mil y una Noches, abandonaron el confort de sus mansiones inglesas para ir a conocer el lejano Oriente: el Oriente de los harenes, los bazares atractivos y coloristas, los mercados de esclavos, los perfumes, las caravanas de camellos, las noches estrelladas en medio del desierto, los beduinos, las pirámides, la cultura árabe… en fin todo el desierto.

   Egipto se convirtió en el primer destino de moda para los británicos, no sólo por sus monumentos sino también por su clima cálido y saludable. En aquella época todo Oriente era una tierra inexplorada donde era posible la aventura más romántica inimaginable.

   Muchas damas británicas se sentían atraídas poderosamente por este mundo desconocido: Lady Hester, Gertrude Bell, Lady Jane Digby y hasta la famosa escritora Ágatha Christie, entre otras.

   Lady Mary Wortley (Londres, 1689-1762), su nombre de soltera era Mary Pierrepoint Fielding, hija de los condes de Kingston. Su padre era un aristócrata miembro del parlamento inglés. Lord Kingston le inculcó el gusto por la lectura, pues poseía una biblioteca con miles de volúmenes. Mary, comenzó a leer desde muy pequeña y pronto empezó a escribir poemas.  La mala relación con su institutriz, que era altiva y exigente, le inspiró sus primeros cuentos satíricos titulados: “La dócil princesa”.

     Mary, gran lectora, devoraba las obras de Molière, Corneille y los poetas latinos como Ovidio. A los trece años ya hablaba francés y dominaba el latín. Muy joven publicó ensayos y sátiras, y hacía tertulias en su casa con escritores ingleses, a quienes sorprendía por su elegancia, buenos modales y animada conversación.

MATRIMONIO

    Mary era sin duda un buen partido y tenía muchos pretendientes, pero fue a través de su amiga Anne Wortley Montagu, nieta del conde de Sandwich, que un día le presentó al hombre con quien acabaría casándose, su hermano Edward con quien empatizó por sus conocimientos de latín y el amor por la poesía. Aunque no agradaba a su padre ni tenía fortuna personal sí descendía de familia rica con títulos nobiliarios, al final negoció las condiciones del matrimonio de su hija. Entre tanto, ella se dedicaba a leer poesía italiana y escribir ensayos y poemas sobre temas clásicos, y Edward escribía panfletos criticando los contratos matrimoniales de la época en los ratos libres que le dejaba la política.

   Una noche se fugaron los dos por la terraza de su casa en un coche de caballos. Fue un escándalo que su padre no le perdonó.

 Empezaban una vida en pareja que no les iba a ser fácil. No estaba basada en el amor. Edward decía que el amor lo dejaba para las novelas. No tuvieron romántica luna de miel. Era un hombre ambicioso, egoísta, negligente, despreocupado con su esposa.

VIAJE A ORIENTE

 En 1716 su marido fue nombrado embajador en la corte de Estambul, y Lady Wortley aceptó acompañarlo con su hijo de cuatro años. No quería renunciar a un viaje como éste que tanto había soñado cuando estudiaba en la biblioteca de su padre en los mapas y textos de la Antigüedad clásica: las ruinas de Italia, las islas griegas…

Lady Mary Wortley Montagu preparó un gran equipaje como correspondía a su estatus: trajes de noche, zapatos, guantes, joyas, vestidos, pelucas, enaguas, y, sobre todo, muchos libros, y un gran séquito.

Lady Mary tuvo ocasión de visitar las habitaciones secretas de los harenes del sultán otomano. Escribió la primera carta desde su residencia en Estambul a la Princesa de Gales, Guillermina Carolina, esposa de Jorge II. Le describe las dificultades del viaje y las fatigas por no poder hacerlo por el Danubio que estaba congelado. También el llamativo lujo de la corte imperial del Sultán, las majestuosas ceremonias, la opulencia de sus palacios, la belleza arquitectónica de sus mezquitas, el refinamiento de los harenes… Usaba el velo para poder visitar lugares y mezquitas que estaban prohibidas a una dama cristiana. Entró en contacto con la hija del sultán Ahmet III de trece años que había contraído matrimonio con el teniente del gran visir, favorito del Sultán, que tenía cincuenta y un años. Nos describe cómo iba vestida esta joven princesa: “Vestía un caftán de brocado de oro con flores de plata, que realzaba su pecho. Calzones de color rosa, el chaleco verde plateado, las zapatillas blancas finamente bordadas, sus brazos con grandes brazaletes de diamantes igual que el ancho cinturón. En la cabeza un delicado pañuelo en tonos rosados y plata; su larga cabellera recogida en trenzas, y en lado varios broches de joyas”.

   Cuenta una anécdota y capricho del Sultán Ahmett, pues resulta que era gran amante de las flores y jardines; sobre todo de los tulipanes, traídos desde Holanda en el siglo XVII, y daba grandes fiestas para celebrar su floración en la ladera del Bósforo donde tenía una gran extensión de tierra. Hasta el punto que llegó a crear un ministerio.

   Todos los embajadores y cónsules europeos tenían su residencia en un pintoresco barrio con vistas al cuerno de oro, al puerto, al serrallo… era en sí mismo una ciudad amurallada con un ambiente cosmopolita por sus comercios, cafés, tabernas, elegantes palacios… que cautivaron a Lady Mary desde el primer momento. Por allí paseó con Théophile Gautier contemplando los minaretes de las mezquitas, la ciudad de Constantinopla…

Le gustaba visitar a sus amigas turcas, explorar los rincones de Estambul, visitar sus palacios: Tokappi y Santa Sofía, navegar por las aguas del Bósforo, recorrer el Gran Bazar…

 NACIMIENTO DE SU HIJA Y LA VACUNA DE LA VIRUELA

   En 1718 dio nació su hija Mary, y fue cuando aprovechó para hablar con los médicos sobre la práctica de la inoculación que los turcos utilizaban como vacuna contra la viruela, pues se trataba de pinchar al paciente con una aguja infectada con el pus de la viruela. Los síntomas eran de fiebre al cabo de una semana, tras la cual el paciente se recuperaba y quedaba inmunizado. Esta enfermedad estaba causando muchas muertes en Inglaterra. Un hermano de Mary había fallecido y ella tenía la cara marcada. Decidió probarla en su hijo Edward que se recuperó en pocos días sin ningún contratiempo. Un famoso doctor la animó a que la difundiera en Inglaterra. Se lo tomó tan en serio que así lo hizo.

   Cuando se recuperó del parto retomó sus actividades sociales y sus estudios de turco. Fue a visitar a la sultana Hafise, la favorita de Mustafá II. La historia de esta niña le impresionó bastante, porque al morir su marido fue obligada a contraer matrimonio con uno de los hombres más poderosos de allí, pero tenía 80 años. La recibió en su palacio vestida para la ocasión, le ofreció un espléndido banquete compuesto de 50 platos con un lujo impresionante. Todo en consonancia con su vestido. Los cuchillos eran de oro, las empuñaduras tenían incrustaciones de brillantes, el mantel y las servilletas de muselina con flores naturales finamente bordadas con hilo de seda y oro. 

Mary tuvo el privilegio de acceder a preciosos y magníficos palacios, al interior de varios harenes y aposentos de importantes damas turcas como al de la esposa del gran Visir. Admiraba la belleza natural de las hermosas mujeres turcas: “opino que tienen buen gusto, distinto al nuestro, quizá mejor, creo que poseen una idea acertada de la vida, ellas la dedican a la música, los jardines, el baño, el vino y las comidas delicadas, mientras que nosotros nos devanamos los sesos con conspiraciones políticas o estudiando alguna ciencia”.

REGRESO A INGLATERRA

Lady Mary tenía 30 años cuando regresó a Inglaterra. La gran epidemia comenzó en 1721, su gran preocupación era proteger a su hija y decidió aplicarle el método de inoculación como había hecho con el pequeño Edward. La princesa Carolina cuando vio el éxito de “este remedio turco” decidió probarlo en la familia real. Antes se había probado en una prisión con la condición de que si sobrevivían se les concedía la libertad a los 6 prisioneros y así fue, todos los hombres sobrevivieron a la vacuna y fueron liberados. Lo mismo pasó con los niños de un orfanato, fue un éxito. Y finalmente, se les aplicó a las dos niñas de la princesa Carolina. Lady Mary fue homenajeada por colaborar y ayudar a salvar miles de vidas.

Lady Mary, tras su ardua lucha contra la viruela, se dedicó a escribir poemas, publicar ensayos y cultivar nuevas amistades, entre ellas la del escritor francés Voltaire al que admiraba.

    Como se puede comprobar, la mujer puede realizar las aventuras y otras actividades peligrosas de los hombres, pero sin perder jamás la esencia femenina.

Aurora Fernández

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